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Prepárense para el año más kafkiano

Prepárense para el año más kafkiano

Cuenta Dora Diamant, el último amor de Franz Kafka, una anécdota que quizá defina perfectamente el espíritu del autor checo, ese espíritu que tan bien trasladó a su literatura. Explica Dora que la pareja visitaba con frecuencia un parque en Berlín, y que allí se encontraron en cierta ocasión con una niña que lloraba por haber perdido su muñeca. Kafka, absolutamente conmovido, le prometió a la cría que la muñeca no se había perdido, y le aseguró que simplemente se había marchado de viaje. Desde entonces, Kafka escribió diariamente a la niña una carta firmada por la muñeca, donde se daba cita todo ese mundo tan suyo: fantasía, angustia, melancolía, extravagancia. Sentencia Dora que semanas más tarde a la niña ya no le importaba la ausencia de su muñeca, centrada como estaba en ese mundo kafkiano que ya la había atrapado para siempre. ¿Acaso hay una anécdota que ilustre mejor el alma de la literatura?

"Kafka está vivo, toda vez que hablamos de, probablemente, el autor que más ha influenciado los párrafos del XX y el XXI"

Este año 2024 se celebra el centenario de la muerte de Franz Kafka. Se prevén publicaciones de sus cartas en Galaxia Gutenberg, de sus aforismos en Acantilado, de sus cuentos en Páginas de Espuma, de nuevas ediciones de sus novelas en Nórdica o en Alianza, y otras que probablemente no tenga en el radar. Dicho de otro modo: Kafka está vivo, toda vez que hablamos de, probablemente, el autor que más ha influenciado los párrafos del XX y el XXI. Su capacidad para captar la tiniebla que esconde esa otra cara del mundo, esa cara que no se ve y que vive de sueños, de miedos, de un subconsciente temible, le convierte en un autor de cabecera para cualquiera que intente meter las perneras en el barro de la ficción. Su explosión coincide más o menos con la explosión del Surrealismo, de alguna manera dos armas sin las cuales la novela no hubiera podido guerrear después. Sin Kafka, ¿qué sería de Borges? ¿Y de García Márquez? ¿Qué hubiera pasado con Camus o con Kafka o con Kundera o con Roth? ¿Cómo hubiésemos sobrevivido los lectores?

"Como siempre, será la vida real, la que escapa de páginas y párrafos, la encargada de colocar sus Gregor Samsas y sus Josefs K en el centro del candelero"

Pero, de todos los homenajes que probablemente se le dedicarán a Franz Kafka, quizá el más profundo y trascendente llegue por parte de la propia realidad. «Kafkiano», pese a ser uno de los epónimos más manoseados, es de lejos el que mejor se adapta a este presente nuestro con guerras, enfermedad, censuras y, en resumen, angustias y miedo. Como siempre, será la vida real, la que escapa de páginas y párrafos, la encargada de colocar sus Gregor Samsas y sus Josefs K en el centro del candelero. Serán sus mismos pasos grotescos los que nos guíen, sus mismas figuras deformadas, sus miradas borrosas que ponen una pupila en la verdad y otra en la mentira. Y seremos nosotros, usted y yo, quienes nos haremos cargo de la aflicción y la ansiedad que desprendan. Así que preparémonos, querido lector, para otro año kafkiano más. Y hagámoslo con la mejor de las prácticas: leyendo al padre de este existencialismo angustioso. Sólo así podremos escapar, disponer, huir.

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