Campo visual, el libro del escritor argentino Jorge Consiglio, publicado recientemente por la editorial Eterna Cadencia, contiene en el mismo corazón de su título la esencia de los nueve relatos que lo componen: escenas cotidianas que transcurren al límite de lo que el ojo alcanza a ver.
“La idea de los dos, jamás formulada, era aguantar, juntos y a pie firme, el acto que la fatalidad les tenía reservado”.
A veces, el problema de los personajes es que no tienen una verdadera vinculación. Están cerca unos de otros, pero sin nada que decirse. Ocurre, por ejemplo, en el relato “Brain Drain”, donde Tomi H., Manza, Yamil y Ari están juntos en el piso de uno de ellos sin hablarse:
“Eso es lo que pasa…. Las cosas tal como ocurren”.
¿Pero qué es lo que pasa? Son incapaces de verlo.
O el vacío que siente Adolfo Templeton al final del relato “Cuerpo en suspenso”, en el que se nos narra su infancia prometedora, su casi enamoramiento y su férreo deseo de ser un buen taxidermista, deseo que, como todo lo demás, acaba también desdibujándose:
“… la existencia a veces se vuelve difícil. Puede llegar a ser intolerable, si aquello que la motiva se desvanece”.
O en el relato “Retaguardia”, donde un recluta de apellido Consiglio ha de ir a la guerra de las Malvinas. Su historia explora un destino que conduce al personaje a un ideal sin sentido del que debe regresar:
“Volver es un comienzo, pienso. Y un comienzo, definitivamente, es mejor que nada”.
En todos estos relatos la vida cotidiana es un territorio movedizo donde lo invisible confunde y donde cada personaje debe enfrentarse, tarde o temprano, a aquello que no sabe mirar. Esta es la verdadera fatalidad que recorre el libro, la revelación de que la existencia siempre guarda puntos ciegos.
En “La virtud”, vemos a una mujer que no sabe cuidar de sí misma porque está ocupadísima cuidando a su madre enferma. Algo externo, sin embargo, le provoca un cambio profundo. Sin querer desvelar mucho sobre este relato ni sobre todos los demás, sí me gustaría comentar que es en los detalles mínimos donde los personajes encuentran los desencadenantes de la acción. ¿Es esto destino? ¿Qué es el destino?
Y sí, hay algo borgiano en cada relato. No en el estilo ni en el sentido metafísico que exploró Jorge Luis Borges, sino en esa intuición de que lo esencial ocurre fuera del campo visual, en un pliegue que apenas alcanzamos a rozar. Todos los personajes sienten que algo se les escapa, pero no alcanzan a ver lo que realmente ocurre.
En cuanto a la forma en que se narran los acontecimientos, como dice el propio autor en uno de los relatos, las historias “no tienen principio ni final… Se elige a ciegas una escena para empezar y otra para terminar”. He de decir que, salvo en uno de los relatos, no aparecen diálogos a la manera clásica, lo que no impide que las tensiones y los silencios se adivinen entre líneas porque lo que se nos cuenta funciona como un pequeño flash en el lector. Tal vez por las frases breves, la escasa subordinación, esos detalles que irrumpen de pronto y dan riendas a la narración. O porque no podemos evitar preguntarnos cómo es posible que esos personajes no vean otras maneras de mirar lo que tienen delante.
Campo visual parece enviarnos un mensaje: “Agudicen la vista, el destino no es otra cosa que hacia dónde proyectamos —y no— nuestras miradas periféricas”.
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Autor: Jorge Consiglio. Título: Campo visual. Editorial: Eterna Cadencia. Venta: Todos tus libros.


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