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Antídotos contra la cutrez

Antídotos contra la cutrez

Con una espléndida portada del arquitecto portugués Álvaro Siza, escoltado y apadrinado por cuatro excelentes prólogos, a cargo del director del diario La Verdad, Alberto Aguirre, el novelista Miguel Ángel Hernández, el filósofo Francisco Jarauta y, finalmente, el profesor y crítico literario Pozuelo Yvancos, Antonio Arco, que es periodista, poeta, crítico teatral y, sobre todo, uno de los mejores redactores de cultura de nuestro país, recopila en un único volumen más de medio centenar de entrevistas que ha llevado a cabo en estos últimos años, desde el inicio del presente siglo hasta ayer mismo. Como apunta Jarauta en su texto preliminar, la fuerza de tales entrevistas, para las que se requiere un lector dispuesto a no ser un mero espectador pasivo, sino un auténtico cómplice participativo, “radica en su forma de preguntar, de construir la relación con el otro”, por lo que, en todas ellas, “asoma el temblor humano”.

Arco es ya bien conocido y respetado en los ambientes periodísticos, y los personajes a los que suele entrevistar (escritores, pintores, actores, filósofos, profesores, fotógrafos, diseñadores, arquitectos, pensadores, científicos y vividores; rara vez políticos) hablan de un nuevo estilo, de un nuevo modo de enfrentarse con un interlocutor que, sin apenas ruido, crea el ambiente preciso para sentirse bien y sacar a la luz las verdades del barquero. Así lo expresa otro periodista experimentado, su propio director del periódico donde trabaja, Alberto Aguirre, quien deja claro que el mayor secreto de Antonio radica en el hecho de explorar los territorios emocionales y de pensamiento.

"Resultan especialmente emotivas las palabras, que quedan aquí como un tesoro para las generaciones venideras, de aquellos personajes que ya no están entre nosotros."

Entrevistas muy diversas y de temas muy variados, puestas sobre el papel en orden alfabético (desde el poeta José María Álvarez a otro poeta como  Luis Antonio de Villena, pasando por Canogar, Alberto Corazón, Agustín García Calvo, Juan Genovés, Antonio López o Nélida Piñón), pero, aun así, complementarias, como si el responsable de las mismas hubiera logrado, no por arte de magia, sino apelando a su inteligencia, al sentido común y a un trabajo bien planificado, ahormar y aunar un amplio y rico mosaico con el que se nos ofrece, con sorprendente limpieza y nitidez, una visión actual del mundo, el demonio y la carne.

A Emilio Lledó, por ejemplo, le pregunta sobre el cotilleo y el morbo como sistema de huida en la época actual. A lo que el conocido filósofo español, formado en Alemania, responde: “Hay una catarsis de la cutrez. El cotilleo rastrero es una condena, una especie de pequeño infierno humano, y permitirlo, sólo porque nos entretiene, es de una gran pobreza”. Páginas más adelante, un novelista del siglo XXI como Arturo Pérez-Reverte, apela, como antídoto contra ese cotilleo rastrero del que se alimentan, sobre todo, los medios televisivos, a la lucidez, “el único reino posible para un adulto consciente”.

Resultan especialmente emotivas las palabras, que quedan aquí como un tesoro para las generaciones venideras —si es que aún queda alguien que quiera seguir leyendo—, de aquellos personajes que ya no están entre nosotros, y que han dejado una huella indeleble con sus libros, con su ejemplo. Son los casos, entre otros, del inolvidable José Luis Sampedro, cuyo titular es harto significativo: “Ser buena persona es lo más importante de la vida”. Y también de José Hierro, quien pocos meses antes de morir, en la entrevista que ahora se nos ofrece, seguía apelando a la poesía como alimento necesario, nunca por cojones, aclaraba. O de Julián Marías quien, en su entrevista fechada en el último año del siglo XX, como si adivinara lo que estaba por venir, hacía un llamamiento a la tolerancia, “manteniendo las discrepancias, discutiéndolas, afirmando las posiciones particulares, pero en convivencia y fraternidad”.

"Antonio Arco, como afirma Pozuelo Yvancos en la parte que le corresponde, sabe distinguir la paja del grano, yendo a lo fundamental y dejando de lado lo superfluo."

Un auténtico desfile y no precisamente de carrozas, sino de personajes de auténtico lujo que con su ejemplo, con sus libros, sus poemas, sus cuadros, sus diseños, sus inventos o sus teorías filosóficas, nos han invitado a pensar, a desentrañar los misterios de nuestra existencia, a estar más preparados ante el panorama, no del todo halagüeño, que se avecina.

Brillan por doquier las frases geniales y sentenciosas, polémicas en no pocas ocasiones, como cuando el artista Valcárcel Medina asegura que el Guernica es un cuadro para ser destruido. O cuando Pepe Lucas, el pintor ciezano, aboga, tajante, sin cortarse un pelo, por la desaparición de todas las religiones, “porque no valen más que para coartar la libertad del hombre”.

Antonio Arco, como afirma Pozuelo Yvancos en la parte que le corresponde, sabe distinguir la paja del grano, yendo a lo fundamental y dejando de lado lo superfluo, hasta darle a su obra una “dimensión de lo socrático”. No diré, para no caer en los consabidos tópicos, que el libro de Arco es una obra necesaria, como tantas otras de las que ya nadie se acuerda. Pero de lo que no me cabe la menor duda es de que En qué estábamos pensando es uno de esos títulos que conviene tener siempre a mano y desempolvar de vez en cuando para comprobar cuánto hay de verdad en aquellos pronósticos que dejaron plasmados sobre el papel las mentes preclaras de este más de medio centenar de personajes que han contribuido, y de qué manera, a aplacar nuestros miedos, a sentirnos menos solos en el mundo.

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Autor: Antonio Arco. Título: En qué estábamos pensando. Antes y después de la crisis. Editorial: Cendeac. Venta: Casa del libro