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Martín Torres: “Quería dejar medicina para hacerme periodista, quería ser Pérez Reverte”

Martín Torres: “Quería dejar medicina para hacerme periodista, quería ser Pérez Reverte”

Asumimos que a Martín Torres, médico de urgencias de profesión, le ha costado forjar su currículum hospitalario, pero en lo que a literatura de masas se refiere ha llegado y besado el santo. Su debut en la novela, el thriller La Enfermera (Planeta), ya lleva cuatro ediciones en apenas unas semanas y puede considerarse como el éxito del verano. Y es normal. Ya en su primera novela Martín tiene muy claro como trasladar las dinámicas del policiaco a la medicina. Y él mismo es como un motor híbrido que pasa del eléctrico a combustión sin hacer ruido alguno. Habla como médico y como escritor, o en todo caso pasa de una cosa a otra sin que te de cuenta. O quizá estén funcionando los dos modos a la vez, quién sabe.

***

—Al menos en la novela, el hospital funciona como una comisaría de Policía…

—Es curioso, a la gente le gusta ver a profesionales haciendo cosas, te gusta ver el rango del profesional que hace su oficio. El género procedimental nos atrae a todos. Hay profesiones en las que nunca me hubiera fijado y, sin embargo, lo ves en una película o en un libro y te llama la atención. Y la medicina también, igual que el policía, porque además es un lugar muy desconocido, el hospital no se conoce. ¿Qué es lo peor que me ha pasado a la humanidad en las últimas décadas? Pues la pandemia, y sin embargo, no conocemos el hospital por dentro. O no queremos. Pero apenas había imágenes.

—¿En qué se parecen?

"Tiene que resultarle creíble al lector que una enfermera y un médico vayan haciendo preguntas relacionadas con una trama criminal. Por eso los afectados por la trama criminal son pacientes"

—En las jerarquías y los equipos. Y además el diagnóstico, que es el proceso, y la terapéutica, que es el diagnóstico y el tratamiento. El diagnóstico es resolver un caso, y el tratamiento es lo que haces con esa solución. Eso se puede asimilar a una investigación policíaca; al fin y al cabo, es un ejercicio de misterio. Entra un señor por la puerta, al que en urgencias no conocemos. No es como un médico de atención primaria. Tenemos que fijarnos no solo en los síntomas, que es lo que nos cuentan, sino en los signos, que es lo que no nos cuentan pero podemos ver. Y dar con un diagnóstico.

—Pero al margen de eso tiene que haber una acción. Tus médicos salen del hospital y los metes en líos.

—Tenía que procurar que eso también fuera realista. Tiene que resultarle creíble al lector que una enfermera y un médico vayan haciendo preguntas relacionadas con una trama criminal. Por eso los afectados por la trama criminal son pacientes. Y entonces ya cobra sentido, porque además están relacionados con motivos personales.

—Viso me parece un personaje muy Lee Child.

—Sí, es que me gusta ese tipo de personaje, los enmarcas muy rápido en la lucha entre el bien y el mal. Son personajes que para resolver un conflicto, para hacer algo bueno, son capaces de mancharse las manos y hacerlo no solo a través del razonamiento y la inteligencia, sino también de la violencia.

—Cuentas algunas cosas un poco bizarras, que me imagino que provienen de tu experiencia en el hospital.

"El juez es tal vez el personaje que más me ha comentado todo el mundo, y el personaje al que más gente pone cara. Y cada uno tiene un actor. Me han dicho a Zahera, a Hóvik, a Javier Gutiérrez"

—Todo lo que se vea en la novela que sea medicina, un caso clínico, todo es real, novelándolo. Porque tenemos que hacerlo creíble y, sobre todo, ajustarlo a la trama. Tienes que pasar páginas fácilmente para evadirte y disfrutar. Que los casos fueran impactantes, pero que no fueran explícitos. Si a una chica la han asesinado en urgencias, como ocurre en algún momento de la historia, que te impacte o te apene, pero que lo leas disfrutando de lo que estás leyendo.

—Hemos hablado de Viso y Sophie, pero realmente es una novela muy coral.

—Los protagonistas sí que están muy marcados, pero es que tienen mucha importancia los secundarios. Como escritor, también te sorprendes a ti mismo. En el proceso de ir haciendo la trama, el juez y el comisario no iban a ser personajes que durasen tanto a lo largo de la trama, pero creía que funcionaban muy bien. Y que le podían dar mucho peso a la investigación más policial. Algunas preguntas no hubiera quedado creíble que las hicieran el médico y la enfermera, pero sí podían encajar en que las hiciera un policía.

—El juez es Karra Elejalde, no digas que no.

—El juez es tal vez el personaje que más me ha comentado todo el mundo, y el personaje al que más gente pone cara. Y cada uno tiene un actor. Me han dicho a Zahera, a Hóvik, a Javier Gutiérrez.

—¿Cómo se construye la trama de una novela negra complicada, de esas en las que vas a rebufo de la conspiración? Descubrimos las cosas de manera muy fragmentada, como ellos…

—El otro día me preguntaban si tenía chinchetas con hilos rojos y una pizarra en casa y, en realidad, hay unos post-its un poco así, puestos de cualquier manera en el borde de la pantalla, con anotaciones tan simples como “No te olvides de meter una pistola en el capítulo…” Tenía muy definidos los protagonistas, cómo iban a terminar y por qué escenas quería que pasasen para resolverlo. Y tenía que haber dos subtramas porque está la de los fármacos, la del festival de cine y la personal. No había un esquema muy cerrado, pero le iba dando muchas vueltas a las cosas.

—Hablas del Festival de Cine de San Sebastián, pero también algo de esos gurús de la salud mental tan de moda ahora…

—Cada vez hay más gurús. Y a mí me parece que está bien lo que a la gente le ayuda y lo que a la gente le funciona, siempre y cuando no hagas daño. Mientras me digas que para tus arritmias no estás dejando de tomar tus fármacos para el corazón. Entonces, que haya gente con sus terapias que ayude a los demás me parece bien, siempre y cuando no incurras en contradicciones groseras con la ciencia.

—¿Y tú con qué parte más disfrutas, la parte policial o la médica?

"Tener la fortuna de que Planeta se fijara en este proyecto y que la gente lo lea para mí es un premio. Y ahora la cantidad de mensajes que recibimos te llenan de ilusión y de energía para seguir haciendo más"

—Lo que más me gusta es escribir diálogos. Pero entre la parte policial y la parte médica ocurre una cosa. No es que disfrute más una de las dos, es que me ponía mucho más tenso escribiendo la parte médica, por presión. Porque yo quiero que la novela sea divertida. Si yo escribo sobre una cafetería todo el mundo lo va a ver por igual, pero si escribo sobre un hospital y me pongo muy técnico no le va a gustar al público. Y si me pongo muy poco técnico, mis compañeros tienen que también comprar la mercancía. Entonces, encontrar el equilibrio exacto para mí era una responsabilidad. Y estoy muy orgulloso, porque a mis compañeros les ha gustado mucho.

—La novela lleva cuatro ediciones en pocas semanas. Es un éxito. ¿Cómo estás viviendo este desembarco?

—Pues como es la primera novela lo valoro con agradecimiento. Cuando haces algo que sea medianamente artístico es porque a ti te gusta hacerlo, y quieres que la gente se lo pase bien. Tener la fortuna de que Planeta se fijara en este proyecto y que la gente lo lea para mí es un premio. Y ahora la cantidad de mensajes que recibimos te llenan de ilusión y de energía para seguir haciendo más.

—¿Esto significa saga?

—Puede haber más. Puede haber más de los personajes.

—¿No te daba miedo de que el tema hospital echase atrás al público?

—Ya había grandes escritores de cine hospitalario. No aquí, en España. Pero sí que ahí tenemos a Robin Cook, que lleva 40 años, y era médico. O Michael Crichton, que también lo era.

—Entonces faltaba un poco esa respuesta literaria en el thriller médico que en las series de televisión sí existe, desde House a Urgencias

—Las series hospitalarias caen en muchos clichés que no tienen nada que ver con la realidad, y sobre todo van sobre lo procedimental, lo hospitalario. Yo te voy puedo decir a qué huele el pasillo porque lo huelo todos los días. Y eso le da una carga muy profunda de realismo.

—Aparte de las vivencias, ¿quién te ha inspirado?

—Cuando yo era adolescente empecé a leer a Julio Verne en una colección dede verano que te venían dos libros, Viaje a Centro de la Tierra y Las Aventuras de Sherlock Holmes. Compré aquella edición por el libro de Verne, pero acabé fascinado con Sherlock Holmes. Y descubres a Hitchcock, y descubres a otros escritores como Pérez Reverte, que también fue un referente. Fui adolescente y luego universitario, y quería dejar medicina para dedicarme a ser periodista porque quería ser Pérez Reverte. Últimamente leo mucho a Don Winslow, tiene unos diálogos crudos, unas historias muy realistas. Michael Connelly y Lee Child también los disfruto mucho. Pero cuando te gusta la novela negra el referente, la base, son Raymond Chandler y Dashiel Hammett.

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