El poeta está en la silla y no se encuentra cuando todos hablan. Zviad Ratiani fue encarcelado por la política.
Ratiani cumple dos años de condena y se encuentra en prisión desde el 23 de junio de 2025. A Mzia Amaglobeli, también en prisión desde entonces, le fue concedido el Premio Sájarov para la libertad de conciencia.
Tal vez los escritores de la lengua española que hemos participado en el festival, aun estando avisados de la ausencia del poeta Ratiani, no pudiéramos realmente comprender —no del todo— la situación política en la que se encuentran nuestros anfitriones, personas como nuestro editor, el cuentista Zviad Kvaratskhelia, cuya detención trascendió gracias a la grabación con su móvil de la editora y presidenta de la Asociación Mundial de Editores, Gvantsa Jobava, que viajaba con él en su coche en aquel momento. Por eso ha sido todo como en un sueño, tanto para nosotros, que flotábamos entre lectores y espectadores, sin constancia de lo que sucede políticamente en el país salvo por los discursos de los escritores georgianos y la presencia ausente de Zviad Ratiani, como para los georgianos, que no daban crédito, no sabían cómo Lana Kalandia, la traductora de Mario Vargas Llosa y tantos otros, había conseguido organizar algo así, contra todo pronóstico.
Los escritores seguimos siendo de los primeros en sufrir en nuestros huesos las represalias tiránicas. Por algo sucede, y todos lo sabemos. El poder ilegítimo tiene un serio problema con la verdad y todos sus matices, y la verdad es el oficio de los escritores, la cuestión exacta en la que el poder no nos soporta cuando disentimos. Incluso cuando estamos equivocados, los escritores proponemos y encarnamos una vocación de verdad que es refractaria a la política de los autoritarios a los que nos oponemos. Las ficciones del poder son mentira incluso cuando no son las del oligarca, el cacique, el dictador. Después de las dictaduras, las mentiras del poder quedan expuestas al aire. Mientras, en las obras literarias de los escritores opositores, la verdad prevalece —y también en las obras de los afines al poder, por cierto, porque esa es la naturaleza de las obras literarias, salvo que alguien las pervierta—. Los poderosos dictatoriales no soportan la victoria inevitable de las obras de los escritores que se les oponen. Zviad Ratiani ya venció al poder autoritario, en sus poemas, con su sola obra literaria, y eso es insoportable para el poder autoritario. Ratiani ya ha dicho la verdad y los dirigentes autoritarios no pueden escapar a la mentira de sus discursos y sus acciones. La mentira les perseguirá para siempre. En ambos casos, se trata de un destino: el de los poetas y el de los malos gobernantes.
Por ello, en el Festival Iberoamericano, otros escritores georgianos, sin usurpar el lugar del poeta, hablaron alto y claro, al hacerlo sobre todo de literatura: de poesía, de cuento, de novela, de traducción, aunque algunos ya han tenido problemas con el gobierno y se han visto encarcelados o padeciendo distintas consecuencias. No hay mayor acto de libertad que, ante el afán totalitario, hablar de literatura, y así lo hicieron también los escritores recientemente traducidos al georgiano, el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, que bien sabe de países robados por sátrapas y no pocas veces lo ha reflejado en sus obras, y el mexicano David Toscana, que ha visto traducida precisamente su novela sobre los polacos que padecieron a Hitler y a Stalin (georgiano, por cierto).
La primera vez que visité Georgia para un acto literario, en 2019, conocí a Lana Kalandia y su deseo de realizar un festival que acercara a las letras en español y a las letras en georgiano, como el que finalmente, en 2026, ha conseguido celebrar con la ayuda inestimable de Natasha Lomouri, ex directora de la Casa de los Escritores y actual presidenta del Pen Georgia. El tiempo transcurrido habla por sí mismo. No ha sido fácil. He podido observar cómo cada año se iba complicando la situación política del país y cómo la posibilidad del festival de la literatura iberoamericana y de los escritores georgianos que quieren salir al mundo del español parecía alejarse. El éxito ha sido tal, con la colaboración de jóvenes estudiantes de español y numerosas hispanistas y traductoras, que no me cabe la menor duda de que habrá un segundo encuentro.
La literatura siempre ha sido la narración de nuestras violencias, las violencias del ser humano, porque es ser libres lo que más necesitamos, y ser libres es serlo de violencias: que el poeta Ratiani esté donde y cuando debe estar, o que no lo esté, como es el caso; eso es lo que importa y por eso hay que señalarlo.
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Nota:
Festival Iberoamericano de Literatura. Tbilisi, Georgia, 11-15 de mayo de 2026.
Por Georgia participaron: el escritor y crítico Rostom Chkheidze, el poeta Paata Shamugia, el poeta Shota Iatashvili, la cuentista Rusudan Rukhadze, la poeta Nato Ingorokva, el narrador y dramaturgo Dato Turashvili, la novelista Tamta Melashvili, el escritor y dramaturgo Lasha Bugadze, la guionista Keti Devdariani, el editor y narrador Zviad Kvaratskhelia, la profesora e investigadora Bela Tsipuria, la editora Gvantsa Jobava, la hispanista Ketevan Khuskivadze, la periodista y traductora Tea Gvasalia, la traductora Ana Kopaliani y la hispanista y traductora Nino Pipia.
Por Iberoamérica participaron: el novelista David Toscana (México), el narrador Juan Carlos Méndez Guédez (Venezuela), el poeta Rodolfo Häsler (Cuba), la editora y traductora Valerie Miles (EE.UU.), el novelista Jorge Eduardo Benavides (Perú), el narrador Nicolás Melini (España), el poeta Aurelio Major (México), el diplomático y traductor Marcos Granados Gómez (España), el escritor y director del Instituto Cervantes de Estambul Fernando Vara de Rey (España), y la Compañía Nacional de Teatro Clásico.


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