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La paradoja de la bondad, de Richard Wrangham

La paradoja de la bondad, de Richard Wrangham

Este ensayo ofrece una teoría sorprendentemente original de cómo, en los últimos 250 millones de años, la humanidad se convirtió en una especie cada vez más pacífica en las interacciones diarias, incluso cuando su capacidad para la violencia devastadora y fríamente planeada permanece intacta.

En Zenda ofrecemos el prólogo de La paradoja de la bondad (Capitán Swing), de Richard Wrangham.

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PRÓLOGO

Si en los comienzos de mi trayectoria académica alguien me hubiera dicho que cincuenta años más tarde iba a publicar un libro sobre la especie humana, me habría costado creerlo. Durante los años setenta tuve el privilegio de participar como estudiante de doctorado en el proyecto de investigación que Jane Goodall había empezado con chimpancés en Tanzania. Fue un inmenso placer pasar días enteros siguiendo los rastros de los chimpancés en su hábitat. En aquellos tiempos estaba obsesionado con el comportamiento de los animales, por lo que en 1987 decidí crear mi propio grupo de estudio de chimpancés salvajes en el parque nacional de Kibale, en Uganda.

Sin embargo, mis bucólicos días de investigador se vieron interrumpidos por inquietantes descubrimientos imposibles de ignorar. Los chimpancés, ocasionalmente, se veían inmersos en episodios de una violencia fuera de lo común. Para arrojar algo de luz sobre la posible evolución de estos comportamientos, decidí comparar a estos simios con su especie hermana, los bonobos. Corrían los años noventa y la investigación sobre bonobos estaba en auge. Los bonobos y los chimpancés formaban un dúo único: los primeros eran mucho más pacíficos que los agresivos chimpancés. En varias de las colaboraciones que describo en este libro, pero sobre todo en mi trabajo con Brian Hare y Victoria Wobber, llegamos a la conclusión de que los bonobos se separaron de un ancestro similar a los chimpancés por un proceso muy parecido a la domesticación. Lo llamamos la «autodomesticación». Puesto que la conducta humana a menudo se ha considerado similar a la de los animales domesticados, los descubrimientos sobre los bonobos podían aplicarse a la evolución humana. El factor clave en los seres humanos es que, dentro de nuestras comunidades sociales, somos poco propensos a la lucha: en comparación con la mayoría de los mamíferos salvajes, manifestamos una gran tolerancia.

Sin embargo, era plenamente consciente de que, a pesar de parecer poco reactivos, en otros aspectos somos una especie muy agresiva. En 1996, Dale Peterson y yo publicamos el libro Machos demoníacos: sobre los orígenes de la violencia humana, en el que describíamos las similitudes entre la agresividad de los chimpancés y la de los humanos mediante explicaciones evolutivas. La omnipresencia de la violencia en las sociedades humanas es algo innegable, y las teorías evolutivas que la explican son sólidas. Por tanto, ¿cómo reconciliar esa naturaleza domesticada con nuestra brutal violencia? Pasé los siguientes veinte años tratando de resolver esta cuestión.

La solución que describo en las páginas que siguen es que nuestra tolerancia social y nuestra agresividad no son elementos tan opuestos como pudieran parecer en un principio, puesto que ambas conductas llevan consigo dos tipos distintos de agresividad. La tolerancia se explica por nuestra baja propensión a la agresividad reactiva, mientras que la violencia que hace a los humanos mortíferos proviene de nuestra agresividad proactiva. Nunca antes se había contado la historia de cómo nuestra especie consiguió compaginar estas inclinaciones tan diferentes: baja agresividad reactiva y elevada agresividad proactiva. Es un relato que nos llevará por múltiples rincones de la antropología, la biología y la psicología, y que sin duda continuará desarrollándose en el futuro. Creo que arroja una luz fresca y única sobre la evolución de nuestras inclinaciones morales y conductuales, y sobre cómo y por qué llegó a existir la especie Homo sapiens.

Gran parte del material de este libro es tan nuevo que solo se ha publicado en artículos científicos. Mi objetivo es hacer más accesible esta rica literatura técnica y sus trascendentales implicaciones. Me acerco al tema con la mirada del observador de chimpancés que ha recorrido a pie muchos hábitats del África central y oriental, escuchando y anotando lo que veía. A los afortunados que hemos podido pasar días enteros a solas con los simios nos ha calado hondo el aire del Pleistoceno. La aventura del pasado y la historia de nuestros ancestros representan un desafío emocionante, y todavía quedan innumerables misterios por descubrir para las generaciones futuras que busquen respuestas al origen de la mente humana en tiempos remotos. La recompensa no será únicamente una mayor comprensión de la prehistoria y de lo que somos. Los sueños inspirados por la brisa africana pueden además generar una visión de nosotros mismos más segura y sólida si conseguimos abrir la mente a mundos situados más allá de lo que nos resulta familiar.

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Autor: Richard Wrangham. Título: La paradoja de la bondad.  Editorial: Capitán Swing. Venta: Todos tus libros.

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