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Si Elton John lo ha logrado…

Si Elton John lo ha logrado…

Un viernes por la mañana de hace un par de años recibí una llamada inesperada en la que se me ofrecía la posibilidad de publicar un libro de no ficción. Me sentí muy halagado, por supuesto, pero dudé mucho de si hacerlo.

Soy un fanático de la literatura (de esas personas repelentes que se identifican con la etiqueta de «lector compulsivo») y es una corriente artística que me merece la máxima admiración. Y, con toda honestidad, me siento un intruso haciéndome pasar por novelista. Me siento igual que cuando me las doy de mecánico poniendo expresión circunspecta y soltando al aire soluciones inventadas, sin ningún rigor científico, ante un carburador o cinco válvulas: un impostor, un chiste.

Lo que me pesó aún más fue la inseguridad: no soy sociólogo, ni biógrafo, ni politólogo, ni influencer, ni nutricionista, ni monitor de crossfit, ni tengo un blog de moda, ni pertenezco a ninguna de las disciplinas en las que se enmarcan las publicaciones de no ficción. No tengo una voz respetada ni reconocida en ninguno de esos campos, ni en otros, ya que estamos. De hecho, mi mundo se circunscribe fundamentalmente a la ficción. Disfruto inventando, y escribo guiones y dirijo, pero nunca he narrado nada en primera persona ni, mucho menos, real. Y, para ser sincero, no sé qué podría aportar yo a un mundo en el que ya hay un superávit de aportaciones, en el que todos tenemos una opinión acerca de todo. Ya existe Twitter para eso, y es más corto que un libro. No pensaba, ni pienso, que lo que necesite el mundo sea un libro firmado por mí. No es falsa modestia. Yo también he leído a Žižek, Bauman, Despentes, Paul B. Preciado, Fromm, Horvat y Naomi Klein, y cuando me miro en el espejo, la imagen que se refleja no tiene el más mínimo parecido con ninguno de ellos. Ojalá.

"Las historias de los adictos no se diferencian tanto: todos compartimos una emocionalidad parecida"

En el mismo momento de recibir la llamada, de manera visceral, supe que si iba a hacerlo sólo había un tema que podía tener sentido: las adicciones. No me siento capacitado para hablar de algo que no haya vivido, y ya no tengo edad ni interés para ir inventándome envoltorios que me transformen en algo que no soy. Sin embargo, yo he sido (y soy) un adicto y, por lo tanto, sí puedo hablar de ello con algo de propiedad. Creo que tengo una voz (no médica, pero sí personal) capaz de aportar algo al respecto.

Las historias de los adictos no se diferencian tanto: todos compartimos una emocionalidad parecida. Aunque cada contexto es único, nuestras emociones no lo son tanto. Son tan similares que hay un término para definirlas: malestar adictivo. Independientemente de las circunstancias personales, todos los adictos somos gente enferma. Nadie escoge ser adicto. Nadie se levanta un día y decide de forma consciente: «Voy a esforzarme con todas mis fuerzas en joderme la vida, a mí y a todos los que me rodean». Cuando la pulsión de muerte supera a la de vida es un síntoma bastante contundente de que hay algo ahí dentro que no funciona del todo bien.

Ese es el primer detalle importante que merece la pena señalar: Yo, adicto es el libro de alguien enfermo. Curiosamente, como ocurre con la enfermedad mental, no son pocos los estigmas asociados a la adicción y a la toxicomanía. Supongo que en el mundo que hemos construido no solo hay clases socioeconómicas, sino también clases de enfermedades: enfermedades de primera y de segunda, enfermedades respetables y otras que no lo son tanto, enfermedades que se padecen y enfermedades que se buscan, enfermedades de las que se habla sin tapujos y otras que se esconden. Quién decide a qué grupo pertenece cada una es… uno de los misterios de la vida.

"Desintoxicarse se ha convertido en una aventura pop. Pero mi experiencia es demasiado personal para tratarla así"

Otro dato significativo: Yo, adicto no es una hagiografía sobre mi persona ni una Bildungsroman. Tengo poco de santo, y lo que he podido aprender ha sido a base de cometer errores que no recomendaría a nadie. Al contrario, este es el libro de alguien por momentos perdido, confundido, patético y, por qué no, ridículo. He sido un farsante perturbado durante buena parte de mi vida. Así que supongo que podría catalogarse como el relato de un antihéroe, con poco de «héroe» y mucho de «anti». No he buscado aceptación ni comprensión escribiéndolo.

Pero me estoy adelantando, porque todavía no había decidido si iba a escribir el libro.

Seguí dudando: hacerlo se iba a convertir en mi segunda «salida del armario». Me he pasado la vida saliendo de armarios. ¿Quería salir de otro más? Paradójicamente, así como el compartir mi homosexualidad con el mundo, una vez superado el terror inicial, fue explosivo (mi madre siempre lo compara con el descorche de una botella de champán, y eso que no sabe ni la mitad), comunicar mis problemas con las sustancias tomó otros derroteros: fue un proceso lento, cuidadoso y digno. En definitiva, no todo el mundo sabe por lo que pasé. Muchos puede que se lo imaginen (llevo más de doce años sin beber alcohol y sin drogarme, algo que viviendo en el centro de una gran ciudad es casi tan extraño como desplazarse por ella en helicóptero), pero son pocos los que conocen la historia verdadera que yo, consciente y libremente, decidí relatarles. Mi círculo íntimo, mi familia, mis amigos y los hombres con los que me he relacionado emocionalmente en estos años saben quién soy y por todo lo que pasé, por supuesto. No quiero que se me malinterprete: no me avergüenzo, al contrario. Es posiblemente de lo que más orgulloso estoy en mi vida: de haber tenido la capacidad de enderezar el timón, de responsabilizarme de mis actos y emociones y de cambiar la destrucción denigrante en la que había convertido mi existencia. Sin embargo, siempre he sentido que quería ser yo quien lo compartiese: a mi manera, cara a cara, de forma personal. Conocemos demasiadas historias de gente que entra y sale de clínicas y nos referimos a estas como si fuesen parques de atracciones o un Primark. Desintoxicarse se ha convertido en una aventura pop. Pero mi experiencia es demasiado personal para tratarla así. Nunca quise que otros pudieran frivolizar sobre lo que para mí había sido un infierno. Por eso lo he ido contando poco a poco, en la intimidad. No soy Lindsay Lohan ni Amy Winehouse, y mi vida no es, ni quiero que sea, motivo de choteo social. Lamentablemente, a menudo, la adicción y sus consecuencias se convierten en eso. La toxicomanía, como la enfermedad mental, de nuevo, está llena de lugares comunes, prejuicios y estereotipos, y la gente habla de ella sin tener ni la menor idea de lo que dice, cuando no convirtiéndola en un arma arrojadiza sensacionalista. Es un tema delicado.

"Sé que estas páginas son mi presentación en sociedad como adicto y que carezco de ningún tipo de control sobre las conversaciones que pueda generar"

Así que sí, dudé mucho si escribir este libro. Y he tenido mucho miedo. Sé que estas páginas son mi presentación en sociedad como adicto y que carezco de ningún tipo de control sobre las conversaciones que pueda generar.

Si finalmente decidí hacerlo fue por un pensamiento que me asaltó una mañana en la ducha: tal vez sirva para explicarles mi experiencia a los cientos de miles de personas que están atrapados en una situación como la que yo pasé. No tengo complejo de Gandhi ni estoy opositando a Teresa de Calcuta ni quiero que se me relacione con Paulo Coelho, y, desde luego, no soy más listo que nadie; pero sí pensé que quizá con suerte, con humildad, este podría ser un libro que ayudase a los adictos a comprender y saber que hay una salida, que las heridas, externas e internas, pueden curarse. Quizá alguien desconocido, algún día, lo tenga en su mesilla de noche para acompañarle en momentos complicados, como yo tengo ahora mismo varios que forman parte de ese subgénero conocido como «literatura de la adicción». Eso fue lo que hizo que desapareciese como por arte de magia cualquier duda que tuviese al respecto.

No lo he escrito para los críticos ni para los popes literarios. Ni siquiera para la gente que me conoce o sabe cómo me llamo. Lo he hecho para mis compañeros (algunos de los cuales, por desgracia, ya no están entre nosotros) y para muchísimas personas que no conozco pero con las que comparto una enfermedad que se cobra vidas a diario. Lo he hecho para asegurarles que se puede atravesar el miedo. Para explicarles cómo hace años ingresé en una clínica de desintoxicación, conseguí superar mi adicción al alcohol y a la cocaína y recuperé mi vida. Para confirmarles que, por muchos obstáculos que encuentren (siempre aparecen), de este abismo se puede salir. Si Elton John y yo lo hemos logrado, cualquiera puede.

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Autor: Javier Giner. Título: Yo, adicto.  Editorial: Paidós. Venta: Todostuslibros y Amazon

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