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“¡Qué grande eres, Manolo!”, por Ignacio Agustí

“¡Qué grande eres, Manolo!”, por Ignacio Agustí

El luego reconocido novelista Ignacio Agustí desarrolló, antes de la guerra, una notable carrera como periodista en catalán. Cubrió desde Madrid las elecciones de febrero de 1936. Estas “estampas de la crisis” cuentan sus impresiones de la reacción en la calle tras el triunfo del Frente Popular. Sección coordinada por Juan Carlos Laviana.

*****

ESTAMPAS DE LA CRISIS

Las seis y media. Don Manuel Azaña no ha salido aún de la consulta. Tomo un taxi y le ordeno: Puerta del Sol.

Llegar allí nos cuesta gran trabajo. Todas las calles cercanas están literalmente inundadas de gente. Es imposible llegar a la Puerta del Sol. Bajo del taxi y recorro a pie el resto del camino.

Contemplo el gentío. Los tranvías tienen que detenerse. Sobre sus techos se han encaramado unos muchachos que sirven de guía a los que no pueden ver.

—¿Todavía no?

—Todavía no —responden los de arriba.

Entro en Gobernación. En la puerta, los guardias de asalto me cierran el paso.

—Periodista —y enseño el carnet.

Lo miran.

—Pase.

A los pocos minutos de estar dentro, los compañeros de prensa —los queridos compañeros— se arremolinan. Uno de ellos, desde adentro, avisa:

—Que sale.

Fotógrafos, redactores, amigos, todos, vamos corriendo hacia la puerta. Sale don Manuel Azaña. Sonríe. Abrigo negro y sombrero gris.

—¿Qué desean ustedes? No puedo comunicarles nada de interés.

Los reporteros lo seguimos.

—¿Absolutamente nada?

—Absolutamente nada.

Unos pasos más hacia el automóvil. Pone el pie en el estribo.

—Díganos al menos adónde va.

—¿Adónde? A mi casa. Buenas noches, señores.

Ya está dentro. Saluda amistosamente, con la mano levantada, a los periodistas. Sonríe.

El coche parte rugiendo. Ha de pararse en la Puerta del Sol. La gente no le deja marchar. Llego a tiempo para verlo de nuevo. Me acerco. Un carabinero, cerca de él, le dice mientras presenta armas:

—¡Qué grande eres, Manolo!

El público, frenético, aplaude. Azaña, sonriente, saluda desde el interior.

*

Animación extraordinaria en las calles de Madrid. El frenesí está a la orden del día. Efervescencia popular. Cerca de las ocho, la circulación es difícil en los lugares cercanos a los centros donde se debaten las incidencias de la crisis. «¿Tiene ya el poder?», pregunta la gente. «Me dicen que todavía no». «¿A qué esperan, pues?». Un espectador imparcial no puede menos de filosofar: si no dan pronto el poder a un hombre grato a todo este gentío que se pasea por Madrid, puede producirse un tumulto. La agitación de la calle parece la de las hormigas que huyen fuera del hormiguero antes de las tormentas.

*

Me he acercado a un hombre que encendía un cigarrillo mientras esperaba que entrase o saliese alguien por la puerta del Ministerio de la Gobernación.

Aquí, en Madrid, a estas horas la gente espera sólo para poder decir: «Lo he visto yo». Me acerco y le pregunto:

—Todas las crisis son iguales. ¿En todas las crisis se espera usted aquí?

Él, una vez encendido su cigarrillo, me responde:

—Verá usted, yo sí, porque soy un apasionao; sin embargo, los demás no. Y es que hay crisis vivas y crisis muertas. Ésta de ahora es la crisis más viva que se ha visto desde la República. Se lo juro a usted.

*

Cerca de las diez de la noche. Me hallo en la puerta del bar Chicote. Se oye subir por la Gran Vía mucha gente, con un eco rítmico. Las voces pronto me llegan con nitidez, agresivas. No tardo en darme cuenta de que se trata de una multitud que avanza, cogidos todos del brazo, como una ola irresistible. Ya los oigo claramente. Lo que dicen me horroriza: «Queremos la cabeza de Gil Robles. Queremos la cabeza de…». La manifestación se pierde Gran Vía arriba. Unas cuantas mujeres, despechugadas, son las que gritan más.

*

Portela ha dicho una frase bonita: «Han sido unas elecciones iconoclastas, porque han cortado muchas cabezas». Estas «cabezas», por ahora, son los señores Lerroux, Alba, Samper, Salazar Alonso, Bardají, Baquero y Martínez de Velasco, y los ministros Villalobos, Álvarez Mendizábal y Cirilo del Río.

Anoche, en el hotel Palace, el señor Portela dijo en su tertulia: «Las izquierdas han conseguido que la votación fuese casi unánime. Ojalá que consigan para ellos esta unanimidad en el Parlamento». El señor Portela se dedica en estos momentos a hacer frases.

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Artículo publicado en febrero de 1936 en L’Instant, diario vinculado a la Lliga Catalana.

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