La gala de los Goya genera cada año varias toneladas de odio en redes, televisión y prensa. El nivel de polarización sube dos puntos en la escala de Richter, y la animadversión a las gentes del cine se reparte gratuitamente en tertulias de mañana, tarde y noche.
Si en algún momento a alguno de estos tertulianos, o a alguna persona normal, le interesara saber cómo son realmente los que ganan los Goya debería leer este libro. Es cierto que su autor no ha ganado, todavía, un Goya, aunque le sobra talento como actor para ganarlo (y ahora parece que además tiene talento literario: como se enteren los tertulianos le van a machacar). En cualquier caso, con este libro por fin vamos a saber toda la verdad sobre como son los actores, y las actrices que levantan un premio Goya.
“Los actores y la gente de teatro somos seres insoportables. Y no solo del teatro, del mundo del espectáculo en general”.
Esto dice el protagonista en la página doce, y a partir de ahí la cosa va a peor. He de decir que coincido bastante con la inmisericorde mirada del protagonista sobre el mundo de la actuación. Pero… ¿es justa esta mirada? ¿Cómo es realmente la vida de los actores? ¿Cómo es la vida de los que se llaman actores pero pagan el recibo de luz con otro trabajo? ¿Qué hay que hacer para ser actor?
Al principio el trabajo de actor parece fácil: solo hay que aprenderse unas frases y subirse una hora y media al día a un escenario. Eso lo puede hacer cualquiera. El verdadero desafío de ser actor consiste en ser capaz de hacer todo lo necesario para volver a subir al escenario otra vez, y que te paguen.
Ir al gimnasio, tomar copas con otros actores, conseguir una representante (tomando copas), comprarse la ropa de su personaje y pasearse con ella por la calle, hacer una prueba para una película, grabar vídeos para una red social, ser pinchadiscos, arreglarse los dientes. En esta sucesión de actividades, más o menos aleatorias, tenemos un retrato verdadero de lo que es la vida de un actor, y de un artista en general: hacer cosas y publicitarlas, confiando en que alguna de las cosas que haces se convierta en el billete de lotería que te permita subir al siguiente escalón profesional.
Porque o subes o bajas. Los actores siempre están luchando por un lugar en la clasificación, por su nombre en el cartel, por un número de estrellas en una crítica de un periódico.
“Noté una especie de aguijón clavado en la parte baja de la garganta, que corresponde a la ambición del que quiere ser actor a toda costa, del que necesita alcanzar el triunfo pagando el precio que sea”.
Mientras conduce a su personaje hacia el Goya, el autor borda un gran retrato de la ciudad de Madrid. “La ciudad sin puerto con mayor número de náufragos”. Esto lo leí en un cubo de basura madrileño. Mientras se deja llevar por “la Ruta McQueen” (tienen que leer el libro para entender este chiste) aparecen toda una serie de personajes que, como realmente ocurre en Madrid, no se sabe de dónde vienen, no se sabe adónde van, pero mientras están son vida, o literatura, en estado puro. El protagonista es un flâneur con calidad literaria, pero sin postureo. No busca ni la grandilocuencia ni el sentido, ni el drama, ni nada. Solo la oportunidad siempre única de poder compartir un momento verdadero con otro ser humano. Es genial el momento en el que le propone a alguien que no conoce pasear por la plaza Santa Ana sin prisa. Practicar algo así como mindfulness urbano.
“Llegamos a nuestro destino. Nos miramos a los ojos, nos reconocimos como seres ancestrales, fuera de la rueda que lleva la ciudad, dentro del origen del mundo mismo, nos dimos la mano y nos despedimos”.
También me parece genial su relación con una mendiga, que no va a ningún lado, que no tiene una lectura moral, y que tampoco nos dice nada muy importante del personaje. Simplemente un pedazo de vida estupendamente narrado que da complejidad y profundidad a un personaje, el protagonista de este libro, con el que apetece tomarse unas cañas paseando por el viejo Madrid.
Si hay algo que sobra actualmente son libros de gente a la que no le pasa nada. Autores que tienen que rellenar doscientas páginas, o mil, y no tienen un punto de vista sobre la realidad, no tienen ningún problema y además no saben escribir, y son pedantes. Este libro es todo lo contrario: alguien a quien le pasan cosas, sabe cómo contarlas y conoce de lo que está hablando.
Recomiendo este libro a todos los que odian y critican a los actores sin tener ni idea. Con este libro podrán seguir odiándolos, pero con conocimiento de causa.
Y de paso disfrutaran de un gran libro.
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Autor: Elías González Cano. Título: Yo, Eduard. Editorial: Eolas Ediciones. Venta: Web de la editorial.


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