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El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov

El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov

Llevaba tiempo oyendo hablar de Gueorgui Gospodínov (Yambol, Bulgaria, 1968), un escritor del que empezó a sonar su nombre en España cuando ganó el premio Booker de 2023 con su novela Las tempestálidas, publicada en España por la editorial Pepitas de Calabaza. También había gente hablando de Física de la tristeza (2012) y diría que, desde hace unos pocos años, su obra se ha potenciado más en España porque ha empezado a publicar en la editorial Impedimenta. Este es el caso de El jardinero y la muerte (2024), que se ha publicado ya directamente en España bajo el sello Impedimenta.

A principios de este curso, fui el tutor, en el colegio en el que trabajo, de una chica que estaba haciendo las prácticas de su máster del profesorado. Dio la casualidad de que, a pesar de ser licencia en ADE (como yo) y en Derecho, también le gustaba leer y llevaba una cuenta en Instagram de libros (Irene.leyendo). Le acabé regalando mi novela Esto no es Bambi, porque también había tenido alguna mala experiencia profesional en el mundo de las oficinas, y ella me acabó regalado una bonita edición de La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, que es uno de sus libros favoritos. Pensé leerlo, pero al final mis prejuicios hacia ese libro, arrastrados desde décadas, fueron más fuertes que yo y, al tener el ticket regalo, decidí darme un paseo hasta la librería Libro ideas, ubicada en el centro comercial Principio Pío de Madrid, y cambiarlo. Después de deambular un buen rato por las estanterías, me decidí por El jardinero y la muerte.

"El padre, procedente de un pueblo del interior de Bulgaria, quizás pudo dedicarse al baloncesto (mide unos dos metros), pero las circunstancias familiares se lo impidieron"

A finales de 2023, Gospodínov y su familia reciben la noticia de su padre sufre un cáncer terminar. Ya sobrevivió, diecisiete años antes, a otro, pero esta ocasión, a sus setenta y nueve años, parece ser la definitiva. El jardinero y la muerte es un libro de autoficción, en el que no hay distancia entre protagonista y narrador. Además es un libro de duelo, una elegía por la muerte del padre. Durante el proceso de acompañamiento a hospitales y los últimos días, que el padre pasará en la casa del hijo, Gopodínov irá escribiendo anotaciones en un cuaderno; unos textos que serán la basa para, unos meses después (el padre muere en diciembre de 2023), en la primavera de 2024 escribir el libro que va a ser El jardinero y la muerte. «Mi padre era jardinero. Ahora es jardín» son las primeras palabras del libro, que he visto reproducidas más de una vez en mis redes sociales. El padre, procedente de un pueblo del interior de Bulgaria, quizás pudo dedicarse al baloncesto (mide unos dos metros), pero las circunstancias familiares se lo impidieron, y, como trabajador de un régimen comunista, pasó por distintas fábricas, de las que le acababan expulsado cuando se manifestaba en contra de alguna injusticia. Al final de su vida laboral trabajó como jardinero en un psiquiátrico, y esta experiencia hizo que, al jubilarse, empezase a cultivar un jardín en su pueblo. Gospodínov, al hablarnos de la muerte de su padre, va a usar en muchas ocasiones este jardín como metáfora, como idea de vida y muerte, de fin y de renovación, de ciclo vital; un jardín que ha estado consumiendo las energías vitales de su padre durante los últimos años, pero que a la vez le ha dado también un motivo para vivir.

"Además Gospodínov nos hablará de la vida del padre, desde su mirada de niño, pero también desde antes de que él naciera."

En el texto, como novela de autoficción, se presentan también muchas reflexiones metaliterarias: «No sé por dónde empezar. Que este sea el inicio.» (pág. 11) y en la página 29 se vuelve, por ejemplo, a esta misma idea del comienzo alternativo: «Este libro podría comenzar así» (pág. 29). La muerte definitiva del padre se narrará traspasada, más o menos, la mitad del libro. Luego se hablará de la ausencia que deja el padre, igual que antes se habló de la impresión que está dejando en el autor la despedida inminente.

Gospodínov cita a autores como Jorge Luis Borges o Susan Sontag, y nos podemos encontrar con más de un guiño hipertextual, como este de la página 86: «Cuando se trata de tuberculosis, tenemos poesía y La montaña mágica, pero no hay montañas mágicas para el cáncer. La montaña sin magia del cáncer».

Además Gospodínov nos hablará de la vida del padre, desde su mirada de niño, pero también desde antes de que él naciera. Estas páginas, en las que el autor habla de un ciudadano anónimo, salvo porque con el tiempo se va a convertir en el padre de un afamado escritor de su país, me han gustado bastante. Es un tema que me suele interesar: cómo vivían las personas en los régimen comunistas de Europa del Este en el siglo XX. En estas páginas, donde se individualiza la experiencia humana, se alcanzan buenas cotas de significación y belleza. Así, por ejemplo, en la página 163, leemos: «Lo veo nítidamente según su relato: alto y delgado, con los pantalones y la chaqueta del uniforme dos tallas más grandes para que le duren más tiempo. Camina en los últimos días del otoño, terminada la vendimia, deambula con sus compañeros entre los liños de vides buscando alguna uva o racimo olvidado. Las cornejas y nosotros, decía mi padre».

"Durante casi todo el libro apela a una experiencia humana universal, partiendo de un caso concreto"

Me ha interesado la crítica sociológica que hace el autor sobre la Bulgaria de la generación de sus padres y anteriores, una sociedad patriarcal, en la que estaba mal visto que los hombres mostrasen sus sentimientos y fueran cariñosos con sus hijos. De esta forma, muchas personas de su generación han crecido con la sensación de que sus padres varones en realidad no los querían mucho. También era frecuente el empleo de la violencia —en forma de bofetadas— en la educación. Gospodínov nos mostrará que a su padre, de dos metros de altura, le bastaba su presencia imponente, para amedrentar a su hermano o a él. Me ha llamado la atención que en la novela no queda reflejado ningún momento de conflicto entre el padre y el hijo, centrándose el texto en ser un panegírico de la figura paterna.

La mayoría de las páginas de El jardinero y la muerte me han gustado, y las reflexiones sobre el ciclo de la vida y la muerte, aunque en algunos casos caminaban por el lugar común («¿Seguimos existiendo si se va la última persona que nos recordaba como niños?», en la página 18), durante casi todo el libro apela a una experiencia humana universal, partiendo de un caso concreto, pero no me gustaría acabar esta reseña sin señalar que, aunque en la mayoría de los casos, las ideas y las escenas que se exponen aquí son elegantes y comedidas, en algunos casos Gospodínov cae en la sensiblería y la cursilería, más propia de la literatura comercial que de la alta literatura. Esto ocurre, sobre todo, cuando el autor quiere elevar una experiencia cotidiana por encima de la normalidad, fingiendo ingenuidad y dejándose llevar por el pensamiento mágico. Por ejemplo, esto leemos en la página 84: «A los veinte días de la muerte de mi padre (he aquí el nuevo cómputo del tiempo familiar) anuncian que se ha ido Franz Beckenbauer. Era su jugador favorito junto con Cruyff. De la época en la que los futbolistas eran intelectuales. Cuando se va el hincha, pensé, los ídolos venerados pierden su defensa y también se van» o en la página 141: «En los años ochenta los trabajadores vietnamitas eran parte de la historia de la ciudad, y de tantas ciudades de Bulgaria. Los primeros relojes electrónicos se los compramos a ellos en el mercado negro. Incluso el primer radiocasete. Así, en negro a través de Vietnam, se colaba algo del mundo exterior. / Estoy seguro de que mi padre enseguida ha entablado conversación con sus vecinos, que ya lo sabe todo sobre ellos y que por la noche les cuenta sus historias».

Pese a algunos pequeños defectos, ya señalados, me ha gustado en general El jardinero y la muerte. Creo que el siguiente libro suyo que voy a leer va a ser Las tempestálidas.

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