Martín Llade ha demostrado en numerosas ocasiones su amor por Viena y su devoción por la alta cultura, singularmente por la música clásica. Su nombre está indisociablemente unido a las retransmisiones de los conciertos de año nuevo desde la capital austríaca. Con un apreciable sentido de la ironía ha contribuido incisivamente a una mejor y más profunda comprensión de la tradición cultural, arrebañándole esa aureola mítica que tan a menudo la rodea y enmascara, para que podamos contemplar el mundo de la creación del espíritu también en toda su complejidad. Su ironía no le priva, sin embargo, de sentido de la gravedad. El último concierto de Viena (2025) es, sin duda, prueba fehaciente de ello.
La investigación policial, la presencia casi inquisitorial del interrogador que no parece interesado en abrir un expediente formal, actúa como un inexcusable examen de conciencia, un análisis de acciones pasadas; y por tanto, una necesidad de explicación, de justificación ante una vida que para la opinión de la época no era precisamente combativa con los nazis pero en la que hubo oportunidad para cometer delitos objetivos contra el Reich, como lo fue la ayuda prestada, real y constatada, a la fuga de personas perseguidas. La novela rompe deliberadamente con una línea temporal estricta. La historia oscila, avanzando y retrocediendo, entre mediados de los años treinta y finales de 1944. El marco temporal y su trayectoria quebrada resultan adecuadas para entrar a considerar cómo vivieron las mejores mentes musicales de todos los tiempos el triunfo del nazismo, y en qué medida razones de oportunidad, tibieza o simplemente miedo no consiguieron impedir del todo una respuesta ética, profundamente ética sin necesidad de ser heroica, ante el sufrimiento generado por la persecución racial.
No es baladí la importancia de las artes, y en concreto de la música, para comprender la historia del nazismo. La lectura del sociólogo Wolf Lepenies, en concreto de su obra ya clásica, La seducción de la cultura en la historia alemana, nos muestra cómo el hermoso árbol de la civilización puede tener raíces oscuras, muy oscuras. Y en verdad que podemos hablar de una seducción, pues el esteticismo efectista propio del nazismo cautivó y embelesó a mentes brillantes tanto fuera como dentro de Alemania. La novela de Llade abunda en la preocupación por el drama histórico que ha dejado una cicatriz imborrable en el alma alemana y europea. La seducción de la música, como fuerza demoníaca la abordó Thomas Mann en su célebre Doctor Fausto, pero la cuestión del oportunismo, de la ambivalencia moral del artista, fue tema mucho más desarrollado en la novela Mefisto, de Klaus Mann. Llade entronca en esta preocupación con una narrativa hermosa, culta, contenida, y nos ofrece algo que supera una prosa elegante evocadora polcas y valses, pues también sabe ofrecernos un verosímil retrato de la condición humano envuelto en el eco estremecedor un réquiem. Su obra es una poderosa llamada de atención, una exhortación a la reflexión seria y descarnada sobre los límites de la grandeza de la humanidad y las amplias zonas de sombra que hay a sus espaldas.
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Autor: Martín Llade. Título: El último concierto de Viena. Editorial: Ediciones B. Venta: Todostuslibros.


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