Este ensayo obtuvo el XLIII premio Celia Amorós gracias a la amenidad con la que explica el modo en que el juego configura nuestra sociedad y disciplina nuestra mente. Y es que el juego, al entrelazar pedagogía, esfuerzo y deseo, revela las costuras de la mayor industria económica y creativa de nuestros días.
En este making of Javier Pérez Barricarte explica cómo escribió El placer de la domesticación: De la gimnasia al videojuego (Renacimiento).
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Los poetas funcionamos con palabras prohibidas, empero, corazón y reprógrafa por ejemplo. Las usamos como boyas de una línea imaginaria en el mar del lenguaje. Después de eso, comienza la pesca y las demás palabras se imantan a las redes del libro. Cuando uno se pregunta qué es el juego tiene que limitar, porque cuando todo es juego… nada lo es. Para un libro de ensayo se eligen “ideas prohibidas”, un perfil de isobaras que señala los límites del clima: ¿qué no es un juego? Así empecé.
Otra cuestión que me obsesiona es que considero al lector más inteligente, más leído y más atento que yo. ¿Cómo no? Por eso, antes de publicarlo, pasé ese capítulo, “Jugar y apostar”, a Juan Escourido, professor en Carolina del Norte, especialista en Game Studies, Edad Media Ibérica y Textual Media. Juan se ha agotado la bibliografía teórica del juego clásico, moderno y posmoderno. Esperaba que filiara mi teoría, que me diera luz sobre qué estudiosos podían parecerse y que me dijera que no hacía el ridículo. Aseguró que podía parecerse a un oscuro teórico francés de los 80, de un solo libro y desaparecido desde él. Nada. O casi nada. Entonces sugirió, medio en broma, que hiciéramos un libro juntos, de la historia del juego. Una historia que iría desde la fundación medieval de Europa, hasta nuestros días. De los juglares a los videojuegos.
Yo me suelo tomar estas bromas en serio y espoleé a Juan para que decidiera el formato (siete mil palabras por capítulo, con escenas de comienzo y conclusiones claras) y nuestro lector ideal (el de Zenda o Jotdown, alguien inteligente, instruido, pero no profesional del juego). A partir de ahí comenzamos a esbozar un índice y repartimos tareas. A mí me tocaba desde el XVIII a nuestros días. Nos presentamos a la ayuda de escritura del Ministerio de Cultura y nos dieron la máxima puntuación.
A partir de ahí el libro fue imantándose de los temas que quedaban a este lado del océano del juego. No hay casi nada en español sobre ello, y mis datos vienen de publicaciones en inglés, francés e italiano. He encontrado imágenes preciosas en pódcast sobre música, he logrado dar con metraje de los Paralímpicos que han iluminado secciones enteras. Los capítulos caían uno a uno como la fruta madura, no exactamente en orden: la historia de los Juegos Olímpicos que ilustran la Guerra Fría y el dominio de la industria farmacéutica. Disfruté mucho al describir la cohesión de los derrotados que supone el desarrollo de la gimnasia en el siglo XIX y que en el presente dibuja una perfecta analogía con las gimnasias con copyright como Zumba, Crossfit, Pilates… El Monopoly daba una imagen precisa de cómo funciona la ideología de Althusser, y esto me sirvió para abordar la ideología que impera en los videojuegos. Lo fascinante del inicio de los juegos de guerra en los tableros prusianos y cómo perfiló la revolución de las academias militares. De un capítulo recortado a una novela inédita recuperé el maravilloso periplo de un ajedrecista autómata del siglo XVIII que gana en las cortes pre y pos revolucionarias europeas y es el auténtico precursor de las imágenes con las que soñamos cuando los iletrados pensamos en la IA que se ha legitimado al vencer a grandes ajedrecistas. Fascinaciones mías como los juegos del pintor Xul Solar y del teórico Guy Debord, que forman los polos de los juegos de la clase social del cognitariado. Se sucedían así breves historias del fútbol como herramienta colonizadora anglofrancesa, del béisbol como analogía norteamericana en el Caribe o países con “deportes propios” como el buzkashi de la Afganistán de los talibanes.
A Juan se le impuso la vida y no pudo acabar su parte. A mí se me ha impuesto un libro que he visto y he disfrutado, con unas conclusiones escritas con rabia y lucidez. Sólo quedaba el primer capítulo: la historia de un ciclista que luchó a brazo partido por quedar el último del Giro servía como imagen de la pregunta que había comenzado todo: ¿qué es un juego? Como en uno de esos juegos de carreras, la ficha de la escritura, para acabar, volvía a la primera casilla.
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Autor: Javier Pérez Barricarte. Título: El placer de la domesticación: De la gimnasia al videojuego. Editorial: Renacimiento. Venta: Todos tus libros.


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