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Toma y lee (II): Un viaje inesperado

Toma y lee (II): Un viaje inesperado

En este omoshiroi que os sirvo en Zenda, publicaré una vez al mes un diario de lecturas y conversaciones sobre libros.

Si te apetece, toma y lee. 

1 de octubre, viernes

Un cementerio olvidado y una iglesia medio derruida. Desde un lento vagón observo paisajes eternos en la geografía de Castilla. Me acuerdo de La España vacía de Sergio del Molino, que no vaciada (vaya manía de cambiar lo que está bien dicho). “Atención: no se puede cruzar. Un tren puede ocultar otro”, insiste la megafonía en cada parada. Vidas rigurosamente vigiladas. Llego a Salamanca a media mañana. Vengo a una reunión de antiguos alumnos de la Pontificia, donde empecé a estudiar Periodismo en octubre de 1991. Arturo Pérez-Reverte, con gafas redondas, sin barba y pelo, protagonizó una de las primeras charlas a las que asistí. Aún era reportero de guerra de TVE.

Así lo narra Barlés, protagonista de Territorio Comanche: “Una vez lo contó en una conferencia, en Salamanca, ante alumnos de Periodismo que tomaban notas y abrían ojos como platos mientras él les contaba el precio de un polvo en Manila, cómo hacer el puente a un coche robado o sobornar a un policía iraquí”. “La guerra es un negocio de tenderos y de generales, hijos míos. Y lo demás es filfa”.

Pues eso. 

2 de octubre, sábado

Entro en la librería Letras Corsarias, que está junto al Centro Cultural Hispano-Japonés. Mientras mis amigos siguen contando batallitas noventeras de profesores y compañeros en la terraza de Posada de San Boal, llamo a Ben Clark, que viene mucho por Salamanca (estudió Filología Hispánica) por si está por aquí. Ben se ha ido el fin de semana a Lisboa y me hace varias recomendaciones. Opto por un recorrido por la literatura de no ficción y extranjera. Antonio Lite, el Maño, se decide por Los días perfectos, de Jacobo Bergareche.

Recuerdo aquellos días perfectos en Salamanca. Volvería a cumplir 19 años, enamorarme como un rapaz, levantarme a las 12 de la mañana, comer en La Rafaela, y que se nos fuera toda la tarde del domingo en el café Corrillo compartiendo sueños de corresponsalías, coberturas y redacciones.

Mi vida cambió en Salamanca.

4 de octubre, lunes

Hoy para mí es 1 de enero. Hay un consenso en que la vida arranca el 1 de septiembre. Si vives frente al Mediterráneo y la rutina no empieza hasta el primer lunes de octubre, hoy en realidad estreno temporada: episodio número 49. Vuelven las clases donde enseño crónica, reportaje, entrevista y articulismo. Muchos días llego al Aula 8 con una maleta de ruedas que parece a punto de ser facturada a Pernambuco. Fíjate este, qué bien. No, no me voy de viaje. Aquí traigo libros. Los voy sacando, uno a uno, como si gozara de una infinita chistera de papel. Les leo fragmentos y se los doy un rato (los libros no se prestan). Compartir tu biblioteca con jóvenes es devolver lo mejor que te enseñaron los libros.

5 de octubre, martes

Medallas de la Asociación de la Prensa de Málaga. Amigos, compañeros y conocidos de hola, ¿cómo estás?, no me acuerdo de tu nombre, perdona. Nos reunimos en el Castillo de Santa Catalina, “donde Franco pernoctaba”, recuerda Luciano González, que publicó un ensayo sobre el trabajo como periodista de Antonio Cánovas de Castillo.

Reconforta la vista de la Bahía, suave y adormecida, a punto de la hora azul. Apetece un Martini de Mar, estilo Rafael Pérez Estrada.

—Llámame cuando quieras, que ahora no tengo conversaciones.

Y, diez días después, quedamos. 

7 de octubre, jueves

Abdulrazak Gurnah. Ni idea. Es una ‘nobelad’.

Le doy a leer esta entrada a Toñi. Mmm. Parece que no pasa el corte…

8 de octubre, viernes

Esta vez tampoco lo logró Murakami, pero su último libro me ganó a mí.

Fachada de la Universidad Pontificia de Salamanca

11 de octubre, lunes

Estoy en el jurado de un premio de relatos. El que gana renuncia porque se había presentado a otro certamen. Quien quedó en segundo lugar acepta enseguida. A los que aspiran ahora a un premio les basta un golpe de clic. El concursante profesional tenía antes que imprimir, encuadernar, comprar un sobre e ir a la oficina postal. Son las 20.20 y cierra Correos. Certificado, urgente y con acuse de recibo, por favor.   

12 de octubre, martes 

Conozco por Óscar López en Página 2 los Cuadernos perdidos de Japón de Patricia Almarcegui. Los tengo ya en casa, esperando su turno de lectura. Quería empezarlos otro día. ¿Por qué no hoy?

“En japonés el verbo pintar es el mismo que escribir: Kaku”. Omoshiroi. 

13 de octubre, miércoles

Presento Lienzos literarios, de Julio de Manuel Écija, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés. El escritor veinteañero que se edita sus relatos. El de los corresponsales disecciona bien el oficio. También está bien construido el de Velázquez. Vendrán más libros. Quiere combinar la escritura y el periodismo. Lo conseguirá.

Sigo leyendo Horas muertas, de Garriga: “El deseo siempre terminaba venciendo al miedo”. 

14 de octubre, jueves 

Al recibir en primicia mi diario de septiembre antes de que se edite en Zenda, Leandro, compañero de Pradillo 42, me wasapea estas líneas, que son suyas, y ahora mías y, quien sabe, también tuyas, lector: toma y lee podría ser un eslogan estupendo para una campaña de fomento de la lectura, o de la cultura. 

Esto me lo escribió Leandro (Pérez Miguel) y lo dejo tal cual. Lo mismo cuando edite el diario me pide que lo quite. Lo entendería. Si no se publica, el lector no sabrá que recibí ese mensaje, y en la entrada de este día escribiré otra cosa o quedará en blanco. ¿Cuántas conversaciones de WhatsApp se pierden? La vida es un gerundio permanente: esperando un “escribiendo” o un doble check azul. 

15 de octubre, viernes

Comida con Antonio Soler. Me explica las últimas pesquisas sobre Hipólito Lucena, el protagonista de Sacramento, la novela que está a punto de publicar.

La larga conversación que compartimos la atesoro para siempre en mi memoria.

17 de octubre, domingo

Faulkner: “Yo soy el segundo mejor de mi generación: el primero es Thomas Wolfe”.

En la película Traductores, entretenida y reflexiva al mismo tiempo, explican el flujo de conciencia del Ulises de Joyce y diferencian muy bien lo que es literatura o un producto de mercado. Varapalo a los editores que convierten artefactos literarios en marketing.

Más Garriga: “La fama es la hermana pequeña de la muerte”. Sigo adicto a sus frases, a un universo que envuelve.

18 de octubre, lunes

Eva Díaz Pérez, directora del Centro Andaluz de las Letras, me enseña con detalle, recreándose en la memoria del nostálgico creador, la exposición de Emilio Prados. Antes de que llegue Eva, un guía les dice a los turistas delante de la Catedral que tienen varias opciones: marcharse al hotel (“¡No!”, exclaman), ir de shopping por calle Larios (no hay mayoría) o tomarse una cerveza (¡sí!, contestan todos). Málaga cultural.

Fotograma de Traductores

20 de octubre, miércoles

Empieza el VIII Congreso Internacional de Periodismo de la Fundación Manuel Alcántara que organizo con Guillermo Busutil. Se radiografía la crónica cultural y la periodística. Hay debate con el artículo de Alberto Olmos en El Confidencial: “¿Intimidación o soborno? ¿Qué tiene de periodismo el periodismo cultural?”.

Coincide el congreso con la fiesta del quinto aniversario de Zenda. Qué ingeniosos y libérrimos los pies de fotos de Jesús F. Úbeda de las imágenes de Jeosm.

21 de octubre, jueves 

NY en Málaga. Intervienen en el congreso Almudena Ariza, que acaba de regresar a Nueva York y viste una camiseta blanca en la que destaca la palabra Women en negrita; Enric González, que fue corresponsal en la Gran Manzana, y Raphael Minder, que trabaja en The New York Times. Antes de la mesa redonda que modero con estos tres grandes reporteros, llega mi amigo Juan Pablo y me regala Todos los futuros perdidos, de Eduardo Madina y Borja Semper. Luego vamos a La Campana y aparecen Álvaro Colomer y Berna González Harbour. Enric, recién aterrizado (excepto sus muebles) de la corresponsalía en Buenos Aires, y Raphael, que rememora el olor a las naranjas de Sevilla, están viendo la exposición del París de Brassaï en el Museo Picasso.

No recordaba que Berna había sido corresponsal en Rusia. Me cuenta detalles de su libro, El pozo. También me quedo con más ganas de conocer a Álvaro y de que firme Guardianes de la memoria: me impactó el intercambio de miradas del capítulo de Chernóbyl, puro Nuevo Periodismo literario.

22 de octubre, viernes

Almuerzo con Manuel Vicent, Busutil y Jorge Pedrosa en La Sole de El Pimpi. Anécdotas de su hijo Mauricio en Cuba. Manuel Vicent conoció a García Márquez en La Habana. El Nobel no sabía quién era el escritor valenciano. “Soy el padre de Mauricio”, le aclaró. Y Gabo corrió a abrazarle. Mauricio es Mauricio Vicent, el hijo de Manuel. “Si mi hijo estuviera aquí, ya se habría hecho amigo de todo el mundo: de los clientes, de los camareros, de los cocineros…”.

Vicent, con ojos Malvarrosa y perilla de viajero, está escribiendo una nueva novela. Me firma Ava en la noche, lectura del verano 2020. El maestro recuerda, con gracia y mirada traviesa, que uno empieza a ser mayor cuando dice alguna de estas tres cosas o las tres: 1) ¡Qué barbaridad! 2) Esto deberían prohibirlo. 3) Luego hará fresco. Habrá que llevarse una rebequita.

Hay risas cómplices.

Adelanta de qué va la columna del domingo en El País. Llamadas a muertos. Muertos que comunican. Muertos que responden con otras voces. Anda dos horas al día, ha sido muy deportista y adora recordar a los amigos. Café Gijón. Álvaro de Luna. Raúl del Pozo. El Roto.

Vicent es uno de nuestros Imprescindibles. 

28 de octubre, jueves

Aimar Bretos se encerró a las 2 de la tarde para preparar Hora 25. Un grupo de alumnos vienen a escucharle al Palacio de Congresos de Torremolinos. Muy cercano, sonriente y con ganas de hablar, conversa con ellos en un descanso del programa y cuando acaba la emisión, a las 23.25 horas. Les anima: “Probad nuevos formatos, trabajad mucho y leed todo”. 

29 de octubre, viernes

Anota Rafael Chirbes en sus diarios que publica Anagrama: “Me digo lo que me digo siempre y nunca cumplo: tengo que escribir menos acerca de sentimientos, expresar menos opiniones, y contar más anécdotas, tranches de vies, anotar diálogos”. 

30 de octubre, sábado

Esta madrugada se estrena el horario de invierno. Lo único bueno es que los atardeceres serán ahora más limpios y algunas tardes veré las costas de África. 

31 de octubre, domingo

Arranco las primeras páginas de Sacramento. Comenzar a leer una novela supone la emoción de un viaje inesperado.

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