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Las maestras republicanas en el exilio, de Carmen de la Guardia Herrero

Las maestras republicanas en el exilio, de Carmen de la Guardia Herrero

Carmen de la Guardia Herrero, profesora del Departamento de Historia Contemporánea de la UAM, y directora asociada del programa de estudios graduados de la School of Spanish de Middlebury College, en EE.UU, ha escrito Las maestras republicanas en el exilio (Los libros de la Catarata), ensayo del que Zenda publica la introducción.

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INTRODUCCIÓN

Si algo conmueve cuando nos acercamos a las memorias y testimonios de los exiliados es la irrupción de acontecimientos con una capacidad destructora de lo previo absoluta, y también la sorpresa e incredulidad que les produjo haberse visto abocados a una ruptura y arrojados al mas incierto de los futuros. No son además procesos inmediatos. La construcción y la propia percepción del exilio requieren tiempo para ir llenando, de nuevo, la vida con experiencias desancladas del propio pasado, de la propia memoria. Experiencias que debían ser de otro, que hablan otras lenguas, que tienen otras costumbres y que a veces hasta chirrían con las propias. Y esa distancia entre el pasado y el presente suele generar añoranza, dolor y hasta resistencia, porque el exilio, el destierro, significa siempre la expulsión violenta y dramática del destino pensado y deseado.

Quizás porque mientras concluía la escritura de este libro estaba, en esta primavera del 2020, como todos los habitantes del planeta, sumida en una situación dramática e insólita, en un acontecimiento que como tal señalará siempre un antes y un después, en una pandemia inesperada y radical que ha zarandeado y a la vez paralizado el transcurrir cotidiano de personas y naciones; estos textos, estas reflexiones, estos sentimientos de los exiliados republicanos españoles, sobre los que se ha construido este libro, adquieren un significado claro. De alguna manera, el horror compartido estos meses con familiares, vecinos, amigos y, en realidad, con todos, me ha permitido vislumbrar la magnitud del drama que vivieron y la grandeza, en muchos casos, de sus protagonistas, los exiliados republicanos españoles.

Porque sus vidas no fueron atravesadas por un solo acontecimiento. Esta generación que nació a finales del siglo XIX o principios del XX, que es en donde se sitúan en el tiempo este grupo de mujeres modernas y transgresoras que lucharon y supieron apropiarse de su destino, al que pertenecen las maestras republicanas, vivieron una sucesión de rupturas dramáticas: el estallido de la Gran Guerra, la pandemia de gripe de 1918, la crisis del 29, el ascenso de los totalitarismos, la guerra civil española. Y una vez arrojadas al exilio, la irrupcion de Hitler en sus lugares de acogida, la Segunda Guerra Mundial y el estalinismo y sus violencias. En algunos casos además, para aquellos que eligieron como lugar de exilio el Norte de África o algunas naciones americanas, vivieron, de nuevo, el caos de la violencia desatada en procesos de independencia y otras guerras civiles o en imposiciones dictatoriales que les obligaron, otra vez, a iniciar el duro camino del exilio.

«Toda sombra es al fin y al cabo hija de la luz, y solo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo este ha vivido la verdad». Estas palabras, con las que Stefan Zweig cerraba El mundo de ayer. Memorias de un europeo, escrito durante su propio exilio, reflejan bien la riqueza y la complejidad de las vidas exiliadas.

La «luz» para todas las maestras republicanas abocadas al exilio fueron los años, para ellas plenos, de la Segunda República española. Fueron momentos en donde estas mujeres vivieron un proceso valiente, por lo que suponía de rompedor con lo previo, de apropiación de su propio destino. Luchadoras e independientes, las maestras republicanas, de las que tanto hablaremos en este libro, fueron aquellas mujeres que se comprometieron y movilizaron con las reformas republicanas que posibilitaban la obtención de derechos civiles y políticos. Pero además, al saber que para hacerlos efectivos no bastaba con legislar sino que se precisaba de otras reformas profundas, sobre todo educativas, su movilización fue todavía mayor. Tenían la certeza, pues, de que acceder con plenitud a esos derechos civiles que posibilitaban el ejercicio, por primera vez en la historia de España, de la libertad individual de las mujeres, y también el del conjunto de la ciudadanía política con autonomía e independencia, implicaba cambios culturales y sociales radicales. Las leyes, como el aprendizaje, requieren de la madurez que posibilita su comprensión. Y ellas como pedagogas y maestras lo sabían bien.

Las maestras republicanas, como la mayoría de mujeres modernas, se comprometieron y lucharon de forma radical, y a veces diferente a como lo hicieron sus compañeros varones, por la efectividad de las nuevas leyes. Para ellas el acceso a la ciudadanía civil supuso un cambio personal profundo. Tener la libertad de decidir y de ejecutar esas decisiones que atravesaban lo privado, pero también lo profesional y lo político, fue una experiencia personal nueva y profunda para todas las mujeres. Y desde esa visibilidad de las propias dificultades personales que implicaba ese transitar desde la minoría de edad hacia la autonomía personal, su compromiso con los otros fue absoluto. Las maestras republicanas se involucraron en asociaciones, en sindicatos o partidos políticos, se movilizaron y llevaron la cultura a todos los rincones, y vivieron con una ilusión tremenda este cambio político y educativo revolucionario.

Esa diferencia entre aquellas que por primera vez eran ciudadanas, que experimentaban en su propio ser aquellas primeras grandes novedades, ocasiono que la experiencia de este grupo de mujeres comprometidas con los cambios legales y educativos fuera singular tanto durante la Segunda Republica y la Guerra Civil como en su concepción del exilio. Y de alguna manera ello justifica también este trabajo, centrado en una aproximación a esa experiencia colectiva pero también personal de las maestras republicanas.

La «sombra» de la que hablaba Stefan Zweig fue el final de la ilusión, el transcurrir de la Guerra Civil, el inicio del exilio, todavía esperanzado, de estas maestras republicanas para las que conforme se desataron los duros acontecimientos éste se tornó en «tinieblas». Muchas de ellas sufrieron el horror, como cuentan en las entrevistas. Recluidas en refugios y campos de concentración; hacinadas en barcos en los que, a veces, como ocurrió en el exilio norteafricano, permanecieron meses; algunas repatriadas a la España de Franco; otras deportadas o encarceladas; y todas, muchas veces, sometidas a vejaciones. Así es como sus recuerdos y sus propias vidas se oscurecieron.

Pero es cierto, como señala Zweig, que luces y sombras contribuyeron a lo que el denomina la emergencia de «la verdad», que tiene mucho que ver con una complejidad asombrosa en la experiencia subjetiva, pero también generacional, de este grupo de mujeres exiliadas. Como el ave fénix, estas mujeres reconocen que supieron otra vez, y quizás de forma mucho mas madura y asentada, ofrecer en sus lugares de acogida todo su buen hacer profesional y vital. En muchos de estos destinos, a través de los colegios del exilio, o involucradas en las instituciones educativas públicas y privadas nacionales, contribuyeron a la transformación y mejora de la realidad social y educativa. Su obra inmensa en el exilio es recordada por todos aquellos que, como niños o adultos, la conocieron. Pero nos queda, como ocurre con la obra de todos los exiliados, incorporarla para transformar nuestros propios relatos historiográficos, de donde ellas también fueron desterradas.

Como todos los trabajos que se extienden en el tiempo, este libro tiene muchas deudas académicas y afectivas, pero que en mi caso muchas veces se entremezclan. Por un lado quería agradecer a mi familia y amigos, exiliados o no, la posibilidad que me han brindado de recorrer las diferentes geografías del exilio republicano y también los lugares de la memoria de cada una de las comunidades dolidas y excluidas.

En Estados Unidos siempre estaré agradecida a mi familia, que encontró allí nuevas raíces y con la que tanto he hablado de ausencias y añoranzas. Mis tíos Javier Herrero y Merche Zulueta y sus hijos marcharon allí a un exilio voluntario en los difíciles y oscuros años cincuenta. Con ellos viví un año siendo muy joven y tuve la oportunidad de contactar por primera vez con la comunidad republicana exiliada. Para mí ese contacto con el hispanismo estadounidense fue determinante. Tras mi participación después como profesora de la Spanish School de Middlebury College y conocer a Roberto (y a Susana) Véguez, el «historiador» de la Escuela me puso en contacto con las fuentes primarias pero también con los lugares de la memoria de toda esa comunidad exiliada que enseñaba y se transformaba todos los veranos en Middlebury. Pero la Escuela Española supuso mucho más que eso. Allí conocí a exiliados latinoamericanos que a su vez conocían bien el exilio republicano español.

A mi amiga Sandra Lorenzano, Argenmex y antigua estudiante del Colegio Madrid, le debo mi redescubrimiento de México. Las estancias siempre vinculadas a nuestros intereses académicos en Morelia, Guadalajara, Mérida y Ciudad de México han sido importantes para este trabajo. También mis amigos «middleburianos» Aníbal González y Priscilla Meléndez me ensenaron Puerto Rico y los lugares de la memoria republicana allí, desde la Universidad de Río Piedras hasta el cementerio del viejo San Juan fundido con el mar, en donde yace por voluntad propia Pedro Salinas. Pero recorrimos otros lugares para mi emblemáticos y mas relacionados con la rica cultura y la compleja historia boricua; mi sorpresa frente a la belleza de la isla y su historia se refleja en este trabajo. El recorrido por los duros lugares de la memoria de la historia del exilio español en Argentina, y también de la dictadura militar, los hice del brazo de mi amiga porteña, mi querida Nina Soviética, Liria Evangelista.

También quería agradecer a aquellos que de forma real o virtual me han acompañado durante los desconcertantes días del confinamiento en los que terminé de escribir este libro: Javier y Miguel Llanos, Rebeca Martín, Dinorah Cossío, Irene Lozano, Pepa Fernandez de Loaysa, Susana Sueiro, Elena Sánchez de Madariaga, Elena Postigo, Paco Martínez Moncada, Encarna Llorente, Perico Gadea, Quique Andrés, Paloma Ródenas, Angelita Moreo, Hugo Kliczkowski, Javier Guitart, Sisinio Pérez Garzón, Josu Perea, Daniel Essig, María Lozano, Teresa Bordón, Mercedes Fernández, Juan Camacho, Mariluz Gutiérrez, Pachi de la Guardia, Jesús Boned, Alberto de la Guardia, Carmen García, Alberto de la Guardia García, María Jesús Matilla, Paco Layna, Carmen Gallardo, Florencia Peyrou, Carmen Llanos, Juan Pan-Montojo, Ángeles Hijano, Gabriela de Lima Grecco, Sol Glik, Audrey LaRock, Jacobo Sefami, Matilde Herrero, Piquina de la Guardia, Elena Boned, Carlos Boned, Olga Tarapiella, Lucía Boned, Mercedes Herrero y Chata Herrero. A todos, reiterarles que compartir estos momentos críticos con ellos solo ha impulsado mi inmenso afecto y mi solidaridad.

Y por último, quería dar las gracias a Beatriz Abad y a Javier Senen de la editorial Catarata por el constante apoyo a este proyecto.

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Autora: Carmen de la Guardia Herrero TítuloLas maestras republicanas en el exilio. Como una luz que se prende. Editorial: Los Libros de la Catarata. Venta: Todos tus libros, AmazonFnac y Casa del Libro.

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