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La agenda de José Antonio

La agenda de José Antonio

El historiador, más que de forense, tiene mucho de vidente: sufre una pulsión necrófila que le lleva a hablar con los fallecidos, a calzarse sus botas, a intentar conocerlos como si formasen parte de su propia familia. A veces, los muertos contestan. A José Antonio Martín Otín se le ha manifestado uno de los fantasmas más emblemáticos y, paradójicamente, más desconocidos de nuestra historia.

Pocos días antes de que lo detuvieran, en una España incontrolada presa de ansias autolíticas, José Antonio Primo de Rivera escribe en una diminuta agenda, regalo del Colegio de Abogados, sus encuentros y pequeñas reflexiones. Esa letra miniada constituye un inesperado testamento: un telegrama del pasado a través del cual el hombre nos habla por encima del mito.

"José Antonio se ofrece a Portela Valladares, presidente del Gobierno hasta febrero de 1936, para dar una asonada que restablezca el orden"

Durante décadas, el diario, de escritura concienzuda y casi ilegible, había pasado desapercibido, con las anotaciones de sus últimos días en libertad, los comprendidos entre el 1 y el 13 de marzo de 1936: un fragmento muy breve de una vida, unos instantes de realidad antes de que todo fuese falseado y manipulado. Abogado, político, poeta frustrado: un hombre con dudas, contradicciones y debilidades que, en sus postreras reflexiones, parece apartarse de la imagen que los vencedores le construyeron tras su muerte.

Primavera sangrienta. Con quinientos muertos y más de dos mil heridos, el Gobierno del Frente Popular no consigue controlar las calles. José Antonio se ofrece a Portela Valladares, presidente del Gobierno hasta febrero de 1936, para dar una asonada que restablezca el orden, para salvar la República desde dentro mediante un golpe de carácter constitucionalista, pero no militar. Tras su detención escribe en el diario durante algunos días más. El 29 de marzo llama cerdos a aquellos derechistas que quieren utilizar a la Falange como carne de cañón en un hipotético levantamiento militar. Hay ruido de sables, pero José Antonio no parece estar en el centro de la conspiración principal.

"El diario revela que el fundador de Falange desconfiaba profundamente de los generales, en especial de Franco"

Las breves notas, interpreta el autor del libro, desmienten dos narrativas historiográficas fundamentales: la franquista, que siempre quiso presentar a Primo de Rivera como protagonista del golpe del 18 de julio; la de la izquierda, que sostuvo que integraba la trama desde marzo. El diario revela que el fundador de Falange desconfiaba profundamente de los generales, en especial de Franco, a quien detestaba desde un primer encuentro que tuvo con él por mediación de Serrano Súñer.

En esos pocos días que conocemos de su vida, preludio de la tragedia, nuestro protagonista recibe a jóvenes católicos que intentan convencerle de crear un frente común; encuentra tiempo para burlar la vigilancia de sus escoltas y reunirse con una mujer, cuyo nombre tacha por pudor o miedo; y se cita con Marciano Durruti, hermano menor de Buenaventura Durruti, el mítico líder anarquista. Marciano había pasado del anarcosindicalismo al falangismo. Lo acompañaba Sinforino Moldes, también procedente de la CNT.

El falangista se interesa por el sindicalismo revolucionario, alejándose del conservadurismo con el que se le suele asociar, y expresa su intención de entrevistarse con dos de los anarquistas más importantes del momento: Ángel Pestaña y Diego Abad de Santillán. Durruti actúa de mediador. Hay anarquistas implicados en acciones coordinadas con falangistas, y pronto estarían frente a frente en las trincheras.

"José Antonio Martín Otín se atreve a manifestar que el texto en el que José Antonio anima a la Falange a unirse al alzamiento es falso"

José Antonio Martín Otín se atreve a manifestar que el texto en el que José Antonio anima a la Falange a unirse al alzamiento es falso. El autor se pregunta: “Si en la más recóndita intimidad Primo de Rivera es fiel a su forma de escribir, ¿cómo no serlo en uno de los documentos más cruciales de su vida: el manifiesto de apoyo al alzamiento que le atribuyeron?”. El estilo no concuerda. La claridad sintáctica de los textos joseantonianos contrasta con el barroquismo del escrito antes mencionado. Además, añade, el diario muestra una gran distancia emocional y política con los sublevados.

Detenido el sábado 14 de marzo de 1936, en su despacho de la calle Serrano, lo llevaron a la Dirección General de Seguridad junto a Julio Ruiz de Alda, Raimundo Fernández-Cuesta y otros camaradas destacados. El domingo 15 de marzo, tras declarar ante el juez, fue trasladado a la Cárcel Modelo, acusado de asociación ilegal y tenencia de armas. En junio sería trasladado a la prisión de Alicante, donde fue fusilado el 20 de noviembre.

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John P. Herra
John P. Herra
5 horas hace

Coincido con Petón en poner en cuarentena, como mínimo, el texto en el que José Antonio apoya a los sublevados y que siempre figura en las ediciones de sus obras del régimen de Franco. En esas ediciones hay ‘retoques’, como eliminar la palabra ”democracia’ y sustituirla por una expresión ambigua; eliminar el famoso punto 27 de la norma programática, etc.