Se publica por primera vez en lengua española este libro que recorre el desarrollo de la leyenda artúrica desde sus primeras fuentes hasta su madurez medieval, revelando además su valor simbólico en el imaginario cultural europeo.
En Zenda ofrecemos las primeras páginas de La figura de Arturo (Abada), de Charles Williams, en edición a cargo de M. Ángel Martínez Cabeza y Rafael J. Pascual.
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LOS COMIENZOS
El punto de partida del mito de Arturo no hace la menor mención, en su primer momento, al rey. De hecho, ni siquiera pone nombre al héroe. Tiene lugar en las páginas de un tratado escrito por un monje a mediados del siglo VI. El nombre del monje era Gildas, y el título de su obra De Excidio [et Conquestu] Britanniae. El libro está compuesto en gran medida a base de sermones a los britanos y de acusaciones a sus malvados reyes, pero van precedidos de una breve historia de Britania desde la llegada de los romanos. Incluye la retirada de los romanos, las invasiones sajonas y las guerras entre sajones y britanos. Los britanos son derrotados casi siempre –muchos de ellos resultando muertos, algunos hechos esclavos, y otros convertidos en fugitivos ocultos en las montañas o exiliados en ultramar– hasta que encuentran un caudillo llamado Ambrosio Aureliano, descendiente de una familia patricia romana que había carecido de protagonismo hasta este momento de crisis. Ambrosio logró algunas victorias frente a los sajones y estableció con ellos un cierto equilibrio precario en el campo de batalla. «Las batallas», escribe Gildas, «eran ganadas unas veces por mis compatriotas y otras por el enemigo». Este estado de cosas se mantuvo hasta la obsessio Badonici montis, el asedio del monte Badon. «Aquí sucedió lo que sería la derrota última –aunque no por ello menos importante– de nuestros crueles enemigos». Gildas añade que su propio nacimiento se produjo por aquel entonces, y menciona un período de cua renta y cuatro años y un mes; aunque los estudiosos están divididos entre quienes sostienen que dicho período termina en la batalla y los que apuntan que comienza a partir de la misma. Suponer esto último refuerza más el mito.
En la época en que escribe Gildas, sin embargo, otra generación veinte o treinta años más joven que él se ha hecho adulta sin haber conocido el peligro o la liberación, y –como siempre se dice de las generaciones más jóvenes– con peor comportamiento. «Las leyes», expresa Gildas con la voz de un hombre de casi cincuenta años, «se hallan ahora sacudidas y puestas del revés, y ya no hay virtud en ninguna parte». Elabora este tema en el resto de su obra proporcionando –debe admitirse– una serie de evidencias horrendas.
Con todo, Gildas nos da una imagen de la invasión de Britania por parte de los sajones hasta que los britanos, reagrupados al mando de un caudillo de ascendencia romana, los rechazan y se preparan para el asedio del monte Badon, después del cual los sajones serán incapaces de rehacerse. Los conflictos en la época de Gildas no surgen tanto de estos últimos como de las guerras civiles entre compatriotas. Los descendientes de Ambrosio Aureliano, a quienes Gildas considera unos degenerados, siguieron siendo capaces de hacer frente a los paganos de allende los mares. Sin embargo, en toda esta historia no hay una palabra sobre Arturo.
El nombre aparece por primera vez cuatro siglos más tarde, y todavía no es el de un rey. En el siglo IX, otro monje llamado Nennio redactó una historia similar, si bien más detallada. Su historia relata la llamada del britano Vortiger a los sajones, liderados por Henguist y su hermano Horsa; el matrimonio entre Vortiger y Rowenna, hija de Henguist; las sucesivas llegadas de los sajones en masa; el estallido de la guerra y la derrota de los britanos. También habla de un contraataque, pero liderado por Vortimer, hijo de Vortiger. Más adelante menciona a Ambrosio, pero como «un rey entre los reyes de los britanos». La guerra continúa con desesperación hasta que surge un nuevo héroe. Nennio lo narra así:
Entonces Arturo luchó contra los sajones al lado de los reyes de los britanos, aunque él fue quien estuvo al mando en los combates. La primera batalla se libró en las orillas de un río llamado Glein. Las cuatro siguientes tuvieron lugar a orillas de otro río llamado Dubglas, en la región de Linnuis. La sexta fue junto a un río llamado Bassas. La séptima fue en el bosque de Celidon, el lla mado Cat Coit Celidon. La octava junto al fuerte de Guinnion, en la que Arturo llevó a hombros una imagen de Santa María, Madre de Dios, y aquel día puso en fuga a los paganos, dándose muerte a muchos de ellos en la huida gracias a la intervención de nuestro Señor Jesucristo y de su madre Santa María. La novena fue en la ciudad de Legión. La décima fue a orillas del río Tribruit. La undécima fue librada en una colina llamada Agned. La duodécima fue una lucha encarnizada en la que Arturo avanzó hasta el monte Badon. En esta con tienda él solo dio muerte a novecientos sesenta enemigos sin otra ayuda que la de Nuestro Señor. Y en todos estos combates los britanos salieron victoriosos.
Otro manuscrito añade que antes de Badon:
Arturo había viajado a Jerusalén, donde había mandado hacer una cruz del mismo tamaño de la de Nuestro Señor, y después de ser consagrada, ayunó, la veló y rezó junto a ella durante tres días seguidos, rogando que por medio de esta cruz el Señor le concediese la victoria sobre los paganos, lo que así sucedió. Y llevó con él la imagen de Santa María.
Nennio añade algunas notas más sobre Arturo. Da cuenta de ciertos hechos asombrosos que había oído contar o que había presenciado en la Britania de su época, eso es, el sur de Gales. Uno de ellos es el siguiente:
[sucedió] un prodigio en la región de Buellt. Pues allí había una pila de piedras y sobre la pila una piedra con la huella de un perro. Durante la caza del jabalí Troynt, Cabal, el perro del soldado Arturo, puso la pata sobre aquella piedra y la marcó; y después Arturo colocó unas piedras en forma de pila y colocó la que tenía la marca de su perro encima, y la llamó Carn Cabal. Y la gente venía y se llevaba aquella piedra un día y a la mañana siguiente volvía a aparecer sobre la pila.
Otro prodigio sucedió en el distrito de Ercing:
Hay un túmulo cerca de un manantial conocido como Licat Anir, donde había enterrado un hombre llamado Anir. Era hijo del soldado Arturo, y el mismo Arturo lo mató y enterró en este lugar. Y cuando la gente viene a ver cuánto mide de largo el túmulo, unas veces mide seis pies, otras nueve, otras doce, y otras quince. Lo que sea que uno mida una vez, variará la siguiente, y yo mismo he comprobado la verdad de este hecho.
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Autor: Charles Williams. Título: La figura de Arturo. Traducción: M. Ángel Martínez Cabeza y Rafael J. Pascual. Editorial: Abada. Venta: Todos tus libros.


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