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Sin pelo en la oficina y un pañuelo en el cielo

Sin pelo en la oficina y un pañuelo en el cielo

La novela Vida económica de Tomi Sánchez resulta de una mirada indignada, crítica, satírica de la realidad económica y social en que nos hallamos. El padecimiento de su protagonista por salir adelante con sus hijos es la presentación de muchos de los abusos a que nos vemos sometidos y frente a los que oponemos las escasas armas a nuestro alcance: la unión solidaria, la imaginación, la conciencia de la propia dignidad, la fe en otro mundo más humano. Tiempo de silencio, de Martín-Santos, es la obra a la que esta novela le gustaría parecerse, aunque no tanto desde una actitud documental cuanto como una aproximación literaria con recursos propios: la imagen simbólica, el exceso, el humor, la inventiva verbal, la parodia, el disparate, la distopía.

En uno de los capítulos, el jefe de la oficina en la que trabaja el protagonista decide que todos sus empleados se corten el pelo al cero. Cunde el desconcierto. ¿Las mujeres también?, se preguntan, dando por hecho que los varones acatarán la medida. El jefe (que se llama Zapeo: un guiño a las convulsas resoluciones empresariales siempre a la caza de más beneficio) reconoce que no lo había pensado y se toma un tiempo para considerarlo. Sin embargo, todos ellos se ven ya con el cuero cabelludo al descubierto. El rapado unánime que exige el jefe responde a la idea de proyectar una imagen de empresa caracterizada por la uniformidad del personal, la sensación de limpieza, de eficacia, de rapidez incluso. Al servicio de esta manera de visualizar la firma, los empleados deben plegar sus gustos particulares aun con respecto a su propio cuerpo. La empresa tiene la facultad de imponer su imagen deseada por sobre las que estos quieren para sí mismos. Es la marca sobre las otras marcas. En función de una visibilidad concreta, las señas de identidad individuales no cuentan, o mejor, han de ser sistemáticamente borradas: sea la necesidad de un horario personal, de un sueldo, de unas condiciones determinadas de trabajo… Por eso, cuando al dueño se le ha entregado el propio tiempo y el propio espacio para vivir, entonces el sacrificio del cabello no puede entenderse sino como una concesión menor.

"El jefe decide finalmente que las mujeres no se corten el pelo. En cambio, los hombres van rapándose uno a uno, empezando por los viejos y los adictos a la dirección"

El conflicto se vuelve particularmente agudo en el caso de un joven que va a casarse dentro de poco y sufre pensando que habrá de raparse si quiere conservar su empleo. Teme la presencia que tendrá ante su novia y sus invitados, los retratos que dejarán constancia de su rendición; sin embargo, termina por sucumbir ante el avasallador icono que se le impone, por miedo a ser despedido.

El jefe decide finalmente que las mujeres no se corten el pelo. En cambio, los hombres van rapándose uno a uno, empezando por los viejos y los adictos a la dirección. Tomi Sánchez decide arriesgar una táctica que mantenga su cabello a salvo. Esta no puede aducir en modo alguno los derechos de los empleados sobre su aspecto personal, claro está, de manera que planteará a su jefe que mantener a un puñado de sus trabajadores con pelo en la cabeza es preferible para la propia imagen de la empresa a la calvicie igualadora. La discusión se circunscribe por tanto con respecto a lo que resulta más conveniente para el negocio: el poder soberano de este no se cuestiona.

Toda marca compite con otras en su nicho de mercado. Podríamos decir que, en términos de lenguaje, cada una participa en una suerte de conversación, o discusión, si bien sostenida únicamente con monosílabos: el logo que la hace reconocible, poderoso no obstante su máxima concisión, que no admite fisuras ni excepciones y bajo el que se han de apiñar sus trabajadores como uno solo.

"Los pañuelos moviéndose en el cielo parecen sostener un sentido ambiguo y esta misma indeterminación abre diferentes posibilidades"

Una de las acciones de rebeldía de Tomi Sánchez y sus amigos, como leemos en otro lugar, consiste en llenar de pintura y dibujos la oficina entera de la que acaba de ser despedido. Se trata de una respuesta simbólica a la agresión que Tomi ha sufrido, y que consiste en cambiar el aspecto de la empresa por dentro, lo que permitirá una expresiva, aunque efímera, experiencia de liberación para los que trabajan en ella.

Otro capítulo puede relacionarse con los que acabo de presentar. El mejor amigo de Tomi lo llama para descubrirle que, sobre el cielo de la ciudad, flamea un pañuelo de proporciones gigantescas casi invisible. Tomi no lo ve, por más que le insiste. En el bar en que trabaja, los parroquianos debaten acerca de su existencia. ¿Se ve el pañuelo moverse lentamente al vaivén de las corrientes de aire o es un trampantojo de la atmósfera? ¿Sí? ¿No? ¿Es una figura real o imaginaria? Un amigo de ambos les cuenta que en algunos países de África hay gente que asegura haberlos visto también. Pero nadie puede confirmarlo. La cuestión es que la imagen ofrecida no procede de ningún poder (exceptuando que fuera de origen extraterrestre, hipótesis en la que creen algunos como única explicación posible) o, al menos, no viene proyectada por la intención publicitaria de ninguna empresa. Ese acontecimiento ante los ojos de todos resulta entonces ofrecido, no para el acatamiento, sino para el diálogo, para la conversación y valoración entre los personajes. Ciertamente, estos no pueden cambiar, sustituir o destruir esa imagen; pero sí intercambiar sus puntos de vista sobre su apariencia. Los pañuelos moviéndose en el cielo parecen sostener un sentido ambiguo, y esta misma indeterminación abre diferentes posibilidades: el enigma irresoluble de la realidad, la existencia de un ámbito exterior al tejido de intereses y contraintereses que conforma el capitalismo, la llamada al espacio público de discusión, los límites de la vida humana y, quizá, el desconsuelo frente a lo que no se puede alcanzar, la imposibilidad de recurrir a un exterior que nos salve (los pañuelos flotan, ni siquiera caen, su mensaje incierto tampoco aúna voluntades…); en definitiva, y como acaso piensa Tomi, nada más muestra la práctica incapacidad humana para cambiar las reglas del juego de la injusticia que gobiernan la Historia.

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Autor: Javier Sáez de Ibarra. Título: Vida económica de Tomi Sánchez. Editorial: La Navaja Suiza. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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