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Ilíada, de Homero

La presente traducción de la Ilíada está basada en la edición crítica que el conocido filólogo Martin L. West preparó en su momento. Además, el autor ha tenido a la vista la edición de José García Blanco y Luis Miguel Macía, publicada en la Colección Hispánica de Autores Griegos y Latinos que edita el CSIC.

En Zenda ofrecemos las primeras páginas de la Ilíada (Abada), de Homero, en edición de F. Javier Pérez.

***

Canta, diosa, del Pelida Aquiles la cólera

mortífera, que mil dolores produjo a los aqueos,

arrojó al Hades innúmeras almas valientes

de héroes y a ellos los convertía en presa de perros

y festín de aves, se cumplía el designio de Zeus,

desde que por primera vez se separaron riñendo

el divino Aquiles y el Atrida señor de guerreros.

¿Qué dios empujó a los dos a pelearse con ira?

El hijo de Leto y de Zeus, que, con el rey enojado,

provocó mala peste por el campamento, y morían las huestes,

porque al sacerdote Crises había deshonrado

el Atrida. Pues llegó él a las raudas naves de los aqueos

a rescatar a su hija, llevando regalos sin cuento

y sosteniendo en sus manos las ínfulas de Apolo flechero

en lo alto de áureo cetro, y a todos los aqueos suplicaba,

pero sobre todo a los dos Atridas, guías de huestes:

«Atridas y demás biengrebados aqueos,

ojalá os den los dioses que tienen mansiones olímpicas

destruir la urbe de Príamo y volver a casa con bien;

pero devolvedme a mi hija y aceptad el rescate,

por temor a Apolo flechero, hijo de Zeus».

Todos los otros aqueos en verdad acordaron entonces

respetar al sacerdote y aceptar el opulento rescate;

mas no le agradó al Atrida Agamenón en su ánimo,

sino que lo echó de mala manera y amenazó con cruel improperio:

«Viejo, que yo no te encuentre junto a las cóncavas naves,

bien porque ahora te quedes o porque vuelvas de nuevo,

pues entonces ni las ínfulas del dios te valdrán ni su cetro.

A ella no voy a soltarla; antes le llegará la vejez

en mi casa, en Argos, lejos de su patria,

aplicada al telar y compartiendo mi lecho.

Conque vete, no me irrites; así volverás más a salvo».

Tal dijo; sintió miedo el viejo, obedeció su palabra

y por la orilla del mar estruendoso se fue en silencio.

Pero luego, ya lejos, grandes ruegos hacía el anciano

al soberano Apolo, a quien parió Leto de hermoso cabello:

«Escúchame tú, arco de plata, que a Crisa proteges

y a Cila divina, y con poder señoreas en Ténedos,

Esminteo; si un día cubrí para ti un templo agradable,

o si quemé alguna vez en tu honor muslos grasientos

de toros y cabras, cúmpleme ahora este deseo:

que con tus flechas paguen los dánaos mis lágrimas».

Tal dijo suplicando; lo escuchó Febo Apolo

y de las cumbres del Olimpo bajó con el corazón enojado,

el arco al hombro llevando y la aljaba de doble tapa;

y resonaban los dardos sobre los hombros del colérico

dios en su marcha; y él semejante a la noche avanzaba.

Lejos de las naves sentose luego, una aguda saeta arrojó

y un horrible chasquido brotó del arco de plata.

Contra los mulos y rápidos perros tiraba primero,

mas luego, agudo dardo apuntando, también contra ellos

tiraba; y espesas piras de muertos ardían sin pausa.

[…]

————————————

Autor: Homero. Título: Ilíada. Traducción: F. Javier Pérez. Editorial: Abada. Venta: Todos tus libros.

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Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
8 horas hace

Imagino que el traductor es el gran helenista venezolano Francisco Javier Perez