En el 85º aniversario de la muerte del escritor irlandés James Joyce, José de María Romero Barea reseña la versión reducida del Ulises que fue encontrada entre los papeles del ya fallecido Anthony Burgess.
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No es el resumen ni la reescritura de la novela original, sino la jocosa condensación de pasajes clave en la anonimia de un género desconocido. La parodia sigue siendo fuente de hilaridad por su innovación formal, realismo psicológico, humor irreverente, erotismo irredento e intemporal crítica social: “Como el príncipe de Dinamarca, Stephen vestirá de negro, aunque no por su padre. Desposeído, melancólico, es Hamlet tanto como Telémaco”.
Intercala el escritor y compositor británico comentarios explicativos y sinopsis de las partes omitidas. El objetivo es hacer accesible la novela Ulysses (1922), de James Joyce (Dublín 1882 – Zúrich, 1941), una de las obras más densas y complejas del modernismo anglosajón, sin perder la esencia experimental, la riqueza lingüística y la lúdica versatilidad que fomenta el autor irlandés, desaparecido justo hace ocho décadas y un lustro.
Los ingredientes, por tanto, son inevitablemente joyceanos: los juegos de palabras, los paralelismos simbólicos (Bloom como Ulises errante por la ciudad, Stephen como hijo en busca del padre espiritual, Molly como Penélope sensual y terrenal) y el uso del stream of consciousness (flujo de conciencia).
Regresan de la mano de Burgess el nuevo Ulises/Odiseo Leopold Bloom, un publicista judío-irlandés de mediana edad, pragmático, curioso y cornudo, junto a Stephen Dedalus, el joven intelectual y artista (alter ego juvenil de Joyce, paralelo a Telémaco). Los dos parten en busca de su camino creativo y personal.
Redunda Burgess en el detalle irrisorio con un registro encantadoramente expresivo, atrapado entre el disfrute y el desconcierto. La apuesta del novelista de La naranja mecánica (1962) y la fuente de su perdurable y radical consuelo radica en defender la genialidad del novelista de Finnegans Wake (1939), al tiempo que explica por qué la saga Ulises sigue siendo revolucionaria.
Concebido originalmente para su traducción al italiano a principios de la década de 1970 y con ediciones recientes en español (como la de 2026 en traducción de Marcelo Zabaloy y Eugenio Conchez para HCE Editores), A Shorter Ulysses ejerce su persuasión no como un instrumento moral, sino como un íntimo homenaje a la larga noche oscura de una luminosa jornada en Dublín (el 16 de junio de 1904).
Enhebra el ensayista de Here Comes Everybody (1965) comentarios entre secciones para guiar al lector: qué se está pasando por alto, por qué Joyce cambia de estilo o cómo encaja en el todo: “Hoy más tarde, [Stephen Dedalus] pronunciará un erudito discurso sobre Hamlet en la Biblioteca Nacional. Haines, el amigo inglés de Mulligan, quiere saber de qué va a hablar ahora”.
Cada 16 de junio conmemoramos el Bloomsday con eventos que recrean el mundo de Ulises: lecturas públicas de fragmentos, paseos guiados por los lugares reales que aparecen en el libro (Eccles Street, Sweny’s Pharmacy o la Torre Martello en Sandycove), representaciones teatrales, conferencias o desayunos “bloomianos” (con riñones fritos, como los que come Bloom, el protagonista).
Cuando se cumplen ochenta y cinco años del fallecimiento de Joyce, la única verdad que permanece es la que se obtiene abreviando el incontrovertible y autosuficiente espíritu joyceano. Concluye el autor de Joysprick: An Introduction to the Language of James Joyce (1973): “He pretendido capturar la esencia del libro, junto con una breve descripción de lo que Joyce intenta hacer con una serie de indicadores que sobresalen de entre la espesura del conjunto”.
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Autor: Anthony Burgess. Título: A Shorter Ulysses. Editorial: Galileo Publishers.


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