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Los límites del mundo, de Eugenio Trías

Los límites del mundo, de Eugenio Trías

En este libro Eugenio Trías, sin duda uno de los filósofos más relevantes de finales del siglo XX y principios del XXI, presentó por primera vez lo que posteriormente fue el eje alrededor del cual articuló su pensamiento: el análisis de la condición humana como fronteriza.

En Zenda ofrecemos la Introducción de Los límites del mundo (Galaxia Gutenberg), de Eugenio Trías.

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INTRODUCCIÓN

I

De todos mis libros éste tiene, para mí, una especial significación, ya que fue en él donde pude exponer una idea filosófica que, desde entonces, he ido desarrollando y matizando. Es la idea de ser del límite, que conlleva una concepción de la condición humana como condición fronteriza. Tanto esta idea como su posible expansión y la elaboración de un vocabulario adecuado a la misma brotó casi por entero en el curso mismo de redacción de este libro. Los que le han seguido (La aventura filosófica, Lógica del límite, La edad del espíritu, Pensar la religión y sobre todo La razón fronteriza) se han movido, todos ellos, en el universo de ideas, de palabras y de giros de escritura que tracé, casi de modo espontáneo, en este libro que ahora se reedita.

En este libro accedo a esta propuesta ontológica (que concibe el ser como ser del límite) a través de una arquitectura en la que recreo, para mis propios fines, algunos trazos de la construcción crítica kantiana. De este modo la distinción entre cerco, acceso y despliegue se corresponde, más o menos, con cierta recreación de los ámbitos de las tres críticas, la teorética, la práctica y la estética.

De todos modos, el autor más presente en el libro es, sin duda, el que es en cierto modo parafraseado a través del título: Wittgenstein. Como dijo Aranguren en un artículo, este libro significó la incorporación del gran pensador alemán en una metafísica posible en nuestra lengua; efectuada, por supuesto, desde criterios libérrimos.

De hecho el libro presenta el acceso a la idea de ser del límite a través de una redefinición de la idea moderna de sujeto, sólo que descentrado y recentrado en su radicación intrínseca en ese ser del límite que le constituye en fronterizo. Se trata de una especie de fenomenología de la subjetividad imantada y polarizada por esa referencia al ser del límite.

En cierto modo produje una variación de este mismo itinerario y aventura, sólo que enriquecida, en el libro siguiente, La aventura filosófica, en el que fui perfilando y concretando la materia prima descubierta en Los límites del mundo. Pues lo importante de éste reside en ese auténtico filón o en esa cantera de la cual he ido extrayendo, a partir de entonces, todas mis sugerencias e incitaciones de carácter filosófico.

Un capítulo particularmente relevante del libro es, creo, el «segundo movimiento» de la «primera sinfonía» («primer ciclo»), titulado El acceso, que es una versión muy personal de la idea kantiana del imperativo categórico. Es, junto con Tratado de la pasión, El lenguaje del perdón y Ética y condición humana, mi mayor contribución al ámbito de la ética.

De un modo extraño y singular logré hermanar en ese texto el espíritu de Kant con el de Kafka. Pues la orden formal vacía a la que una y otra vez se hace referencia en él tiene claras resonancias kafkianas, como queda expreso en el texto. Desde que lo descubrí en la universidad, cuando tenía diecisiete años, he sido siempre un gran lector de ese extraordinario novelista judío, el más emblemático de nuestro torturado siglo.

La orden formal vacía se alza de modo hierático y solemne, con cierto carácter temible y tétrico, al modo del uomo di sasso de la inmortal ópera mozartiana. Pero esa Voz, que sólo nombra el silencio, o que dice Nada, es justamente el único cerco (en el sentido en que se habla del cerco que produce la luz sobre el halo de un cuerpo, o el vestigio que deja la ceniza o la mancha sobre un mantel) que nos es accesible de aquello ( = x) que nos trasciende. Allí, en ese capítulo, hallé una «parva y magra» apertura a la experiencia meta-física que, sin embargo, era suficiente noticia en relación al misterio de la trascendencia. Todo lo que he escrito tras esta pieza de ética trágica se halla marcado por lo que en ese texto de pronto, con sorpresa (y aprensión no disimulada), estaba literalmente «descubriendo».

Creo que reproduje en el estilo de esa pieza de ética trágica todo el dramatismo relativo a una frase ética (la que pronuncia el imperativo categórico) que, por razón del límite, se halla siempre escindida, partida; de ella sólo llega al fronterizo su pronunciamiento inicial, sin que pueda éste escuchar la totalidad de la frase. A partir de este examen me interné en fenómenos morales como la culpa y la conciencia moral, así como la libertad, pensándolos desde el recién descubierto continente del límite. Así mismo, al final de este fragmento de ética fronteriza, retomé el pulso del componente pasional de dicha ética, que ya había investigado a fondo en mi libro Tratado de la pasión.

Por vez primera hallaba una prueba a favor de la libertad, concepto que había extirpado de mi vocabulario toda vez que sólo lo reconocía en tradiciones idealistas que no me convencían. De pronto se me iluminó la verdadera libertad, la que se funda justamente en ese vacío infinito (limítrofe, fronterizo) que media entre la orden formal vacía y la ejecución (afirmativa/negativa) de ésta a través de la acción, o de la praxis. Fue tan importante el descubrimiento que modifiqué mi estrategia en un punto. Hasta entonces creía que se accedía a la filosofía primera a través de la estética, ya que me había tomado muy en serio la idea nietzscheana de que el arte es el «más transparente fenómeno» de la idea ontológica (en su caso, la Voluntad de Poder). Pero de pronto comprendía que la ética, el vestigio metafísico de esa orden formal vacía y la experiencia de la libertad eran de hecho el más fidedigno pasaporte a la filosofía primera, o a la ontología.

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Autor: Eugenio Trías. Título: Los límites del mundo. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todostuslibros.

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