La primera novela de Loreto Ares trata de responder a estas preguntas: ¿Y si fuera posible hacer conversar diferentes momentos de una misma vida? ¿Y si ese espacio suspendido donde se pliega el tiempo, donde conviven todas las versiones de una misma entre el infinito y el abismo, fuese… un chat del teletexto?
En este making of Loreto Ares cuenta cómo escribió santa y mártir (Disbauxa).
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mapa de puntos
Imagina uno de esos mapas de puntos que son numeritos que vas siguiendo y que de repente ¡bum! la silueta de un perro, el trazado de una casa, un paisaje con sus nubes y sus tejados. Yo estaba segura de que la diseñadora de estos pasatiempos dibujaba primero la imagen final y, a continuación, eliminaba los trazos y marcaba los puntos, señalaba el orden.
Y mientras me peleaba con el resultado del pasatiempo, yo seguía escribiendo, un ratito cada tarde al terminar de trabajar, eligiendo escenas como quien elige postales, tecleando como quien elige palabras que enviarle a un ser querido desde un paisaje familiar y desconocido al mismo tiempo.
Quería saber qué responder cuando me preguntaran de qué va la novela. No lo sé, no sé de qué va, no sé cómo resumirlo. Ahora he entendido que no tiene por qué ir de una sola cosa. Es una novela de lesbianas (de bolleras), es una novela de gordas, es una novela de locas, es un coming of age. Sobre todo, sobre todo, es una novela de amor.
Poco a poco dejé de jugar con postits y con esquemas porque entendí que mi pelea tenía mucho que ver con la de la protagonista de la novela: un esfuerzo atávico por darle un sentido a una vida que está construida a base de cachitos. Mi escritura ha sido un ejercicio de resistencia ante la tiranía del significado. La historia no ocurre en los puntos sino en los espacios en blanco que los separan. No hay números y la línea no está trazada, para que cada lectora encuentre un dibujo. Dejo aquí todas las postales que os he enviado, ahora dad un paso atrás y observad el cuadro.
Me esforcé también por buscarle un sentido a algunas de las decisiones estilísticas que tomé: una tremenda tacañería con los signos de puntuación, un uso insolente de las minúsculas, cierta inconsistencia en la forma de indicar los diálogos… No lo encontré. Aun así, me mantuve en mis trece. Lo leía y releía y sabía que tenía que ser así. Está siendo muy bonito descubrir que muchas lectoras están encontrándole a estos recursos el sentido que yo no logré articular.
“la fase de corrección”
Durante todo el proceso de escritura, pospuse muchas decisiones a ese otro momento que sería “la fase de corrección”. Aquí falta algo, pensaba. Bueno, ya lo añadiré en la fase de corrección. Esto aquí no tengo claro por qué lo he puesto, pensaba. Bueno, ya lo repensaré en la fase de corrección. Con un poco de pudor confieso que la famosa fase de corrección duró aproximadamente una semana.
Leí una sola vez la novela completa, edité algunas palabras y expresiones, y preparé cinco copias malamente encuadernadas para cinco personas queridas. Quedé con ellas días después para que pudieran darme sus impresiones. Recibí las copias llenas de subrayados, interrogantes, corazoncitos y asteriscos. Su respuesta fue importantísima y, además, tremendamente contradictoria. Demasiadas citas, comentaba una. ¡Me encantaron las citas!, celebraba otra. Esto lo explicas muy poco, decía una. Ay, esto lo explicas demasiado, planteaba otra.
Reconozco que, por tanto, no hice caso a muchas de sus sugerencias. Si no se ponen de acuerdo tendré que hacer lo que me pida el cuerpo, pensaba. Eso sí, a todas les preguntaba: “Lo importante: no voy a hacer el ridículo, ¿no?”. “Que no, boba”, me repetían. Me agarré a sus palabras.
el archivo, la ficción, la verdad
Mi escritura también es archivo y puzzle y juego. Llevo tantos años escribiendo esta novela que algunas de sus líneas las firmé con seis años. Precisamente porque mezclo mi vida con esa enciclopedia lectora a lo Umberto Eco que activo en cada cita, porque imagino e invento y a la vez parto de detalles cotidianos que me resultan tan cercanos, por todo ello me han preguntado muchas veces si santa y mártir es autoficción.
Yo aún no tengo una respuesta porque no sé exactamente lo que esa palabra significa. Javier Cercas, Javier Marías, tantos escritores escriben autoficción y no lo denominan así desde la crítica. Como todo proceso creativo, la escritura se nutre de nuestras experiencias para construir otras cosas. Cuando esas cosas se consideran relativas a las vidas de colectivos minorizados, lo llaman autoficción. Como dijo Alana Portero en E. L. Queer, el encuentro literario que organiza la librería Mary Read en el Museo Reina Sofía de Madrid, «yo no escribo desde los márgenes, escribo desde mi centro».
Las personas queer tenemos derecho a la ficción. Cuando hemos vivido violencias a lo largo de nuestra vida, tendemos a obsesionarnos por la veracidad de nuestros relatos, por convencer y convencernos de que el dolor que nos han infligido es real, por decir la verdad en un contexto en el que somos constantemente cuestionadas. La primera vez que escribí algo que no había ocurrido sentí una enorme liberación. ¡Esto se puede hacer!, descubría fascinada. Ficcionamos e inventamos e imaginamos construyendo futuros que podemos habitar. Mentimos para decir la verdad.
mi escritura no es un acto solitario
Durante una de las presentaciones de la novela, tras una conversación intensa y emotiva y la lectura de algunos fragmentos igual de intensos y emotivos, una mujer me preguntó si me divertía escribiendo, porque esa era la sensación que daba al leerme. Me encantó la intervención, porque es cierto que en santa y mártir hay mucho humor y mucho disfrute, porque también hubo humor y hubo disfrute durante el proceso de escritura.
Para mí, escribir no es un ejercicio ni triste ni solitario. Escribo acompañada de las series que tengo de fondo (hola, Rory, hola, Lorelai, hola, Buffy, hola, invitados de First Dates). Escribo acompañada de otros libros. Escribo acompañada de las amigas y de mi novia que leen los fragmentos que les envío. Escribo acompañada de la comunidad de Escritoras Peligrosas que facilita Gloria Fortún y a la que pertenezco con mucho orgullo. Escribo para leer luego en voz alta lo que he escrito. Me lo leo a mí misma, se lo leo a mi novia, lo leo en clase, se lo leo a mis amigas. Han sido varias las personas que me han confesado que leyeron la novela por las noches, en la cama, compartiendo en voz alta con sus parejas. No podría aspirar a un formato de lectura más precioso para santa y mártir, la verdad.
y tiemblo, pero escribo
En un momento de la novela, la protagonista recupera las ganas de escribir que había perdido: «Ariadna vuelve a coger el bolígrafo, porque no tiene que escribir la próxima novela generacional y porque tampoco va a hacer ya el ridículo. O a estas alturas eso no es tan importante. Otra vez siente cosquillas en el cráneo. No hay nada malo en escribir con las manos temblorosas. Las grietas en su voz cuando se rompe es precisamente el lugar desde el que habla».
Así, como Ariadna, con las manos temblorosas, escribo.
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Autor: Loreto Ares. Título: Santa y mártir. Editorial: Disbauxa. Venta: Todos tus libros.


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