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30 de 30

El título de este comentario no es una fórmula cabalística ni un acertijo. Hace tres años, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID, reconversión del muy activo durante el franquismo Instituto de Cultura Hispánica) estableció un programa cerrado de apoyo y difusión de la nueva narrativa española. Le puso la sugerente etiqueta 10 de 30 y buscaba mostrar la existencia de una fecunda promoción —“generación”, dice sin temor a utilizar tan baqueteada fórmula el diplomático y escritor Miguel Albero, impulsor del plan— de jóvenes narradores que se hallaban por la treintena. Entre los treinta y los cuarenta años —explica Albero— es una franja de edad en la que muchos autores han escrito sus obras más emblemáticas, o que han dejado pruebas de una excelencia que se revelaría de forma conseguida en adelante. Y ese criterio general, que corroboran casos tan señalados en nuestro ámbito idiomático como Borges, Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa, y que antaño enorgullecía a Clarín («a los cuarenta años he logrado una obra de arte», escribió a propósito de La Regenta) se aplica con intención prospectiva a autores actuales de España y la América Hispánica.

"El programa apunta a una llamada de atención sobre esos promisorios narradores dirigida a castellanohablantes y a la vez a editores extranjeros que puedan interesarse por ellos y por traducir sus obras"

Se han ido seleccionando, pues, diez narradores que se hallan en dicha franja durante tres convocatorias sucesivas. En la primera se eligieron los nacidos entre 1978 y 1987. En la segunda los que vieron la luz de 1979 a 1988. Y en la tercera quienes llegaron al mundo entre los dos años posteriores a estos últimos. Con esta materia autorial se compilaron sendos volúmenes de igual título —el ya indicado 10 de 30— seguidos de la especificación cronológica correspondiente: Nueva narrativa española 2019, 2020 y 2021 (en realidad, el primero aparece huérfano de fecha). La edición indica esmero y atractivo material: va encuadernada en cartón y si se invierte el libro la maqueta se repite y da paso a los textos en inglés.

El programa apunta a una llamada de atención sobre esos promisorios narradores, dirigida a castellanohablantes y a la vez a editores extranjeros que puedan interesarse por ellos y por traducir sus obras. A tal doble fin se reproduce un texto, cuento o fragmento de novela en marcha de cada autor elegido por un comité y se acompaña con una escueta información biográfica. También se incluye una breve entrevista a los seleccionados con preguntas oportunas para calibrar sus intereses y su poética. En una publicación general, no tendría mucho sentido dar los nombres de los narradores elegidos, pero sí merece la pena en Zenda, web de lectores, lecturas y autores. En el tomo de 2019 están representados: Marina Perezagua, Almudena Sánchez, Pablo Herrán, Natalia Cerezo, Alejandro Morellón, Cristina Morales, Inma López Silva, Miguel Barrero, Aroa Moreno e Inés Martín Rodrigo. En el de 2020 Irene Vallejo, Cristian Crusat, Gabriela Ybarra, Sabina Urraca, Juan Gómez Bárcena, Aixa de la Cruz, Álex Chico, Katixa Agirre, Florencia del Campo y Jordi Nopca. Y en el tercero y último, de 2021, Elena Medel, Miqui Otero, Raquel Taranilla, Margarita Leoz, David Aliaga, Laura Fernández, Munir Hachemi, Elisa Ferrer, Irene Solà y Matías Candeira.

¿Qué rasgos se aprecian en esta “infame turba” (dicho emulando a Góngora) de narradores? ¿Cabe hablar de una promoción diferenciada, de una “generación del siglo XXI”? ¿Tal vez de la “generación del covid”, por emplear como marbete un desastre que a todos ha marcado en un momento intenso de su obra en marcha? ¿Suponen algo distinto y singular en la historia de nuestra prosa? ¿O se trata solo de una coincidencia de edad irrelevante? No es fácil responder a estos interrogantes pero sí se desprenden ciertas señales del cuestionario aludido. Anoto algunos datos que sirven como pista.

"En una gran mayoría se refieren a la soledad, al desconcierto o estupor que les produce el mundo"

Se pregunta a los elegidos por sus preocupaciones temáticas. En una gran mayoría se refieren a la soledad, al desconcierto o estupor que les produce el mundo. También indican la identidad (la extranjeridad, con término de Florencia del Campo), el mito, la ansiedad, el desarreglo mental, el tiempo, el lenguaje, el género y la mujer, la justicia, la familia o los relatos impuestos por el poder. La extrañeza o términos sinónimos aparecen con frecuencia.

Se trata, ya se ve, de una literatura de fuertes preocupaciones intimistas, y este generalizado intimismo sí resulta un rasgo diferenciador, al menos respecto de la tradición decimonónica. Nada que ver estos intereses con el relato colectivo, sobre todo de la clase media, impregnado de aditamentos sociológicos. Por otra parte, en consonancia con esta mirada a los interiores y a la privacidad, el resurgir de la novela de denuncia que tanto ha marcado nuestra prosa en los lustros siguientes a la gran crisis del año 8 parece haber decaído. Pero no desaparecido. Lo declara sin paños calientes Aixa de la Cruz: “Con los años me he ido convirtiendo en lo que más temía: una escritora política. Pensaba que la literatura tenía que quedarse en los márgenes simbólicos […], pero cada vez me atrae más la lucha en el barro y los temas que no son ni universales ni eternos, pero sí urgentes”. Del mismo tenor es el parecer de Elena Medel: le preocupan “las cuestiones de género y de clase; la forma en la que el capitalismo y el patriarcado definen nuestras vidas. Escribo desde la ideología y desde la voluntad de que la voz de las mujeres ocupe un lugar central en mis libros”.

"Se celebran la hibridación de géneros, los textos mestizos que suman filosofía, ensayo, arte, biografía o diario, los escritos fronterizos"

El intimismo se recrea con formas bien distintas a las de la novela-novela del realismo de las dos anteriores centurias. La respuesta a la pregunta relativa a las innovaciones técnicas de los relatos españoles de ahora destaca de manera positiva un puñado de procedimientos formales. Se celebran la hibridación de géneros, los textos mestizos que suman filosofía, ensayo, arte, biografía o diario, los escritos fronterizos, las obras de género inclasificable o que se resisten a las categorías establecidas, la experimentación, la destrucción del relato posmoderna, la narrativa del yo y la autoficción, la narración fragmentaria y hasta la escritura que lleva el lenguaje al límite del silencio o el vacío. Asimismo encuentra un hueco la recuperación de la vanguardia artística de hace un siglo. En síntesis, la treintena de autores se inclinan por una narrativa antitradicional y distanciada de las convenciones. En esta apreciación general resulta una extrañeza la preferencia de Inés Martín Rodrigo: “Más que las innovaciones, prefiero la novela tradicional, esa que lleva siglos entreteniendo a los lectores, sin importar su procedencia”.

Otro rasgo más singulariza a la ultimísima generación de nuestros narradores. Se desprende de la pregunta acerca de cuáles son los autores de cabecera y quiénes han sido las mayores influencias. Por abrumadora mayoría, los escritores seminales son extranjeros, y en su mayor medida autores aún cercanos que no sobrepasan la barrera del modernism. Pocas menciones de autores en castellano hacen los narradores seleccionados, de vez en cuando algún español y con mayor frecuencia hispanoamericanos. La tradición literaria española deja de estar, salvo contadas excepciones, en la base formativa de esta generación en marcha. Si no me he despistado, no se recuerda a Cervantes ni una vez. Parten de lecturas foráneas de penúltima hora. Es una promoción de base literaria internacional, o, para ser más exacto, anglosajona. Se encuentran aún menos referentes franceses, italianos o alemanes de cualquier época que españoles. Una deducción interesante: Francia ha dejado de ser del todo el modelo cultural que fue en otro tiempo. Se tiene la sensación de que los autores de la nómina indicada beben en la moda divulgada por el mercado editorial. Habrán de tener en cuenta que romper con la tradición nacional o desentenderse de ella paga un precio.

"Treinta de treinta son muchos nombres, y la mayor parte quedarán en el camino. Así ha ocurrido siempre"

Con los rasgos señalados, no resulta fácil ver líneas suficientemente unitarias en estos treinta narradores en la treintena como para que encarnen un movimiento amplio o una tendencia señalada. Predominan las individualidades. Así lo confirman los textos antologados, aunque tal vez la lectura de las obras que ya han publicado obligaría a matizar el comentario. Pero no es fácil, por mucho interés que uno tenga en seguir los rumbos de la novedad literaria, porque resulta difícil acceder a sus títulos, con frecuencia aparecidos en editores marginales. No es un fenómeno nuevo en nuestras letras, por otra parte. Desde el fin del franquismo, la narrativa de calidad —no la que se ha refugiado en subgéneros comerciales como la novela histórica o la criminal— se ha movido fuera de movimientos cohesionados.

Treinta de treinta son muchos nombres, y la mayor parte quedarán en el camino. Así ha ocurrido siempre. Basta echar un vistazo a La novela de un literato para ver el triste espectáculo que recrea Rafael Cansinos Assens: encierra en su desoladora crónica un enorme mausoleo de gentes que tuvieron éxito y pareció que pasarían a la Historia literaria con mayúscula. Alguno de los jóvenes de este momento, esperemos, alcanzará si no la fama sí la obra artística madura. En cualquier caso, el conjunto de estos tres volúmenes ofrece un abarcador panorama, plural por no hallarse sometido a prejuicios artísticos banderizos, de por dónde anda ahora mismo la prosa de ficción en nuestro país.

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Autor: Varios autores. Título: 10 de 30. [ tomo 1] 2019, [tomo 2] 2020 y [tomo 3] 2021. Editorial: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, 1.

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