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Humedad

Históricamente, la estética se ha dedicado a acuñar categorías como las de lo sublime y lo bello, lo pintoresco o lo siniestro, y solo muy recientemente ha prestado atención a lo fronterizo; a aquellos lugares donde la pugna entre naturaleza y civilización se siente viva, y en los que se comprueba cómo la segunda, con su impulso de progreso y aceleración, abruma y arrincona a la primera. Por supuesto, dada la disparidad de entornos sobre los que proyectar esta idea, la frontera no tiene unos rasgos paisajísticos propios. Podría tratarse de llanuras secas, de dehesas o de montes bajos y neblinosos, como los de Tras-os-Montes, que es una región fronteriza también desde el punto de vista geográfico, lindando como linda con Zamora y Ourense, conformando un área relativamente extensa del noroeste peninsular.

"Lo que Teniente retrata es específicamente galaico; característicamente húmedo y verde, incluso cuando unas pocas fotografías se han tomado en zonas del centro y en algunos otros lugares olvidados, ajenos al área protagonista"

Eso es lo que Javier Teniente ha fotografiado en su fotolibro (Solar de Edicións, 2026), después de comprobar lo que se había perdido en el intervalo de dos visitas a una aldea de la zona, situada entre nuestro país y la región portuguesa citada, entre 2005 y 2017. Es casi obvio pensar en La España vacía (Sergio del Molino, 2016) y en el concepto que ese título afianzó, y más aún en Iberia vaciada: Decrecimiento, despoblación, colapso (Carlos Taibo, 2021), independientemente de que este último título ahonde en la dimensión política del ocaso de la ruralidad. Como quiera que sea, lo que Teniente retrata es específicamente galaico; característicamente húmedo y verde, incluso cuando unas pocas fotografías se han tomado en zonas del centro y en algunos otros lugares olvidados, ajenos al área protagonista. De todas formas, un marcado tono elegíaco unifica las imágenes, que constituyen un mundo declinante materializado en varias geografías alternativas: la de los paisajes, la de los interiores rurales y la de los rostros.

"Es también un libro sobre la vejez, y no tanto, o no solo, porque incluya retratos de personas mayores, sino, más bien, porque es intrínseca a todo proceso de vaciamiento y abandono"

Uno piensa en lares donde los ancianos hablan de nevadas históricas que ya no se dan, en comarcas en las que persiste una minería agonizante, en aldeas en las que aún se ven mandiles a cuadros y en las que todos se largaron en algún momento; todos, a excepción de los viejos y de una poca gente joven y vocacionalmente resistente. Por eso vemos surcos en casi todos los retratos: surcos de intemperie y madrugada, esculpidos por una luz fría, en un ambiente que es a la vez incómodo y acogedor, en lo que también conforma una característica de esa frontera. Si hablamos de humedad, pensamos en turberas oscuras, en las sierras de Ancares y O Courel —o Caurel, como aún se dice— y en algo, en definitiva, muy de tierra adentro. En estas noches no brilla una baliza portuaria, sino faroles como los de A Cela o Aldea de Paderne, fotos, ambas, de 2017.

Tras os Montes es también, pues, un libro sobre la vejez, y no tanto, o no solo, porque incluya retratos de personas mayores, sino, más bien, porque es intrínseca a todo proceso de vaciamiento y abandono. Es la misma para los cuerpos y las paredes, pero no para un entorno tan poco antropizado que puede seguirse consagrando a las edades geológicas. Esto último podría suponer la nota luminosa, porque en esas medidas temporales cabe tanto un esplendor pasado como un futuro esperanzador, por inconcebible que nos pueda resultar tal como están las cosas, o tan concebible, precisamente por eso: por la desesperanza que inunda la vida cosmopolita, inmersa en la pesadilla en la que se ha convertido el sueño del progreso, pero también por ese pulso lento, ducho en arrostrar dificultades, que pervive una vez más.

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Autor: Javier Teniente. Título: Tras os montes. Editorial: Solar de Edicións. Venta: Todos tus libros.

Serra de San Mamede, Ourense, Galicia

Eladio (90) y Rosario (83) en el interior de su casa. Viven con uno de sus hijos y una nieta. Cuentan que en la aldea hubo hasta 600 vacas y 5 rebaños de ovejas. Ellos tenían 12 vacas, además de cerdos, algunas ovejas y gallinas. Ponte, A Veiga, Ourense. Enero, 2024

Villa Flora. Las aguas termales de Mondariz son famosas desde hace más de un siglo. En 1933, el municipio de Mondariz Balneario ofrecía una oferta turística y hotelera realmente importante com 16 hoteles y otras 15 casas de alojamiento, situados alrededor del Gran Hotel Balneario, uno de los referentes del termalismo en España. Villa Flora, regentado por Alberto D. González, ofrecía “Pensión completa. Trato familiar. Amplias habitaciones, espléndido jardín, huerta y garaje. Exquisita comida a la española”. Mondariz-Balneario, Pontevedra, España

Pobar, Tierras Altas, Soria. Aquí vive Lorena (31) con Jesús, su pareja, y con Manaslu, su hijo de cuatro meses. Se dedican al pastoreo y tienen unas mil ovejas. Son los únicos habitantes de Pobar a tiempo completo (en verano llegan algunos vecinos). El médico más cercano está en Magaña, a una media hora en coche. Ella se vino a vivir sola, con su rebaño, a Pobar, en busca de buenos pastos. Conoció a Jesús en una reunión de pastores y mantuvieron contacto durante algún tiempo por WhatsApp, hasta que decidieron vivir juntos.

En octubre de 2017, se produjeron grandes incendios por toda Galicia, la mayor parte de ellos intencionados. Esta es también otra de las consecuencias del abandono de las zonas rurales en España. Traspielas, Serra do Suido, Galicia.

Manuel, 79. Serra de San Mamede, Ourense

Segundo Núñez tiene 64 años y es el último habitante de la aldea de Deva, situada a unos mil metros de altitud en la Sierra del Pando en los Ancares de Lugo. Eran cinco hermanos, pero todos optaron por dejar el pueblo hace ya muchos años, dos se fueron a Barcelona y otros dos a otras ciudades gallegas. Tiene ocho vacas y un burrito que le ayuda a subir a la Campa de Brego, los pastos donde pasa el verano sus vacas y camino de la cumbre del imponente Penarrubia. Cuenta que cuando él era un crío, en la aldea tenían más de 500 cabras y ovejas, 50 vacas y caballos. Deva, Cervantes, Serra dos Ancares, Lugo, Mayo 2022

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Juan
Juan
4 horas hace

Buenas tardes:
Tiene buena pinta el libro.
Dice el autor de la reseña:
“Es casi obvio pensar en La España vacía (Sergio del Molino, 2016) y en el concepto que ese título afianzó, y más aún en Iberia vaciada: Decrecimiento, despoblación, colapso (Carlos Taibo, 2021), independientemente de que este último título ahonde en la dimensión política del ocaso de la ruralidad”.

No es casi, es inevitable. No podemos escapar. Desde hace un tiempo “el color del cristal con que se mira” es ese y no vale darle vueltas. Sobre todo teniendo en cuenta la abrumadora presencia, en todos los aspectos, del primero de los títulos. Tan abrumadora que ciega, aturde, esconde, cambia la naturaleza del problema y, por tanto, la comprensión del asunto.

Pero bueno, ya digo que, a estas alturas ya es inevitable y no vale darle vueltas.
Saludos.