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18 de junio de 1936: Miguel Maura reclama una dictadura

18 de junio de 1936: Miguel Maura reclama una dictadura

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Jueves, 18 de junio de 1936: Miguel Maura reclama una dictadura

El diario lo dejó el jefe sobre su mesa de la Escuela de Arquitectura y Pepe Mañas aprovechó una pausa en el trabajo para hojearlo. En un largo artículo de la primera página, Miguel Maura trazaba en pocas palabras la síntesis de la situación actual: desgobierno arriba, anarquía desatada abajo, trabazón constitucional en las Cortes y amenaza de ruina por doquier.

Por si no fuera bastante, el más conservador de los republicanos y el más díscolo de los hijos de Antonio Maura explicaba que, conocido el mal, estaba andado la mayor parte del camino para hallar remedio. En su opinión, eran los republicanos y la parte del socialismo no contaminada de locura revolucionaria quienes debían rectificar el rumbo de la República. La alternativa era que viniese por la derecha o la izquierda, no ya la rectificación, sino un barrido total de instituciones republicanas.

En la misma línea, añadía que la práctica viciosa del sistema desde las primeras Cortes de la República las había hecho inservibles para su misión natural:

No cabe esperar de estas, como no fue posible lograr de las anteriores, la transigencia a través del diálogo que resuelva armónica y nacionalmente los problemas que agobian al país. El divorcio casi tradicional entre la vida parlamentaria, con sus intrigas y cubileteos, y la vida efectiva social y económica del país ha llegado ya a límites insostenibles. Y así vemos hoy que la realidad nacional nos muestra el Frente Popular roto y deshecho; las huelgas provocadas y mantenidas por los partidos obreros adscritos a la mayoría parlamentaria, arruinando al país y provocando conflictos inacabables a los gobiernos; los desórdenes, algaradas y atropellos de las masas obreras que forman en las filas del Frente Popular. Entronizando la anarquía rural a despecho de los gobiernos, que dicen ser los directores de la política del conglomerado…

Tal situación equívoca no puede durar, porque a nadie beneficia su prolongación. ¿Y entonces? Esta pregunta está hoy en todos los labios. Pues bien. Si no se quiere abrir un periodo caótico en la vida española, llegado ese momento no habrá sino una solución: la de reconocer todos los errores, los vicios, los defectos que el sistema creado por la Constitución del 31 ha puesto de relieve en la experiencia de cinco años, y rectificar de una vez y sin paliativos el rumbo de la República, dejando en suspenso los preceptos de la Constitución, clausurando el Parlamento. Es decir, despojando a la República del traje arcaico con que la vestimos y emprendiendo una nueva ruta con ella desnuda tal cual advino el 14 de abril…

—¡Fiuuu!

Pepe levantó la vista: quien silbaba, viéndolo leer el periódico sobre la mesa, era Basilio. Ahora pasaba de largo, agitando la mano expresivamente. Hacía mucho calor dentro de la oficina. Las chaquetas colgaban del respaldo de las sillas.

—Menudo veranito se nos echa encima.

A todos impresionaba que Maura abogara tan abiertamente por una dictadura. Resultaba curioso que en la misma familia tuvieran a Gabriel Maura, conde de la Montera y alfonsino convencido, y a Miguel, tan rabiosamente republicano como monárquico fue su padre.

Claro que, a fin de cuentas, era un Maura, pensó. ¿Qué otra cosa se podía esperar?

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