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Antártida en los ojos

2048 puede estar igual cerca que lejos, como la Antártida, a la otra punta de la Tierra o sin parangón con la galaxia más próxima. Ese año se cumple la fecha fin del Tratado Antártico, que reconoció a aquel sexto continente como reducto de paz, sin soberanía de ningún país, aunque hace siglos se viviera allí una silenciosa batalla que ganó el noruego Amundsen y perdió el británico Scott, cuya expedición se fue desmembrando a lo largo de interminables millas heladas, que fueron alojando cadáveres en su inmensidad.

La Antártida estalló en los ojos del periodista argentino Federico Bianchini en 2014, pero Libros del KO la trae a España doce años más tarde, así que Bianchini desemboca desde Buenos Aires este mes de junio en la estación de tren para iniciar, en la Feria del Libro de Valladolid, una gira por la península que arranca en aquel entonces, con el aterrizaje de un gigantesco Hércules de camino a la base científica Carlini.

En aquel lugar remoto de paisajes indescriptibles —por periodista que se sea, acostumbrado a relatar escenarios y visiones— conviven profesionales de todo tipo: carpinteros, médicos, cocineros, científicos y militares, como en otras muchas bases a la redonda en las que uruguayos, chilenos, chinos o rusos se esfuerzan en soportar el clima, mientras escarban y bucean la naturaleza congelada de lo inhóspito.

"Bianchini recoge en su relato lo que leyó durante todos esos días de aislamiento en la biblioteca de la base argentina sobre la historia de la Antártida, sus propias vivencias y las anécdotas de supervivencia que le contaron"

La convivencia, confiesa Bianchini —que llegó a la Antártida para diez días con la intención de escribir un reportaje, y tuvo que alargar su estancia hasta casi un mes—, es cualquier cosa menos fácil en aquel recinto cerrado del que la mayor parte de los días es imposible salir, porque allí son solo el viento y el frío los que deciden las vidas humanas, especialmente en invierno, cuando rozar el codo de alguien en el comedor puede ser el detonante de un drama.

Bianchini, autor de Desafiar al cuerpo, Cuerpos al límite y Tu nombre no es tu nombre, recoge en su relato lo que leyó durante todos esos días de aislamiento en la biblioteca de la base argentina sobre la historia de la Antártida, sus propias vivencias y las anécdotas de supervivencia que le contaron.

Explica cómo el buzo Cumil, que se sumergió en las oscuras aguas de la caleta para el proyecto de una bióloga que estudiaba la fotosíntesis de las macroalgas, enfrentó al salir a la superficie a una foca leopardo, un animal de quinientos quilos que había provocado la muerte de otra bióloga británica en 2003.

"Bianchini recoge los titulares de un informe del Comité Científico de Investigación Antártica, preocupado por las capas de hielo que se derriten, por el clima que cambia y por los ecosistemas que se ven afectados"

Cuenta también la historia de supervivencia en plena tormenta de nieve del carpintero Rebollo, la autooperación a vida o muerte del cirujano ruso Leonid Rógozov o cómo la bióloga Marcela Nabte cuenta ojitos de krill, una especie de pequeño langostino traslúcido que engullen los pingüinos, para saber cuántos se comen y cómo evaluar esos datos.

Pero Bianchini se pregunta, además, qué sucederá en 2048, cuando se acabe el tratado de paz sobre la reserva de agua potable más grande de la Tierra, algo que considera “tan impreciso como inquietante” en el continente terráqueo supuestamente reservado a la investigación.

Y se pregunta, también, sobre el cambio climático que hace retroceder a los glaciares y que tantos niegan. Bianchini recoge los titulares de un informe del Comité Científico de Investigación Antártica, preocupado por las capas de hielo que se derriten, por el clima que cambia y por los ecosistemas que se ven afectados.

"Su temor ante la enormidad de lo salvaje y la insignificancia de la voluntad recuerda a las palabras del propio Scott en su diario, dándose por vencido antes de morir"

Subraya que en estos últimos años, en la Argentina y en el mundo ha surgido con fuerza un discurso político que desprecia el conocimiento racional, cuestiona la ciencia y recorta presupuestos destinados a la investigación. Y más aún, que “en ese contexto, impulsados por las redes sociales, los discursos anticientíficos ganaron una visibilidad insólita”.

Justo antes de poder tomar el viaje de vuelta, después de numerosos aplazamientos y otras tantas revisiones de las entrevistas previstas, probablemente temeroso de que su experiencia antártica no encontrara un fin, Bianchini escribe: “Cuando nos vamos a dormir, en el silencio interrumpido de esos cuartos de paredes finas, pienso si podremos volver, si este paraíso natural no se habrá vuelto un lugar siniestro que nos mantiene atrapados”.

Su temor ante la enormidad de lo salvaje y la insignificancia de la voluntad recuerda a las palabras del propio Scott en su diario, dándose por vencido antes de morir, cuando llegó a los 90 grados de latitud sur y supo que Amundsen, su gente y sus perros habían llegado antes.

Estamos en el polo. ¡Dios mío, qué horrible lugar! ¡Es demasiado desalentador haber padecido tanto para llegar y no ser recompensado por la gloria que da la prioridad! Aunque, después de todo, es ya algo haber alcanzado la meta”.

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Autor: Federico Bianchini. Título: Antártida: 25 días encerrado en el hielo. Editorial: Libros del KO. Venta: Todos tus libros.

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