Esta novela esconde un suspense psicológico sutil y perturbador sobre la culpa, la autoexigencia y las mentiras que nos contamos para sobrevivir, cuando el éxito deja de protegernos y la vida perfecta con la que soñamos se acerca al borde de un abismo.
En este making of Mónica González Inés explica cómo escribió El aire quema (Destino).
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Cuando empecé a escribir El aire quema llevaba varias semanas con una imagen que volvía a mi mente una y otra vez; la de una mujer con una apariencia impecable —americana negra de corte elegante, camisa blanca, bolso de Hermès—, bajando de un todoterreno de alta gama. Y un solo detalle, apenas perceptible y, sin embargo, capaz de cambiarlo todo: el ligero temblor de sus manos.
La protagonista de El aire quema, Lúa Cruz, es una mujer ambiciosa y brillante que ha pasado años construyendo la vida perfecta con la que siempre soñó: ascensos, reconocimiento, lujo, una familia unida y la sensación de tener siempre el control. Y justo en el momento en el que todas las piezas encajan —y cuando está a punto de recibir el premio que la consagrará como una de las mejores publicitarias del mundo—, un solo segundo de distracción amenaza todos sus logros y convierte su éxito en miedo.
Sin apenas tiempo de reacción, Lúa decide ocultar lo ocurrido y trata de fingir una normalidad que, por dentro, está muy lejos de sentir. Poco a poco empiezan los olvidos, las contradicciones, las reacciones fuera de lugar, mientras se debate entre dos versiones de sí misma: la mujer brillante que todos admiran y la mujer con las manos temblando que haría lo que fuera para no perderlo todo.
La profundidad psicológica, el ritmo ágil y la tensión narrativa son esenciales en la novela, para que el lector nunca sepa con seguridad si Lúa será capaz de mantener su secreto o acabará derrumbándose en cualquier momento.
Quería explorar la autoexigencia y el miedo a fallar, y llevarlo al extremo en una protagonista con aire de antiheroína, que confunde su vida con el trabajo y vive atrapada en la necesidad de sostener una imagen de control, eficacia y perfección a toda costa.
Siempre he pensado que el suspense es una herramienta maravillosa para diseccionar la condición humana; al poner a un personaje en una situación límite, las máscaras caen y se desvela su verdadera naturaleza interna. No importa lo que diga, ni tampoco cómo se comporte: la mejor manera —y tal vez la única— para conocer a un personaje a fondo es a través de sus decisiones cuando está sometido a presión.
Sin embargo, a diferencia del thriller convencional, el suspense de El aire quema no depende de giros espectaculares ni de acción externa, sino que parte de la psicología de los personajes, de los silencios y la tensión cotidiana. El suspense, en este caso, es lentamente absorbente y deja una sensación de inquietud constante, de lo que podría romperse en cualquier momento.
Quizás por eso, mientras construía la novela, me interesaba tanto la idea de que las manos son la única parte del cuerpo que nunca miente. El temblor es ese punto de fuga; una señal mínima, pero suficiente, de un estado interior que ya no se puede contener y que habla de culpa, hiperexigencia, miedo a fallar y no permitirnos equivocarnos nunca.
Desde el primer momento, tuve también la intuición de que la novela despertaría cierta incomodidad en el lector, que se haría preguntas con la protagonista, y quizás oscilaría a ratos entre la posibilidad de empatizar con ella o bien juzgarla, sin una sensación de castigo o redención clara, sino más bien con una pregunta: ¿hasta qué punto somos capaces de vivir con el peso de lo que hicimos?
Espero que el lector encuentre una historia que le atrape y le remueva por dentro, y también que se sienta acompañado en una soledad muy contemporánea: llegar a casa tarde, vivir pendiente del móvil, sentir que nunca desconectas del todo, o preguntarte en qué momento la vida empezó a parecer una lista infinita de tareas. Me gustaría que descubra entre las páginas del libro algo que llevaba tiempo necesitando escuchar. Y al mismo tiempo, que se haga preguntas junto a la protagonista: sobre la delgada línea que separa el éxito del fracaso, sobre todo lo que sacrificamos en el camino y sobre aquello por lo que, de verdad, merece la pena luchar.
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Autora: Mónica González Inés. Título: El aire quema. Editorial: Destino. Venta: Todos tus libros.


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