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Diarios. Edición completa, de Iñaki Uriarte

Diarios. Edición completa, de Iñaki Uriarte

Me llegó al correo electrónico, en septiembre de 2025, la nota de prensa de la editorial Pepitas de Calabaza sobre la reedición de los Diarios: Edición completa de Iñaki Uriarte (Nueva York, 1946) y me apeteció pedírsela a la editorial para poder leerlos y reseñarlos. Víctor Sáenz-Díez, el editor, con el que he hablado alguna vez en persona, me la envió hace ya unos meses. Desde hacía años venía oyendo hablar de estos Diarios de Uriarte, un libro que se fue publicando originalmente en tres volúmenes (cada uno de ellos cubría tres o cuatro años de diario) y que, definitivamente, se ha editado en un solo libro, seguido de un epílogo, que también se publicó de un modo independiente. Hacía años que oía hablar positivamente a escritores de estos diarios de un señor que nació en Nueva York, pero vive en Bilbao y veranea en Benidorm.

En las 531 páginas de este libro nos vamos a encontrar con los Diarios de los años 1999 a 2010 y con un epílogo que, de forma mucho más escueta que en los diarios anteriores, muestra anotaciones de Uriarte sin fechas concretas, pero, gracias a algunas acotaciones temporales, el lector sabrá que abarcan casi una década más. En este epílogo nos dará Uriarte algunos datos significativos sobre sí mismo y sus diarios: «Los empecé a los cincuenta y dos años, tras un ingreso hospitalario por una enfermedad grave. Los médicos temieron que fuera la definitiva. Yo nunca lo creí, pero, al volver a casa y cambiar mis hábitos de vida, comencé a escribir estas páginas (¡escribe que has dicho algo!), que se han convertido ya en unas larguísimas últimas palabras». (pág. 493). También leeremos en este epílogo que desde que empezó a publicar —mayo de 2010— casi dejó de hacer anotaciones en su diario. Durante 2009 o principios de 2010, cuando ya sabe que va a salir el primer volumen de su diario en Pepitas de Calabaza, empieza a agobiarse con la idea de que las personas de su círculo lean sobre sí mismas en esas páginas y se enfaden, un problema habitual en la literatura de autoficción. También he leído que Uriarte, una vez que empezó a ser reconocido por sus diarios, empezó a sentir la presión del éxito y esto le impedía sentirse tan libre, a la hora de escribir, como se sentía en 1999 cuando empezó.

A diferencia de los diarios más tradicionales, aquí las entradas no están señaladas con fechas concretas, salvo la anual. De hecho, muchas de las anotaciones no recogen el día a día del autor, sino que son simplemente reflexiones o ocurrencias sobre la realidad, en muchos casos en forma de aforismos.

"También se van filtrando algunos comentarios sobre actualidad política en el diario, sobre todo en relación a la política vasca, pues Uriarte es un habitual de las manifestaciones en contra de ETA"

La primera anotación de 1999 recoge una visita a un hospital. Uriarte no va a contarnos por qué está en ese hospital, pero el lector —antes de llegar a ese comentario final del epílogo del que he hablado— va a comprender que está leyendo las palabras de un hombre que está cambiando sus hábitos vitales. Uriarte nos va a decir que se ha pasado la vida sin trabajar en una oficina, viviendo del alquiler de una casa familiar y publicando reseñas de libros en periódicos. Sin dineros excesivos, pero sin ataduras tampoco. Esta faceta de su vida le va a permitir conocer a algunos de los autores que admira, como a Jaime Gil de Biedma o Enrique Vila-Matas. También sabremos que ha dejado de beber alcohol, pero que tiene un pasado en el que salía mucho, también a diario, y se levantaba muy tarde.

Las reflexiones metaliterarias sobre el propio arte de la escritura y su sentido van a ser abundantes: «Pla dice que hay que escribir como se escribe una carta a la familia, pero con un poco más de cuidado. Aquí voy a hacerlo como si hasta las cartas fueran un alarde de retórica. Como si hablara solo», leemos en la página 11 y primera del diario.

Algunos de sus amigos o familiares va a aparecer aquí con su nombre, como su mujer María o su amigo el escritor Pedro Ugarte, al que sigo en las redes sociales. Pero se referirá a otras personas con la denominación genérica de «X» y esta X puede representar a personas diferentes. En estos casos, suele ocurrir que se critica al tal X o se cuestionan algunas de sus decisiones.

"Uriarte deja constancia en su diario de algunas de sus pequeñas vanidades, como el hecho de querer reflejar en sus páginas sus encuentros con personas famosas, que aparecen en el libro a modo de cameos"

En la página 46, por ejemplo, nos encontramos con varias anotaciones que cumplen la función de aforismos. Recojo algunos como muestra: «Los cambios bruscos de tiempo animan la ciudad. Una granizada, por ejemplo, es excelente para aumentar la cordialidad en el ascensor», «ser guapo ayuda a obtener buenas notas en el colegio. Más tarde, no favorece el reconocimiento intelectual», «escribir tiene un efecto anestésico. Tranquiliza, como una pastilla ansiolítica. Pero, además, produce una cierta embriaguez. Esto hace que, según decía Cyril Connolly, tantos malos escritores no consigan dejarlo».

También se van filtrando algunos comentarios sobre actualidad política en el diario, sobre todo en relación a la política vasca, pues Uriarte es un habitual de las manifestaciones en contra de ETA. Uriarte no es un nacionalista vasco, pero tampoco se siente cómodo con los nacionalistas españoles que desprecian lo vasco. No sabe hablar el idioma vasco, pero no le gusta que nadie lo desprecie.

También iremos conociendo su historia familiar, y sabremos que él nace en Nueva York, donde uno de sus abuelos había emigrado desde España y abierto allí una pensión. No mucho después de nacer, Uriarte vendrá a España, primero a San Sebastián y definitivamente a Bilbao.

"A veces también podemos leer algún mail o algún texto que Uriarte escribió para un periódico, lo que hace que se incremente el abanico de recursos narrativos del libro"

Uriarte deja constancia en su diario de algunas de sus pequeñas vanidades, como el hecho de querer reflejar en sus páginas sus encuentros con personas famosas, que aparecen en el libro a modo de cameos. En muchos casos, el tono de sus escritos es autoirónico, y consigue ser bastante divertido, como cuando habla del tiempo que pasó en prisión por manifestarse en contra de la dictadura y dice de sí mismo que debió de ser el único preso del franquismo que salió de la cárcel con chófer. El tema de los atentados del 11 de marzo de 2004 también dará lugar a comentarios interesantes.

Además de las entradas del diario, a veces también podemos leer algún mail o algún texto que Uriarte escribió para un periódico, lo que hace que se incremente el abanico de recursos narrativos del libro.

También son muy abundantes las citas literarias que recogen los Diarios. Seguramente el autor favorito de Uriarte sea Montaigne y sus ensayos («Supongo que los Ensayos es el libro más importante de mi vida», pág. 364), y este autor debe ser el más citado en todo el libro. También destacará su predilección por Jorge Luis Borges. De hecho, Borges acabará siendo el nombre de un gato que adoptará Uriarte, y cuyas andanzas en la casa familiar serán también uno de los temas recurrentes de estas páginas. Para mí, que también convivo con gatos desde 2021, son páginas agradables. Me hizo gracia el comentario de Pedro Ugarte, uno de los amigos a los que Uriarte deja sus diarios antes de que estén publicados, sobre que ya está harto de leer sobre el gato.

"En principio, los lectores originales de este libro tuvieron que hacer paradas de al menos un año entre las tres entregas originales, más luego el epílogo. Y el género del diario permite, y casi es recomendable, estas pausas"

Creo, y el mismo Uriarte, lo dice que los Diarios que el lector acabará leyendo están muy editados y expurgados respecto a los diarios originales. Uriarte nos dirá que relee mucho lo que escribe y que elimina muchas entradas (primero escribe en un cuaderno y luego lo pasa al ordenador) sobre todo aquellas que recogen estados de ánimo tristes o enfrentamientos con otras personas. Por esto, en muchos casos, como ya he comentado, no hay una idea muy clara de continuidad narrativa. «Leo páginas de años anteriores y las borro. El diario va en contra de mi memoria, que tiende a olvidar los momentos malos. No me interesa que me los recuerde. Esto no es un acta notarial de mi vida», leemos en la página 445.

Durante unos meses al año, María, la mujer, y el autor se desplazarán a un piso que poseen en Benidorm. De hecho, Uriarte también es famoso por su reivindicación posmoderna de esta ciudad de veraneo.

Me han entrado ganas de leer los ensayos de Montaigne. Imagino que algo de la forma de escribir de Uriarte vendrá de ellos. Sí que he descubierto ahora de forma clara a uno de los seguidores de Uriarte: los diarios de Eduardo Laporte.

No he leído el diario de seguido, sino que he hecho tres pausas para leer tres novelas breves. En principio, los lectores originales de este libro tuvieron que hacer paradas de al menos un año entre las tres entregas originales, más luego el epílogo. Y el género del diario permite, y casi es recomendable, estas pausas.

«Yo también pienso que el mundo, la vida, o lo que sea, me ha tratado injustamente. Pero a mi favor», leemos en la página 290 de este libro que, entre cosas, acaba siendo las memorias de un dandy, un caradura simpático, melancólico, inteligente, lector y reflexivo. Una lectura muy gratificante que me ha dejado con ganas de saber más de Uriarte, con el deseo de leer la versión expandida de los años comentados brevemente en el epílogo.

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