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Cari y la máquina del tiempo

Cari y la máquina del tiempo

Cari tiene una máquina del tiempo en el garaje de su casa, pero no la puede usar, y sabe que si lo hace enfermará, porque ese tipo de turismo es de alto riesgo y perjudica gravemente la salud. Tiene unos padres ausentes y tres hermanos a cuál más rarito, pero lo que peor lleva es vivir atrapada en un bucle temporal de cinco años, entre 1999 y 2004. Aparte de eso, es una chica normal que lucha por integrarse en su clase de los Salesianos en Valencia, participa en funciones escolares, celebra con sus compañeros la noche de San Juan y se apunta a un campamento de verano en el Valle de Arán. Caridad Fandos Monmeneu, Cari o Carimacho, uno de sus múltiples apodos, es la narradora y protagonista de La enfermedad de los viajes en el tiempo (Libros Walden, 2025), segunda novela de Nacho López Murria (Valencia, 1987), ganadora del Premio de la Crítica Valenciana, «al proponer una aventura social y cultural por un paisaje reconocible y nostálgico, incluso delirante, de una España que nos impele a todos, pero también un disfrute para el lector, que goza de cada línea, cada página y cada capítulo de esta distopía fantástica», según el dictamen del jurado.

Es un relato que oscila entre la ternura y la crueldad, la ingenuidad y la sabiduría, la locura y la lucidez, que habla de la necesidad que tenemos de ser queridos, de encajar en el mosaico social y de los claroscuros de la adolescencia. Un falso cuento de ciencia ficción, una parábola sobre el miedo al futuro, que muestra una imagen en negativo de la familia y de la edad del pavo para, a través de la literatura, redimirlas y revelar su auténtico valor.

Cari es una quinceañera callada y algo tímida que disfruta jugando al fútbol y suele ir en chándal. Vive en el barrio de Plata (avenida de la Plata) de Valencia y tiene propensión a sufrir hemorragias nasales y pitidos en los oídos. Nos cuenta su vida en una serie de redacciones dirigidas a don Miguel Ángel, su profesor de Literatura. «Tienes bigote, y la gente con bigote me da buen tollo, como Ned Flanders o el actor que sale en Un pez llamado Wanda. Aznar me da yuyu. Es como si llevara una de esas máscaras de goma de las tiendas de disfraces». Con desparpajo, soltura más interesada en expresar con sinceridad sus sentimientos que en mostrar sus dotes literarias (al fin y al cabo no piensa dedicarse a la escritura), nos sumerge en el universo de su extraña familia.

Sus padres, Asun y Jero, son peluqueros y estilistas. Trabajan en la «típica peluquería clasicorra con fotos en las cristaleras, descoloridas por el sol, que posiblemente ya estén en un cementerio de tonos sepia». Asun convence a sus clientes para que se tiñan el pelo de color violeta y Jero es un experto en disimular calvas usando las melenas de sus clientes. Además de estilistas, ambos ejercen de “controladores temporales” encargados de evitar posibles alteraciones en el tiempo, se ausentan con frecuencia y reciben inquietantes visitas de unos individuos de mal aspecto, los «primos lejanos».

El hermano mayor, Javi, está colado por Sandra, a quien llaman la Cremaeta (Quemadita), por las cicatrices que dejaron en su piel las llamas de un monumento fallero en la Cremà, al que que se lanzó de cabeza al no soportar la idea de que el año siguiente ya no volvería a ser fallera mayor infantil (el cremaet es el típico carajillo valenciano a base de ron, capaz de despertar a un muerto). El benjamín, Beto, el más listo de la familia, va en silla de ruedas y le gusta birlar cosas sin valor. Chatea haciéndose pasar por un expolicía poeta y se enamora de una vendedora de helados del centro comercial El Saler. Una perrita ratonera valenciana a la que le encanta el atún en lata, Perla, completa esta peculiar familia llegada del pasado por intentar mejorar el futuro. Hay un cuarto hermano, el primogénito, Jero, desaparecido del mapa, que es abducido por la identidad de DiCaprio y al final desempeña su papel.

Desatendidos por sus padres, los niños Fandos viven pendientes de la caja tonta, atiborrándose de programas y series que recrean en sus juegos. «La tele es mi fuente de alimentación para aprender y descubrir cómo funciona el mundo. No me parió una tele de milagro. A veces fantaseo con que Carmen Sevilla y Constantino Romero son mis abuelos». Aparecen referencias a Los Simpson, Gran hermano, El diario de Patricia… y a obras cinematográficas: Atrapado en el tiempo, Terminator, Los hombres de negro, Matrix… No en vano López Murria es actor, director y autor teatral, además de guionista con numerosos trabajos en la televisión. «Este libro se inspira en Atrapado en el tiempo, una peli que me encantó de pequeño», dice el autor. «Cari tiene una máquina para viajar a la época que desee, pero le prohíben usarla, y no solo eso, si la utiliza se enferma. Si tuviéramos la posibilidad de viajar al pasado o al futuro, tendríamos que sufrir una serie de consecuencias».

La historia funciona como una máquina del tiempo que conduce al lector a una fecha no demasiado lejana, un futuro distópico en el que un mundo totalmente tecnificado ha expulsado cualquier rastro de humanidad. Envueltos en un pavoroso silencio, los individuos, vestidos todos igual, viven ensimismados en una realidad alternativa sin interaccionar emocionalmente entre ellos y son criados en granjas, como animales.

Como ya demostró en su primera novela, París era una rave, delirante historia de una pareja en un París mutante en torno a Jodorowsky, López Murria no se limita a mostrar la realidad tal y como la perciben la mayoría de las personas. La retuerce y distorsiona con toques surreales, esperpénticos, y la rocía con un buen chorro de humor. Tiene una gran capacidad para crear situaciones hilarantes, como el desarrollo de la función escolar, Teresa de Calcuta: El musical, en la que la maciza protagonista sudorosa deja entrever bajo el hábito sus encantos, para regocijo de los padres del alumnado. Posee una imaginación desbordante que en ocasiones se desborda cual dana primaveral. A veces resulta algo barroco, excesivo y pirotécnico, valenciano tenía que ser, pero su voz se eleva clara y refrescante. Es la versión adulta de la de aquel chaval que importunaba a los profesores con comentarios irónicos, provocando la risa de sus compañeros. Porque el humor es la mejor terapia para cualquier enfermedad, incluso las producidas por los viajes en el tiempo.

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Autor: Nacho López Murria. Título: La enfermedad de los viajes en el tiempo. Editorial: Libros Walden. Venta: Todostuslibros.

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