Javier Morales (Plasencia, 1968) viene desarrollando su pensamiento con una coherencia y un rigor ejemplares. Sus libros despliegan una reflexión profunda y actual sobre nuestro mundo y, en particular, sobre las secuelas que el sistema económico-social-histórico que padecemos va dejando en el planeta que habitamos. Su indagación lo implica a él mismo, sus decisiones, sus denuncias, una búsqueda incansable que expone con absoluta sinceridad. Aquí, además, en un cierto repaso biográfico, recala en sus orígenes, una familia proveniente de Andalucía que buscará mejor fortuna en el campo extremeño donde se crio y que él abandonó para dedicarse al periodismo en Madrid.
Nuestra tradición cultural judeocristiana, plantea Javier Morales, ha colocado al ser humano en el centro de la creación, y a la Tierra y a los demás seres vivos en un lugar subordinado a sus necesidades. El capitalismo, llevado por el deseo de lucro, sería la exacerbación de esa visión antropocéntrica. La extracción ilimitada de riqueza, la explotación de los recursos hasta su agotamiento, la destrucción ecológica, el calentamiento global, la extinción o control de especies para el consumo humano y la conversión de toda realidad, también las personas y sus valores, en mercancía son otros tantos efectos de esa visión delirante. Sobre su denuncia ha venido trabajando Morales con ahínco. Es en ese contexto donde hay que situar este ramillete de miradas acerca de Berger.
John Berger saltó a la fama como crítico de arte; su serie de episodios para la televisión Modos de ver (accesibles hoy en Youtube), después recogidos en libro con el mismo título, mostraron cómo era posible un abordaje nuevo al arte. Emprendió luego una carrera como escritor de poesía, cuentos, ensayos, novelas. Vitalmente, buscó su hogar en el mundo rural, un mundo que, como denunció, ha ido desapareciendo por causa de la industrialización, la agricultura intensiva, el turismo, la emigración a las ciudades.
Su figura aparece en este libro, ante todo, como un modelo de persona alternativo y en confrontación con los valores de la producción y consumo sin fin del capitalismo. Siendo necesario y urgente buscar una salida al despropósito del sistema, diríamos que estamos faltos de modelos que encarnen los valores que configurarían otro modo de vivir. Las personas que entrevista Morales, como él mismo, reconocen la influencia del autor británico, la valiosa huella que ha dejado en sus vidas, lo que han aprendido de él. Marisa Camino, artista plástica que reside en un pequeño pueblo, destaca de él su facilidad para comunicarse con los demás, su capacidad de establecer relaciones sin barreras, sin intereses de por medio, su predisposición a colaborar en proyectos compartidos, su ternura. Manuel Rivas, que reconoce su ascendiente sobre su propia obra, recuerda como Berger era un perfecto interlocutor de la gente sencilla que conoció en Galicia. Ramón Vera en México y Pilar Vázquez en España tradujeron sus textos y los dos destacan su sensibilidad ecológica, el respeto que les infundía y la forma esperanzada de mirar la realidad: una forma que descubre la belleza asombrosa del mundo y de la naturaleza. Juan Cruz aprecia en él la misma actitud de Walter Benjamin de unir la literatura a la vida; de que la manera de pensar se haga existencia y no sea un mero depósito de ideas. Algo en lo que también insiste el propio Morales: vivir como se piensa para no acabar pensando para justificar cómo se vive.
Frente a la prisa, la quietud; frente a la palabrería, el silencio; frente a las jerarquías, la sencillez; frente al poder, la amistad; frente a la producción enloquecida, la austeridad; frente al consumismo cultural, la belleza; frente a la dispersión, la vida retirada; frente a la competitividad, la colaboración; frente al interés, generosidad; frente al individualismo, vínculos fraternos; frente a la desesperación, jovialidad. En las raíces de estas actitudes reconocibles en John Berger está su marxismo y su espiritualidad cristiana, una mirada a lo trascendente y al Misterio del que, según nos dice, aquel adolece. Y también su contacto con la tierra, con los campesinos, con los animales, con el trabajo manual, con otras personas repartidas por el mundo que buscan formas de vida diferentes, excéntricas en su sentido literal, auténticas. No deja de ser palmario que algunos de los entrevistados por Javier Morales se han refugiado en el campo, asumiendo su realidad muchas veces dura, para vivir con menos y entregarse a su verdadera vocación.
A una vida diferente corresponde una escritura que marque distancias con lo acostumbrado. Berger declara, con ocasión de publicar uno de sus libros, su pretensión de «situar la experiencia del amor y del tipo de esperanzas y sentimientos que evoca el amor». También asume el dicho de Chéjov en otro de sus textos: «”El papel del escritor —decía Chéjov— es describir las situaciones tan verazmente… que el lector ya no pueda eludirlas”. ¿Cómo seguir hoy su consejo? No tengo respuesta, solo una corazonada que balbucea como todas las historias antes de ser contada». John Berger se erige en una voz que clama contra los desastres de nuestra civilización y apunta a una forma de vida nueva. Joaquín Araújo, entrevistado aquí por Javier Morales constata algo fundamental: «El ecologismo vive una paradoja —me explica—. Por un lado, está mejor que nunca… Pero, a la vez, sigue siendo manifiestamente insuficiente para cambiar las cosas… lo que no hemos conseguido es que [la sociedad] sea consecuente con ello, que cambie su forma de vivir y de actuar». Contra esa sensación de fracaso, la confianza en que fuera del capitalismo —«porque es un sistema incompatible con la vida y, donde hay negocio, no hay ecología»— es posible el desarrollo de una agricultura ecológica que sirva para rescatar la diversidad biológica, una cultura diferente, un paisaje: «Podemos comer sin destruir el mundo».
Marisa Camino le preguntó a John Berger hasta cuándo viviría en el campo aun en condiciones difíciles. El respondió: «Mientras quede una rosa, aquí me quedaré, no hay otra razón». Javier Morales nos ofrece en este libro-homenaje no el culto a la personalidad de un autor que no llegó a conocer, sino una investigación sobre un hombre real, que es también un motivo para la reflexión y un impulso para recobrar la fuerza con que resistir en estos tiempos oscuros y poder alumbrar una salida.
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Autor: Javier Morales. Título: Mientras quede una rosa. Miradas de John Berger. Editorial: Cuatro lunas. Venta: Todos tus libros.


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