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Los negros reinos

Un reino oscuro nació de un sueño. Me encontraba escribiendo una novela de piratas que se desarrollaba en la Polinesia y que llevaba bastante avanzada, pero que no estaba funcionando. Me sentía angustiado porque yo suelo escribir en torrente. Cuando me siento cómodo, las palabras surgen como torbellinos y vendavales. Mi trabajo consiste en dar una forma adecuada a todo el maremoto de ideas y reflexiones que se agolpan en mi cerebro. Sin embargo, nada de esto estaba ocurriendo. A veces me pasaba horas delante de un folio y escribía vaguedades sin sentido. Me refugiaba en innumerables tópicos literarios que no lograban que me sintiera involucrado con el libro que escribía. Hasta que, de repente, tuve un sueño protagonizado por un hombre tullido y un poco deforme (del que todo el mundo se reía), que decidía escribir una carta a su rey para narrarle las afrentas que se estaban cometiendo contra la monarquía en la población donde vivía.

Aquel hombre intentaba pacientemente dar forma a la carta perfecta para congraciarse con su monarca y, al mismo tiempo, no molestarle. Y para ello dedicaba varios días a redactarla. Corregía y corregía una y otra vez cada línea durante semanas porque deseaba que el rey no perdiera mucho tiempo en leerla y que su estilo le pareciera grácil y ligero. Tras casi un mes de correcciones, desvelos y trabajos sin fin enviaba una carta (que no tenía más de diez líneas) a palacio a la que, obviamente, el monarca no confería importancia alguna. No tardaba, de hecho, mucho en arrojarla al suelo con un gesto de desprecio y sorna.

"Durante un tiempo, el libro se encontraba protagonizado por el Marqués de Sade, encerrado en prisión y martirizado tanto por los partidarios de la Ilustración como por los de la monarquía"

Al despertar, anoté este sueño y comencé un libro centrado precisamente en esta anécdota. El primer borrador de Un reino oscuro tenía treinta o cuarenta páginas y básicamente se ocupaba de describir las dificultades de este señor para escribir aquella misiva. Aquel infeliz narraba sus desvelos para redactar la carta con todo tipo de detalles. Nos contaba las noches sin dormir, los días pasados en su biblioteca intentando encontrar el adjetivo justo o el sustantivo preciso y, a medida que lo hacía, íbamos conociendo anécdotas del rey. Un rey al que él dotaba de poderes sobrenaturales y pintaba con caracteres divinos que, obviamente, es fácil identificar con aquel al que se refieren los personajes de Un reino oscuro en el transcurso de la novela.

Posteriormente, me encontré con muchos más problemas. Resultaba, por ejemplo, inverosímil que un solo rey fuera capaz de protagonizar los innumerables hechos cruentos que se relataban en el libro. Y de ahí surgieron las historias imaginarias protagonizadas por soberanos históricos que aparecen en la novela. También hubo muchas más inconcreciones y dudas. Durante un tiempo, el libro se encontraba protagonizado por el Marqués de Sade, encerrado en prisión y martirizado tanto por los partidarios de la Ilustración como por los de la monarquía. También aparecía Mozart con su nombre (personaje en el que se inspira el grácil y jovial pianista asesinado en medio del libro). Y recuerdo también que el título de la novela era Negros reinos. Tentativas que no terminaban de funcionar como yo necesitaba o anhelaba.

"Resultaba muy fácil describir un orbe esquizofrénico y delirante como el que aparece en Un reino oscuro observando todo lo que ocurría en medio mundo a raíz del confinamiento"

Si he de ser sincero, hubo muchos otros problemas. Durante un tiempo no tenía ni idea de qué iba el libro. El arquitecto y su hijo surgieron no sé bien de dónde (tal vez de una relectura de Trastorno, la novela de Thomas Bernhad) para poner orden y coherencia a una serie de furibundas reflexiones que no cabían en ninguna parte y procedían de todas partes. Recuerdo, por ejemplo, una comida familiar en un restaurante campestre en la que un primo me señaló con el dedo unas cotorras que anidaban en un árbol y me habló de lo insoportable que era su canto. De ahí, obviamente, surgió el pasaje de la cotorra enferma y el escritor. También tuve una fricción personal con un individuo que me dio el impulso necesario para escribir sobre el odioso marchante que aparece en la novela. Y, obviamente, me ayudó asimismo todo lo ocurrido con la pandemia durante el 2020. Resultaba muy fácil describir un orbe esquizofrénico y delirante como el que aparece en Un reino oscuro observando todo lo que ocurría en medio mundo a raíz del confinamiento.

En cualquier caso, a pesar de todas las dudas y circunstancias, siempre confié en mi sueño. Siempre pensé que era una visión iluminadora y que, a raíz de ella, podía dar forma al maremoto de pulsiones e ideas que latían en mi interior. Creo que esa fue mi mejor apuesta: volver a redactar una y otra vez, una y otra vez mi novela (como hacía el tullido que protagonizaba mi sueño con su carta) aun a riesgo de que fuera completamente ignorada. Aun a riesgo de que no más que provocara sorna y desprecio.

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Autor: Alejandro Hermosilla. Título: Un reino oscuro. Editorial: Jekyll & Jill. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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