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20 de junio de 1936: La CNT no quiere referéndum

20 de junio de 1936: La CNT no quiere referéndum

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Sábado, 20 de junio de 1936: La CNT no quiere referéndum

Buenas tardes, Rosa. Buenas tardes, Inés.

A poco de salir los dueños de la tienda de ultramarinos a dar su paseo vespertino por General Ricardos, la «Gran Vía de Carabanchel», entró, con las manos en los bolsillos, boina puesta y cigarro en los labios, Ángel Navarrete. Lo hizo ojeando los sacos de garbanzos y alubias. Rosa e Inés, atrincheradas detrás del mostrador, lo miraron con desconfianza. La antipatía que le profesaban las sobrinas de los Mañas era manifiesta. Como oscurecía tarde, aún entraba la suficiente luz por puerta y ventanas como para iluminar los sacos que llenaban los estantes.

"Necesitamos vuestra ayuda, Pepe. Necesitamos víveres. Si no llega más ayuda, no podremos continuar con la lucha. Algún día encontraré el medio de devolverte el favor"

—No quería hablar con vosotras, tranquilas. ¿Está Pepe?

—Está arriba, estudiando su oposición.

—Decidle que baje.

No hizo falta: Pepe Mañas ya bajaba por las escaleras. Apareció por la puerta de la trastienda. En mangas de camisa, sin corbata y con los ojos cansados de quien lleva muchas horas estudiando. Se le había oído arriba, memorizando los temas en voz alta. Pero la letanía cesó al entrar Navarrete en la tienda de ultramarinos.

—Me alegro de verte, Ángel. ¿Cómo va la huelga?

Los dos hacía tiempo que no se cruzaban. Si Pepe tenía los ojos enrojecidos de mucho leer, Navarrete tenía ojeras violáceas de no dormir. Como miembro del comité de huelga, estaba en todos los saraos. Cuando no se encontraba en el Ministerio de Trabajo, persiguiendo al subsecretario, andaba en la calle, patrullando por los tajos o ayudando en el sindicato.

—Mal, Pepe. La patronal no cede. Quieren que medie un jurado mixto que nos vuelven a imponer los republicanos, como en tiempos de Caballero. Nosotros no pensamos ir, pero los socialistas han decidido consultarlo con sus bases. Hoy votan si aceptan reunirse con los patronos bajo el arbitrio del jurado, como pretende el Gobierno.

—Ya me estuvo contando tu madre.

La madre de Navarrete era costurera. Vivía en la acera de enfrente, en un piso modesto, con sus hijas. Pepe se la había encontrado, al salir a tomar algo a primera hora de la tarde, por General Ricardos. Hablaba al pie del portal con otras vecinas.

—Antes de venirme, pasé por la Casa del Pueblo. Está insoportable de gente. Andan preparando el referéndum de mañana y votarán todos como borreguitos. Pero no vengo para eso. Necesitamos vuestra ayuda, Pepe. Necesitamos víveres.

—De ninguna manera —Rosa no desclavaba del sindicalista los ojos—. Ya me imaginaba que no podías venir para nada bueno.

—Pepe, por favor, es una cosa temporal. Irá con cargo a la caja de huelga de la Confederación. Si queréis, os hago un vale. Pero necesito esas legumbres, los garbanzos y las alubias sobre todo. Los suministros empiezan a escasear. Y si no llega más ayuda, no podremos continuar con la lucha. Algún día encontraré el medio de devolverte el favor, ya verás. Ayúdame a convencer a tus padres.

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