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La inmortal necesidad de amar

La inmortal necesidad de amar

“No era una estampa agradable: tenía la piel pegada a los huesos y estaba cubierta de mierda. Era un espectáculo que no le habría gustado a mucha gente. Y sin embargo, solo con esta mujer me había sentido un hombre feliz. Lo que sentí por este cadáver desecado fue quizás lo más cercano a amar, ese amor que mamá dijo que nunca encontraría porque era demasiado romántico.” Son palabras de Joseph, el campesino solitario en cuya granja aparece el cadáver de la mujer desaparecida de la que todos hablan en el Causse, una apartada región rural del macizo central francés, azotada por la nieve y las políticas económicas de la Unión Europea. Pero son palabras que también podría haber pronunciado cualquiera de los otros cuatro personajes a los que el autor da voz para que reflexionen sobre su papel en torno a aquella desaparición. Todos ellos aman fantasmas.

"Son personajes atrapados, no tanto por la nieve o por el neoliberalismo continental, como por el renacer de las expectativas"

Pero el espectro que ama Alice no es el mismo que el que ama Maribé. Y el que ama Armand tampoco se parece al que persigue Michel. Y en esto el autor demuestra una notable pericia. Colin Niel es capaz de dotar a cada uno de ellos de una mirada singular, la que es propia de su mundo y, dentro de él, la que les insufla vida como personajes. Porque parecería que si uno tiene una intriga tan bien trabada como la que Niel dispone en este texto no debería arriesgarse a desplegarla mediante una técnica —el flujo de conciencia de varios narradores— en la que solo unos pocos han demostrado dominio, máxime cuando uno de ellos es William Faulkner. Pero si Roberto Bolaño pudo aplicarlo al noir en La pista de hielo ahora también lo ha logrado, aunque de otro modo, tal vez menos inquietante pero igual de sugerente, este interesante autor francés.

Es, tal vez, el eficaz recurso a esta técnica lo que en mayor medida mantiene la intriga de la narración, dado que la llegada de cada personaje es como el aire refrescante de un ventilador que arrancara a oxigenar el ambiente cerrado y mohoso de una habitación cuya puerta se va cerrando poco a poco. La multiplicación de la voz narrativa permite, además, vislumbrar lo poco que unos podemos llegar a saber de los otros, incluso de los más cercanos. Y hasta qué punto en esas fronteras donde la comunicación ya no existe pueden ir creciendo los monstruos, sin que nosotros lo sepamos y mientras los alimentamos. Hacia ese límite difuso se deslizan poco a poco Alice, Joseph, Maribé, Armand y Michel. Todos ellos de maneras distintas pero con una motivación similar. Son personajes atrapados, no tanto por la nieve o por el neoliberalismo continental, como por el renacer de las expectativas; por, en definitiva, su inmortal necesidad de amar, aunque sea a un cadáver cubierto de estiércol a los pies de unos sacos de heno.

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Autor: Colin Niel. Título: Solo las bestias. Editorial: Principal de los libros. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro