Esta novela transporta al lector a la Groenlandia a comienzos del siglo XX para conocer a la joven Arnarulunguaq, que se convertirá en una heroína del pueblo inuit al acompañar a Rasmussen en su célebre viaje por Groenlandia. Un libro apasionante sobre etnografía, historia y exploración polar.
En Zenda ofrecemos el Prefacio de La hija del gran invierno (Nórdica), de Isabelle Autissier.
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PREFACIO
Arnarulunguaq existió realmente. Sin embargo, este libro no pretende ser una biografía. Los testimonios que la retratan son escasos y breves. No es sorprendente, en una época en la que los autóctonos eran considerados meros figurantes de las aventuras de europeos y norteamericanos. Cada expedición tiene su lote de acompañantes inuits, a menudo parejas, en las que uno se dedica a la caza y el otro a preparar las comidas y la ropa. A veces, los relatos occidentales mencionan a ciertos hombres por sus cualidades excepcionales como guías y cazadores, o relatan anécdotas supuestamente destinadas a divertir a los lectores, subrayando la extrañeza de sus costumbres, su credulidad y su carácter primitivo. En cuanto a las mujeres, simplemente cuesta conocer siquiera sus nombres. Knud Rasmussen y Peter Freuchen, los dos únicos daneses que evocaron la existencia de Arnarulunguaq, apenas fueron más allá, aunque ella resultó indispensable en sus tribulaciones. Con todo, fueron los primeros en compartir por extenso y de manera tan íntima la vida de estos pueblos del noroeste de Groenlandia, y lo hicieron con un sentido de la equidad y del respeto notable para la época.
Su destino revela sus singularidades. La niña inuit, nacida en un iglú, condenada a una vida oscura de mujer de cazador, será una de los protagonistas de la famosa Quinta Expedición de Thule. Durante tres años recorrerá con Rasmussen el Ártico canadiense, donde realizará un verdadero trabajo etnográfico que va mucho más allá del papel tradicional que le estaba destinado.
Arnarulunguaq es un símbolo. Cuando ella nace, a finales del siglo xix, el norte de Groenlandia aún es una tierra libre. Los daneses solo han afirmado su soberanía en el sur del país. Únicamente algunos cazadores de ballenas o exploradores hacen breves incursiones por allí. El trueque solo ha contaminado la vida tradicional de forma limitada. Sus años de vida adulta estarán marcados por el descubrimiento de las ideas, las técnicas y las herramientas europeas. En primer lugar con Rasmussen y Freuchen en la década de 1920, y luego con otros blancos que los siguieron. Con estas llegadas comienza una inmensa aculturación para los pueblos del Gran Norte. Por un lado, obtienen de ella medios de subsistencia suplementarios que, poco a poco, alejarán los trágicos episodios de hambruna. Por otro, los saberes ancestrales empezarán a olvidarse y, con ellos, sus tradiciones e imaginarios. La joven, elogiada por su inteligencia, no puede haberlo ignorado. Pero yo he interpretado libremente su cuestionamiento.
Por necesidades del relato, me he inspirado en algunos escritos que dan cuenta de los usos y costumbres de los diferentes pueblos, así como de sus representaciones del mundo. Los etnólogos expertos encontrarán en él muchas imprecisiones y errores que tendrán a bien perdonarme. De igual modo, la recreación de la Quinta Expedición de Thule no se ajusta exactamente al libro de Knud Rasmussen.
Al sumergirme en los textos, me impactó la extraordinaria adaptación de estos pueblos a las condiciones de vida extremas, su capacidad para sacar partido de todo. Lejos de la vida idílica que imaginamos en razón de la proximidad con la naturaleza, lo que se describe es más bien una lucha y angustias constantes. Este combate perdido a menudo por los humanos explica, sin duda, por qué las técnicas europeas se impusieron rápidamente. Pero estos relatos hablan también de la belleza y el apego de los inuits a sus tierras, de la felicidad que sienten al recorrerlas, de su amor por la vida animal y de su respeto a cada bestia, considerada individualmente como un miembro de la comunidad. También encontramos allí el eco de su alegría de vivir, de su sentido de la fiesta y de su humor.
En una época en que el cambio climático y las ansias económicas o geoestratégicas impactan un poco más si cabe a los pueblos del norte, la resiliencia y la inteligencia de sus antepasados podrán servirnos a todos de brújula.
Este libro es, pues, antes que nada, un homenaje. Muchas mujeres, guerreras o poetas, científicas o aventureras, atravesaron la época que les tocó vivir, lucharon, pensaron, y lo lograron en medio de la indiferencia o las burlas. Aunque sea tenue, la huella de Arnarulunguaq no debe olvidarse. Sigue siendo inspiradora.
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Autora: Isabelle Autissier. Titulo: La hija del gran invierno. Traducción: Íñigo Jáuregui. Editorial: Nórdica. Venta: Todostuslibros.


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