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La fábula sabia del viejo Spielberg

La fábula sabia del viejo Spielberg

Spielberg construye en El día de la revelación una aventura hermética. Su sentido último, en tanto hermética, es dilucidar la salvación del ser humano, su vía de supervivencia en un horizonte final (la extinción, el apocalipsis bélico). En cuanto aventura, la película es un condensado de lo que supuso su cine en los comienzos, una revivificación de los géneros de pruebas del héroe, pero incardinados en la realidad cultural del siglo XX. De ahí que pueda decirse que El día de la revelación no es sólo una película de madurez, sino una película donde está todo Spielberg, pero distinto: un Spielberg transformado, de llegada, un Spielberg que ha encontrado, por fin, su entereza. Ya no es el Spielberg brillante, espectacular. Ahora es algo mejor. Ya no es el Spielberg sentimental que mira hacia sí mismo, ahora intenta mover a la reflexión.

Spielberg ha sido un gran creador de iconos populares (en E.T., en Tiburón, en la saga de Indiana Jones…). Aquí no trae nada nuevo al imaginario cultural popular. Al contrario: toma de él (conspiraciones gubernamentales, contactos extraterrestres, viajes extracorporales…) para construir una lección sobre la imaginación humana.

"Este símbolo, la reunión de las matemáticas y el sentimiento en la música que viaja con el cine, es una declaración de principios en la película de Steven Spielberg y John Williams"

Esta lección encuentra su mejor símbolo transcurrida la primera mitad de la película, cuando sus dos protagonistas (a los que une un pasado mágico: comparten cada uno la mitad de un secreto que escapa a su propio entendimiento) juntan sus manos y las ponen sobre las cuerdas de un piano en el vagón de un tren que transporta instrumentos musicales y al que se han subido en marcha, tras una trepidante persecución “de película”. El tren es el cine (siempre lo fue, desde el comienzo). La música es el gran arte humano, el arte de los iniciados, donde se concilian las matemáticas del cosmos y el principio de afinidad humana, los sentimientos. La pareja de protagonistas encarna esos dos polos: el conocimiento científico sobre el que se sostienen las leyes del cosmos y el principio de empatía capaz de unir a los humanos. Ambos superan juntos la crisis de ansiedad que acaba de sufrir la protagonista tras escapar milagrosamente de la muerte; él la serena, de la misma forma (lo comprobaremos luego) que ella lo tranquilizó a él muchos años atrás en la “la casita de Hansel y Gretel”, donde la aparición extraterrestre marcó para siempre sus destinos.

"Es como si Spielberg hubiera dejado atrás la infancia y pudiera volver a ella por fin sin nostalgia; por fin, más sabio, integrándola con madurez en un horizonte de futuro"

Este símbolo, la reunión de las matemáticas y el sentimiento en la música que viaja con el cine, es una declaración de principios en la película de Steven Spielberg/John Williams y acaso el sentido, por la vía de los hechos, del gran secreto que permanecerá mudo al final de la película. Porque la revelación a la que se refiere el título (y que puede intuir cualquiera que vea el tráiler de la película, sin que ello destripe nada) no es, por supuesto, la existencia de los extraterrestres, que es el punto de partida básico de la película, el pretexto, sino algo que sólo se comprende al final y en la propia encarnación de la película, que se muestra como ejemplo (las obras de arte como camino en ese proceso de crecimiento en la unidad).

Esta fe en el símbolo cinematográfico/musical dialoga a lo largo de la película explícitamente con sus manifestaciones concretas (las respectivas parejas sentimentales de los protagonistas son un músico y una antigua novicia: el arte y la religión). Y hay también una alusión explícita a la imaginación literaria (las fábulas en las que los animales hablan con los humanos, los cuentos en los que se plasman lugares de encuentro) donde se evidencia esta lección de supervivencia. La humanidad, dice, sobrevivirá si se esfuerza en un esfuerzo integrador. Ese espíritu integrador, en la película, reside en una forma de fe en la verdad. Es como si Spielberg hubiera dejado atrás la infancia y pudiera volver a ella por fin sin nostalgia; por fin, más sabio, integrándola con madurez en un horizonte de futuro. Su aventura de extraterrestres y conspiraciones es como la fábula imaginada por un artista viejo, magistral.

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