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Inclinar el oído del corazón

La primera vez que visité la abadía de Le Barroux (en realidad las abadías, porque son dos) el invierno se había llevado ya toda la lavanda de las tierras de Provenza. Fui allí en respuesta a la llamada de un monje benedictino, que había leído mi primer libro, y desde entonces, me contó, rezaba para que tuviese la oportunidad de visitar algún día el monasterio. En Le Barroux encontré dos abadías florecientes, una masculina y otra femenina, creciendo silenciosas bajo la regla de san Benito, rezando y trabajando la tierra, cultivando las artes, los oficios artesanos, la teología, la filosofía y la poesía, celebrando la misteriosa liturgia, cantando el oficio siete veces al día, desde mucho antes de la salida del sol. Kierkegaard dice que la pureza de corazón es desear una sola cosa. Y allí, en Barroux, todo está orientado hacia una sola cosa, con un ritmo pausado, pero exacto, más exacto que las horas de un reloj, casi tan exacto como el movimiento de las estrellas.

Dos años después de esa visita, un frío mes de diciembre, la abadesa de Barroux me pidió que escribiese un cuento de Navidad, un cuento para leer en voz alta en el refectorio, me dijo; una historia para leer en la celebración de la siguiente Natividad. Yo recordé aquella frase de Kierkegaard sobre la pureza de corazón, que representaba mejor que una fotografía el lugar que había visto, y me sumergí en los escritos de Bernardo de Claraval, pensé en el largo camino de Abraham hacia Moriah, en los pastores hebreos bajo el cielo del desierto, en los recuerdos de mi infancia y en las antiguas tradiciones que se han tejido en torno a la Navidad desde aquella primera noche en Belén.

"La regla de san Benito es hermosa; es austera y sabia. Dice: Escucha; dice: Inclina el oído de tu corazón"

La regla de san Benito es hermosa; es austera y sabia. Dice: “Escucha”; dice: “Inclina el oído de tu corazón”. Durante tres o cuatro meses escuché y leí; escuché e incliné el oído del corazón. Y mientras los monjes de Barroux rezaban y trabajaban como siempre se ha hecho, bajo el movimiento de las estrellas, yo escribí para ellos la historia de un niño que un día se atrevió a pedir a Dios una prueba de que la Navidad existe, y de cómo Dios escuchó atentamente aquella voz. “Seremos escuchados no por hablar mucho, sino por la pureza de corazón», enseña la regla de san Benito desde hace quince siglos. De eso, de las estrellas y la gruta de Belén, de la poesía y del misterio escondido de la primera Navidad, trata el cuento que escribí para Barroux.

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Autora: Natalia Sanmartin Fenollera. Título: Un cuento de Navidad para Le Barroux. Editorial: Planeta. Venta: Todostuslibros y Amazon

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