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Yolanda Morató y el supuesto gran bulo de Guerra total

Yolanda Morató y el supuesto gran bulo de Guerra total

Tras la publicación en Zenda, hace pocos días, de un relato de Guerra total, el libro perdido de Manuel Chaves Nogales que he tenido la suerte de descubrir y editar, esta revista acoge ahora un ¿ensayo?, ¿una reseña?, ¿un publirreportaje? de la profesora de la Universidad de Sevilla Yolanda Morató Agrafojo, que lleva un título sensacional, incluso sensacionalista: «Guerra total: el gran bulo editorial del año». Esperemos que, al menos, los lectores de Zenda no consideren a esta muy despierta revista cómplice de bulo alguno, y menos aún del presente bulo del año, sino solo como una mera víctima más.

Las primeras líneas no atenúan ni desmerecen el grado de excitación con que fue escrito el título, ya que exclaman: «Se anuncia en todos los medios culturales [¡todos los medios culturales! ¡Qué exageración! Ya lo quisiera yo] “una secuela inédita” de A sangre y fuego se nos han quedado los ojos como platos. Y no es para menos. El torpe epílogo que acompaña la edición nos confirma que estamos ante el gran bulo cultural del año».

Puesto que «el gran bulo» supuestamente consiste en presentar como de Chaves Nogales relatos que no son suyos, sino de cinco escritores distintos, resultan desconcertantes estas primeras frases de la profesora Morató. ¿Por qué? Porque nos confiesa en ellas que es «el torpe epílogo» el que le asegura que está ante un bulo y no la lectura de los propios relatos. Lo que debiera haberle confirmado a Morató que el libro es un bulo son los relatos —si los leyó—, no mi epílogo.

Pero de los relatos, en puridad, Morató no dice absolutamente nada concreto.

"El problema de querer atribuir once relatos que comparten un mismo idiolecto a once escritores que los publican en una misma revista en el corto plazo de trece semanas es que tal cosa resulta al final absolutamente inverosímil"

De haberse querido decir algo, se nos hubiera dicho que los relatos de Guerra total no son de Chaves porque o bien son mejores que los de Chaves o son peores. Pero jamás que los relatos de Guerra total no son de Chaves Nogales, porque son exactamente iguales que los que él escribió en A sangre y fuego.

Ahorro a los lectores la enumeración de todos los errores, torpezas y manipulaciones que la profesora Morató ha detectado, de manera excesivamente genérica, en mi epílogo muy probablemente en exceso largo y prolijo. Pero no tengo más remedio que señalar la intencionada contundencia de su coda final, en la que me sitúa a mí y a mis «falsas» atribuciones «frente a un posible delito contra la Propiedad Intelectual», lo que no es del todo una sencilla «coda», sino un «codazo» de penalti. Pero si uno de verdad quiere apuñalar a alguien, lo más recomendable es utilizar desde una navaja de Albacete a un cuchillo de carnicero, nunca una cuchara de postre.

Los once relatos publicados en la principal, aunque no única, fuente de mi trabajo —el semanario Madrid: dos de A sangre y fuego y nueve de Guerra total—, durante el primer trimestre de 1938, se parecen entre sí como once gotas de agua. El reto que plantean, ya que su tono, su estructura, su temática, su estilo e incluso sus subtítulos resultan absolutamente similares, es si fueron escritos por nueve escritores distintos, puesto que nueve son los nombres de los supuestos escritores que los firman, o por un solo escritor, que, para mí, sería Chaves Nogales. El problema de querer atribuir once relatos que comparten un mismo idiolecto a once escritores que los publican en una misma revista en el corto plazo de trece semanas es que tal cosa resulta al final absolutamente inverosímil y exigiría una demostración mucho más precisa que la ofrecida por Morató.

"Lo que yo sostengo y he intentado demostrar o hacer creíble en la medida de mis fuerzas es que los once relatos de Madrid están escritos por una misma mano, que a mí me parece la de Chaves Nogales"

Lo que yo sostengo y he intentado demostrar o hacer creíble en la medida de mis fuerzas es que los once relatos de Madrid están escritos por una misma mano, que a mí me parece la de Chaves Nogales, porque reconozco su estilo y porque tres de ellos le pertenecen (dos por llevar su firma, y un tercero, «Bigornia», que está firmado por Juan Martín, por haber sido incluido por Chaves en A sangre y fuego).

Estoy abierto a que alguien me demuestre que los ocho relatos inéditos de Guerra total no fueron escritos por Chaves Nogales, sino por otro escritor, que sería así el discípulo o imitador perfecto de Chaves; pero en ningún caso, por cinco concretos escritores que escribieran igual que Chaves Nogales, cuando a ninguno de esos cinco se le conocía por entonces relato alguno (a excepción de Fernando de la Milla, que escribió, de joven, varias novelas cortas, todas ellas de índole erótica y no apropiadas por lo tanto a nuestro caso).

Como cuento en mi epílogo, me bastó leer apenas una frase de Eduardo Borrás, incrustada en el único artículo publicado por él en Madrid, para darme cuenta de que era absolutamente imposible que Borrás hubiera sido el autor de los tres excepcionales relatos que firma en el semanario. La frase dice: «El fascismo se aglutina en la solidaridad inquebrantable del aluvión». Para mí esa breve lectura fue toda una epifanía, modesta, pero epifanía.

"La autoría de un texto no es solo lo más sagrado para un escritor (aunque a veces lo sea, si se lo toma del todo en serio), sino también lo más incierto"

Abundando en el asunto, en Madrid encontramos una treintena de colaboradores, la mayoría de ellos muy ocasionales. Pero firman también artículos Clemente Cimorra y Manuel D. Benavides, que eran muy amigos de Chaves Nogales, mucho más, en todos los casos, que los supuestos autores de los ocho relatos y unos narradores extraordinarios. ¿Por qué entonces Chaves Nogales no firmó ninguno de sus relatos con sus nombres cuando tanta confianza tenía con ellos y cuando hubiera resultado extremadamente verosímil que pudieran ser ellos los autores de sus relatos? Pues justamente por eso mismo, porque hubiera sido muy verosímil, porque muchos amigos de Chaves podrían haberse creído que los relatos eran de Cimorra y Benavides y no de Chaves, o porque no le hubiera parecido conveniente pedirles permiso para utilizar su nombre a narradores de verdad, o porque no quería llevar su broma demasiado lejos.

Porque algo de broma había en todo ello, como lo demuestra, por similitud o simpatía, el poco conocido libro de Estelle Irizarri La broma literaria en nuestros días. Cuando José Luis García Martín escribe un poema que firma como Francisco Brines y lo publica, o cuando Juan Bonilla atribuye a Jorge Luis Borges un texto que él ha urdido, están felizmente haciendo uso, ellos también, de una broma literaria no demasiado distinta a la de Chaves. La doctora Morató en su alegato antibulo argumenta que no hay ninguna base documental que apoye la autoría de Chaves (vamos, que “lo que no firma Chaves Nogales no puede atribuírsele a Chaves Nogales, como más de una vez ha dicho Maria Isabel Cintas), que es exactamente lo mismo que ha dicho hace nada en su blog Crisis de papel el ya citado poeta José Luis García Martín. Del mismo o parecido modo, la estudiosa Morató dice que yo he querido «borrar la identidad y el trabajo de otros periodistas del exilio republicano» y que además les robo «a Delgado, Borrás, De la Milla y Ruiz Vilaplana lo más sagrado que tiene un escritor: su autoría». Curiosamente, en lo de robar coincide la investigadora Morató con la afirmación del excelente escritor que es Juan Bonilla de que yo he querido «borrar mujeres», que me dedico mucho a eso, a borrar mujeres que estudian a Chaves Nogales, singularmente a María Isabel Cintas y a Yolanda Morató.

Pero la autoría de un texto no es solo lo más sagrado para un escritor (aunque a veces lo sea, si se lo toma del todo en serio), sino también lo más incierto o relativo o problemático, incluso lo más risible, si de verdad hablamos de literatura. La existencia de la imitación y el plagio, la persistencia del uso del anonimato y del seudónimo nos demuestran que o bien la autoría no es tan sagrada o bien no todo lo que se firma como autor nos convierte realmente en autores, aunque nos vistamos de seda.

Yolanda Morató, ya que es Yolanda Morató quien firma y afirma, aporta pequeñas fichas biográficas de Eduardo Borrás y demás autores, que no añaden prácticamente nada a lo que yo había dicho ya de ellos, excepto quizás el hecho de que, por lo visto, Eduardo Borrás castellanizó la tilde de su apellido.

"Quizá deba agradecerle a la señora Morató que haya considerado mi edición de los nuevos relatos de Chaves Nogales el libro del año, aunque sea en la sección de bulos"

La doctora Morató no parece haber revisado con detenimiento ninguno de los dos semanarios, República y Madrid, de los que hablo en mi epílogo; en realidad no parece haberse leído ni siquiera entero el epílogo. Pero es la demorada frecuentación de esos dos semanarios lo que me ha permitido, en última instancia, reconstruir Guerra total.

Pondré solo un ejemplo: en dos de los relatos de Guerra total aparecen las expresiones significativas «chisporroteo homicida» y «chisporroteo de disparos». En otro texto de Madrid, en una pequeña pieza narrativa que forma parte de una sección titulada «Estampas del frente», en mi opinión escrita a veces por Chaves Nogales, aparece también la expresión «el chisporroteo de una ametralladora». Gracias al santísimo Google y a la muy santa IA, a alguien con buena fe intelectual (aunque piense o crea que Chaves Nogales no es el autor de ninguno de los relatos que le atribuyo) le resultaría facilísimo revisar y analizar cuántas veces la palabra «chisporroteo» aparece unida a contextos militares y armamentísticos en los varios millones de páginas de prensa que recogen los portales de prensa histórica española; y si hay o no hay otros escritores españoles de esos años que hagan un mismo uso que del chisporroteo hace el conjetural Chaves Nogales del semanario parisino Madrid.

Al final, quizá deba agradecerle a la señora Morató que haya considerado mi edición de los nuevos relatos de Chaves Nogales el libro del año, aunque sea en la sección de bulos. Mira que si le hace caso Amazon…

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Foto de portada: Hermann, Fotolabor, P. Luís Torrents. (BNE)

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