Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Jueves, 30 de julio de 2026: El periplo de Baroja
El mar revuelto bajo la nubosidad de la mañana tenía un color brumoso, turneriano. Baroja, en su banco, pensó que se entendía que la imaginación fantástica fuera terreno privativo de los nórdicos. En paisajes así reinaba la sugerencia. La luz meridional y mediterránea, intensa, cruel, no dejaba más opción que el crudo realismo.
Pero resultaba deprimente vivir en el hotel del Petit Pont con tanta precariedad. No había tenido tiempo de traer ningún equipaje. Podía escribir, pero echaba en falta la magnífica biblioteca de Itzea, su casa en Vera de Bidasoa. Y seguía alterado.
El Alzamiento lo pilló de vacaciones en Itzea. Pocos días antes, su sobrino Julio daba una conferencia en San Sebastián sobre procesos de brujería en la región. Al rato, un teniente de carabineros los visitó para aconsejarles que fueran a Francia. Por la radio habían seguido los partes de la sublevación. Por fin, al mediodía, los despertaron a gritos los vecinos:
—¡Han entrado los requetés en el pueblo! ¡Viva Cristo Rey!
Por la calle desfiló una treintena de hombres tocados con boina roja, fusil al hombro. Los tradicionalistas ocuparon el Casino republicano en el barrio de Alzate. Sacaron papeles y libros a la calle y les prendieron fuego. Los Baroja, que habían visto a los milicianos quemar en Madrid la Enciclopedia, no le dieron importancia.
Uno de los policías de Vera visitó a Pío para anunciarle que una columna del requeté llegaría por la localidad vecina de Lesaca: a lo mejor le interesaba presenciarlo. Su médico propuso acercarse y después ir al pueblo de su mujer, que andaba delicada de salud. Juntos vieron pasar una columna de setecientos hombres en varios camiones. Por el camino de vuelta a Vera, su médico, que tenía prisa, iba adelantando camiones cuando, de manera imprevista, alguien reconoció a Baroja y los mandó detenerse.
—Ese del coche ha colaborado con el Gobierno republicano —dijo—. Es un viejo miserable que habla mal en sus libros del rey y la religión. Lleváoslo a Vera, y si hace el más mínimo gesto, le pegáis un tiro.
Vigilados por requetés, Baroja y sus acompañantes acabaron en la cárcel de Santesteban. A las dos de la madrugada el oficial tradicionalista, un comandante de Estado Mayor, hombre de porte distinguido y buena educación, los puso en libertad y regresaron a Vera, donde ya estaban Ricardo Baroja y su mujer. Tras discutirlo, Pío comprendió que no quedaba más remedio que irse a Francia. Lo hizo a pie, sin equipaje. La frontera estaba a cinco kilómetros. Anduvo por la carretera hasta que le paró un francés que regresaba a su país. Pero antes de cruzar la frontera apareció un carabinero que ni siquiera le pidió la documentación.
—Usted es Pío Baroja. He leído que estaba preso. ¿Adónde se dirige?
—A tratar de meterme en uno de esos caseríos de por ahí hasta que aclare el nublado.
El carabinero no se dejó engañar.
—¡Bah! Usted lo que intenta es pasar a Francia. Venga, vaya, que no quiero hacer mal a nadie.
Algo después, Baroja se instalaba en el hotel-restaurante del Petit-Pont de San Juan de Luz, desde donde se solía acercar a Biarritz, a Hendaya o Irún para ver movimientos de españoles e interesarse por la situación. A su nuevo alojamiento llegó una maleta pequeña: su familia le enviaba ropa. Los periodistas franceses y representantes de grandes agencias de prensa se interesaban por sus opiniones sobre la contienda.
Hoy estaba solo de nuevo. Miró el mar. Las diez de la mañana. Hora de volver a su habitación y ponerse a trabajar. Se puso en pie. Se encaminó de vuelta a su alojamiento. Allí escribiría el primero de los artículos que le pedía La Nación de Buenos Aires, su auxilio económico en el destierro.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: