La Odisea de Nolan ya está en los cines y, aunque nos presenta mujeres fuertes, la cámara sigue enfocada en la gloria del héroe. Si quieres descubrir la verdadera fuerza y la complejidad que la gran pantalla dejó en segundo plano, debes sumergirte en los relatos de María del Mar Carrillo.
¿Y las supuestas “villanas”? En estos textos, Circe no es un simple obstáculo; es una mujer que transformó el dolor del rechazo en un poder letal, escribiendo sus hechizos en un grimorio hecho con la piel de quien intentó violentarla. Por su parte, la monstruosa Escila reclama su humanidad: ella no nació bestia, sino que fue una ninfa víctima inocente de los celos y amores no correspondidos.
Desde la sabiduría de Nausícaa, quien al ver al héroe desnudo comprende que en la guerra solo hay vencidos, hasta el renacer de Calipso, que decide amarse a sí misma antes que mendigar la inmortalidad de otro, estos relatos despojan al héroe de su pátina de fama para dar voz a las mujeres que realmente sostuvieron el mito.
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¿Cómo domesticar a una fiera? Penélope I
Un año en Ítaca: Penélope (II)
Un amor prohibido: Penélope (III)
Ausencias: Penélope (IV)
Penélope (V): Reencontrarse
Penélope (y VI): El final de una vida
En la guerra solo hay vencidos y vencidos
Calipso y el amor
La injusticia de los dioses
Un año
El grimorio de Circe
El laboratorio de la bruja Circe
Víctima de los celos


No diré por ahora, por obvio y manido, lo primero que pienso al ver el reflejo de su rostro en lo que se me figura un espejo. Lo adecuado es decir que es inmensamente sabia y, seguro, un algo maga, pues sabe conjurar arrecifes y tempestades para doblegar la imaginación del osado. Del Mar tenía que llamarse pues, probablemente, sea una de esas mitológicas sirenas que Odiseo logró escuchar, medio perdido ya el seso, reciamente atado al palo de su navío, mientras su tripulación, soldados con cera sus oídos, podia maniobrar sin riesgos la embarcación. Seguro que vuelve locos a los hombres narrando, como en la muestra que nos ofrece, hermosos relatos de la antigüedad que posteriomente serán cantados por los rapsodas. Estoy además seguro que tañe la cítara y el arpa con tal maestría, que acompaña sus composiciones literarias con notas provenientes del Hades, para encandilar hasta el espírtu del más bravo de los mortales; convirtiéndole en ferviente esclavo de su voluntad, y quien, aceptando con vehemencia el sortilegio como el don más deseado, queda a sus pies perdido eternamente.
Y ahora sí puedo ultimar la glosa citando el primer pensamiento, aún asumiendo el riesgo de que me tilden de lo que no soy: ella es, en especial, bella como una diosa; y siento eternos metafóricos celos de quien la despierte en la mañana.