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Vislumbre biográfico de Sánchez Ferlosio

Vislumbre biográfico de Sánchez Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio es un nombre de referencia de las letras españolas de posguerra. La historia literaria de nuestro país desde mediados del siglo pasado y hasta nuestros días no puede escribirse sin poner en un lugar prominente su labor en los dos géneros principales que ha cultivado, la narración y el ensayo. Esta alta valoración, sobre la que existe consenso o unanimidad de la crítica y de la sociedad literaria, destaca más si se tiene en cuenta que se ha logrado en cotejo con una generación de escritores de mucho mérito. A vuelapluma: Caballero Bonald, Marsé, Luis Goytisolo, Brines, entre los todavía vivos, o, fallecidos, Juan Goytisolo, Gil de Biedma, Ignacio Aldecoa, García Hortelano, Ana María Matute, Ángel González, Claudio Rodríguez, Valente, Benet…

Con razón se le suele encasillar a Ferlosio en el movimiento general de los años cincuenta, los autores que se rebelaron contra la mediocridad cultural del franquismo y optaron por una estética realista. Pero su figura encaja en pequeña medida en esa tendencia, y nada más se le puede vincular con ese grupo histórico por muy contadas y episódicas relaciones personales. Solo la novela El Jarama, su gran obra, por mucho que él mismo se empeñe en desacreditarla, encaja en las preocupaciones generales de época.

"Con tales caracteres privados y literarios, una biografía de Ferlosio ofrece sobrados alicientes"

Ni su otra ficción memorable, Alfanhuí, ni el peculiar ensayismo al que ha dedicado enormes esfuerzos tienen nada que ver con las inquietudes de sus coetáneos. En realidad siempre ha sido un escritor extraterritorial, con un mundo de intereses muy peculiar. Y, además, con una tozuda inclinación a la independencia. Salvo los años juveniles en que formó una “fratría” con sus allegados neorrealistas (Martín Gaite, Aldecoa o Alfonso Sastre) ha ido por libre, y bien temprano se puso en guerra declarada con el “papelón” social del literato. También en lo privado ha mantenido posiciones inhabituales: aislamiento para entregarse ensimismado a trabajos lingüísticos y especulativos, actitudes asociales, descuido físico e indumentario… A Miguel Delibes debemos una ocurrente autoconfesión de su carácter imposible al decirle, en referencia piadosa hacia su mujer, Martín Gaite: “Carmen es como una viuda que tuviera el muerto en casa”.

Con tales caracteres privados y literarios, una biografía de Ferlosio ofrece sobrados alicientes. Pero no contaba con ella, a diferencia, con más o menos fortuna, de otros miembros de su promoción, Juan Goytisolo, Gil de Biedma, Caballero Bonald, Ángel González o Juan Marsé. El empeño lo ha abordado el ensayista J. Benito Fernández, ya curtido en este oficio por sus trabajos sobre Leopoldo María Panero y Eduardo Haro Ibars. Contra lo que suele ocurrir cuando el biografiado está vivo, la gustosa colaboración con el biógrafo, Fernández no lo ha tenido fácil con Ferlosio, pues no hizo ningún caso a sus requerimientos. Así que el biógrafo ha visto limitada la investigación por parte de esta útil fuente, aunque la compensa con abundantes consultas a amigos y gentes en algún momento cercanas al biografiado. También se apoya en entrevistas, en la obra periodística y literaria del escritor y en otros documentos.

"Ferlosio transforma la prosa en pensamiento, narra con pensamientos, como Virgilio, con las Geórgicas, hace un tratado de agricultura"

El título del libro refleja el punto de partida del biógrafo: abordar la personalidad de un personaje “incógnito”. J.B. Fernández sigue en su secuencia temporal la trayectoria de Ferlosio. Se remonta a los orígenes familiares y recorre paso a paso su vida entera con detalles de la actividad literaria y pormenores del ámbito privado (amigos, familia, obsesiones intelectuales y manías). El incógnito va resultando de este modo alguien algo conocido. Aporta Fernández datos interesantes. Cuenta aspectos del personaje que forman parte de su leyenda pero hasta ahora no conocidos con detalle: sus periodos anfetamínicos, depresivos y de máximo abandono. También menudea noticias de sus actitudes intolerantes y arbitrarias. Aunque deje la vida sentimental de Ferlosio en penumbra, sí concreta la relación con Demetria Chamorro, su segunda mujer tras la separación de Martín Gaite. Todo ello va formando una etopeya bastante pormenorizada del escritor.

Además, lo inserta en su medio cultural y, sobrepasando la estricta labor biográfica, hace atrevidas apostillas de crítica literaria. (¿Puede afirmarse con un mínimo de propiedad que Ferlosio es “el novelista más notable de su generación”? ¿Será cierto que, “como los grandes poetas latinos, Ferlosio transforma la prosa en pensamiento, narra con pensamientos, como Virgilio, con las Geórgicas, hace un tratado de agricultura”?). Y hasta se mete a historiador (ofrece una curiosa explicación de las reuniones organizadas por Felipe González en La Moncloa: “La Bodeguilla será un espacio abierto a intelectuales, artistas y otros representantes sociales para, en un ambiente distendido, calibrar el estado anímico del país”).

"Quien aborde en el futuro la biografía del autor de El Jarama habrá de partir de este Ferlosio hoy, a pesar de los pesares, menos incógnito que antes de este libro"

El incógnito Rafael Sánchez Ferlosio sobreabunda, pues, en datos. Algunos, como la participación en un viaje por La Mancha pagado por el gobierno franquista o la solicitud de una beca a la Fundación March, revelan el fondo contradictorio del escritor. Pero los datos aparecen con frecuencia como noticias autónomas y su sentido se agota en sí mismo. Además, no siempre guardan relación con el biografiado. De tal modo, el esfuerzo documental de Benito Fernández se malgasta porque no consigue engarzar la abundante información en un retrato unitario de Ferlosio. Y no porque no perciba con claridad el reto al que se enfrenta. En realidad, lo declara en una observación de pasada: “La estructura psíquica de Ferlosio es muy compleja, particular. En ella predominan rasgos llamativos como el asilamiento pertinaz, las dificultades para establecer lazos afectivos y una tremenda precariedad en esos lazos. El autor se niega a relacionarse con los otros; solo la escritura le sujeta a la realidad, solo la escritura le salva de la psicosis”. En esta síntesis presenta el biógrafo un programa de trabajo completo, y esa habría sido una meta ideal, por desgracia no alcanzada. En buena medida porque sustituye la indagación biográfica por un a priori sentencioso y gratuito: Ferlosio es “el último hombre moral”.

La actitud hagiográfica, que produce frecuentes frases rotundas, supone también un impedimento para el logro de una biografía cabal. Algo de las limitaciones de su trabajo intuye el propio Benito Fernández a tenor del subtítulo que pone a su libro: “Apuntes para una biografía”. Da en la diana al utilizar ese honesto sustantivo pues su trabajo no supera el vislumbre biográfico. También es verdad, sin embargo, que sus páginas hacen una contribución noticiosa importante, aunque dispersa, al conocimiento del excéntrico personaje. Quien aborde en el futuro la biografía del autor de El Jarama habrá de partir de este Ferlosio hoy, a pesar de los pesares, menos incógnito que antes de este libro.

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Autor: J. Benito Fernández. Título: El incógnito Rafael Sánchez Ferlosio: Apuntes para una biografía. Editorial: Árdora. Venta: Amazon y Fnac