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Philip Roth o el placer de la soledad

Philip Roth o el placer de la soledad

En el prefacio a ¿Por qué escribir? Ensayos, entrevistas y discursos (1960-2013), Philip Roth cuenta la celebración de sus ochenta años, el 19 de marzo 2013, ante centenares de invitados y amigos. “Nunca disfruté tanto de un cumpleaños”, afirma el autor, que con seguridad se sintió homenajeado y arropado por el auditorio. Había compañeros de colegio de Newark, colegas de la universidad, escritores famosos y admiradores varios. Sin embargo, esa celebración multitudinaria contrasta con la pasión por la soledad que dominó la vida de Roth.

"Durante el periodo lectivo se traslada a la ciudad, para impartir clases en la universidad, pero sale del aula y se marcha a su casa para continuar escribiendo"

A la también escritora Joyce Carol Oates le confesó lo siguiente: “Carezco de vida pública. No lo considero un sacrificio, porque nunca la he deseado demasiado, ni tampoco tengo el temperamento para ella, lo cual explica en parte por qué me dediqué a la narrativa (…) y por qué escribir a solas en una habitación es prácticamente toda mi vida. Disfruto de la soledad a la manera en que algunas personas que conozco disfrutan de las fiestas. Me proporciona una enorme sensación de libertad, y también la sensación de que estar vivo tiene una exquisita agudeza (…). Casi la totalidad de mi vida pública se desarrolla únicamente en las aulas”.

A continuación, Roth le cuenta a Oates que, por amor a la soledad, ha vivido durante años en el campo, en una zona boscosa a ciento setenta kilómetros de Nueva York, donde apenas queda con amigos tres veces al mes a cenar. Durante el periodo lectivo se traslada a la ciudad, para impartir clases en la universidad, pero sale del aula y se marcha a su casa para continuar escribiendo.

La maravillosa pieza que abre ¿Por qué escribir? también tiene que ver, en cierto modo, con la soledad: “Siempre he querido que admiraseis mi ayuno” es una mezcla entre ensayo y relato que traza un paralelismo entre la vida de Franz Kafka y la de un profesor de yidis que tuvo Roth de niño, al que, del modo más irónico y apócrifo, pone de nombre “Franz Kafka”.

"De modo paralelo, el falso Franz Kafka, profesor de yidis de Philip Roth, vivió una vida solitaria hasta que, un buen día, ejerciendo el padre de Roth de casamentero, lo invitó a cenar a su casa"

Durante la juventud, el escritor checo Franz Kafka mantuvo relaciones con dos mujeres que admiraban su literatura: Felice Bauer y Milena Jesenská, pero nunca se atrevió a emanciparse de sus padres hasta el umbral de la muerte, momento en el cual, gravemente enfermo de tuberculosis, se fue a vivir con la judía Dora Dymant. Ella tenía veinticinco años; él, cuarenta. Ella fue su admiradora, su amante, su enfermera. Él se sentía morir y, al mismo tiempo, se sentía en un paraíso terrenal. Pero el idilio de vida en común entre ambos apenas duró unos meses. Kafka murió a los cuarenta y uno.

De modo paralelo, el falso Franz Kafka, profesor de yidis de Philip Roth, vivió una vida solitaria hasta que, un buen día, ejerciendo el padre de Roth de casamentero, lo invitó a cenar a su casa y le presentó a una hermana solterona de la cual el profesor se enamoró. Ella siempre había querido ser actriz, y él la animó a serlo. Fue un amor breve que concluyó abruptamente, sin que el relato nos aclare los motivos. El apócrifo profesor Kafka moriría pocos años más tarde, en la soledad de su pequeño piso.

No se percibe una relación evidente entre ambos relatos, el del Kafka verdadero y el del enseñante de yidis; ni tampoco el narrador del relato se interesa por explicarnos esa relación. Roth no desea concluir nada, sino plantear enigmas y obligarnos a pensar, conseguir que la historia permanezca en nuestra mente después de contarla bajo la forma de un interrogante. ¿Qué nos quiso decir?, nos preguntamos…

"En la primera parte del libro, titulada “Lecturas de mí mismo” y en la tercera parte, “Aclaraciones”, escribe sobre sus más admirados colegas judeonorteamericanos"

Philip Roth no tuvo hijos, aunque estuvo casado dos veces. La primera  con Margaret Martinson, desde 1959 a 1963. La segunda con la actriz inglesa Claire Bloom, de 1990 a 1994. Tan solo 9 años desposado de sus 85 de vida. Del primer matrimonio, Roth confiesa a Paris Review que “tuvo lugar hace tanto tiempo que ya no puedo confiar en los recuerdos que tengo de él”. Hasta llega a afirmar que confunde sus recuerdos con su novela Mi vida como hombre (1975), que aborda su primera crisis matrimonial.

En definitiva, todas las entrevistas, en las cuales actúa como entrevistado o como entrevistador, versan sobre su obra o sobre las obras de otros colegas que, desde el punto de vista literario, se encuentran a su nivel. En la primera parte del libro, titulada “Lecturas de mí mismo” y en la tercera parte, “Aclaraciones”, escribe sobre sus más admirados colegas judeonorteamericanos: Saul Bellow, Bernard Malamud, Norman Mailer, Isaac Bashevis Singer. En cambio, en la segunda parte: “El oficio: Un escritor, sus colegas y el trabajo”, amplía el círculo y se adentra en las obras de autores europeos como Primo Levi, Milan Kundera, Edna O’Brien o Ivan Klima.

Es quizá esa segunda parte la más vibrante del libro. Con Levi habla sobre la supervivencia de éste en el campo de concentración de Auschwitz y la redacción de su obra maestra Si esto es un hombre. Con Kundera trata sobre el arte de la novela y sobre el sentido del humor bajo el estalinismo. Con O’Brien aborda la literatura como expresión sincera de nuestro interior.

"Roth abdicó de su vida personal para convertirla en ejercicio literario, en mímesis de la vida real escrita en las páginas de sus 31 libros publicados"

Hay en mi opinión un momento cumbre en ¿Por qué escribir?, que se produce cuando una periodista pregunta al autor por la relación entre el protagonista de la mayoría de sus novelas, Nathan Zuckerman, y él. “Nathan Zuckerman es teatro —responde Roth—. Todo consiste en el arte de la representación, ¿no es cierto? Ese es el don novelístico fundamental (…). Zuckerman es escritor, y yo soy un escritor que escribo un libro en el que represento a ese escritor (…). Escribir falsa biografía y falsa historia, tramar una existencia semiimaginaria a partir del drama “real” de mi vida es mi vida”.

De la idea anterior se deduce que Roth abdicó de su vida personal para convertirla en ejercicio literario, en mímesis de la vida real escrita en las páginas de sus 31 libros publicados. Y es en ese campo en el cual escribió algunas de las mejores páginas de la literatura norteamericana: desde Goodbye, Columbus (1959), que le valió el National Book Award a los 26 años, hasta Némesis (2010); pasando por El lamento de Portnoy (1969), La visita del maestro (1979), El teatro de Sabbath (1997) o La mancha humana (2000).

Los 31 libros aludidos habían sido toda su vida, hasta tal punto que, ante el auditorio de Newark que celebraba su 80 cumpleaños, el 19 de marzo de 2013, Philip Roth afirmó: “Una preciosa mañana desperté con una sonrisa y comprendí que, milagrosamente, al parecer mientras dormía, había escapado por fin de mi amo de toda la vida: (…) la literatura”.

En efecto, esa mañana de 2010, Roth comprendió con alivio que ya no volvería a ser Nathan Zuckerman, ni Alexander Portnoy, ni ningún otro de sus personajes. La literatura lo había liberado: sería solamente él mismo.

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Autor: Philip Roth. Título: ¿Por qué escribir? Ensayos, entrevistas y discursos (1960-2013). TraducciónRamón Buenaventura, Jordi Fibla y Miguel Temprano García. Editorial: Random House. Venta: Amazon

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