Inicio > Actualidad > Entrevistas > Manuel Jabois: “He estado rodeado de mujeres muy fuertes”

Manuel Jabois: “He estado rodeado de mujeres muy fuertes”

Manuel Jabois: “He estado rodeado de mujeres muy fuertes”

En La víspera (Alfaguara), la última novela de Manuel Jabois, vuelve a aparecer ese territorio suyo de hombres rotos. Hay también fútbol, fracaso, deseo, culpa, alcohol, nostalgia y aquella manera tan gallega (y tan jaboisiana) de convertir la tristeza en una conversación de madrugada mientras alguien fuma junto a una ventana.

Las fotos (de Jeosm, naturalmente) las hicimos en la editorial antes de escaparnos un rato a charlar en una terraza milagrosamente desierta de Chamberí. Siempre a petición del autor: “Solano, Jeosm, sacadme de aquí, que llevo toda la mañana en esta sala contestando preguntas”.

Así pues, entre vinos, amaneceres, literatura y patatas con mayonesa que amenazaban constantemente con precipitarse sobre la mesa, charlamos con Manuel Jabois.

***** 

—Tu novela vuelve a un territorio muy reconocible en ti: hombres emocionalmente devastados, mujeres que sostienen el relato y una cierta melancolía masculina que acaba siendo casi un paisaje literario. ¿No temes terminar estetizando la inmadurez masculina?

"El problema de mi protagonista no es exactamente la inmadurez. Es el viaje de vuelta"

—No, la verdad es que no. El problema de mi protagonista no es exactamente la inmadurez. Es el viaje de vuelta. Y los viajes de vuelta son siempre complicados, sobre todo cuando vienes de algo irrepetible: la gloria. Él vuelve de un lugar al que sabe que jamás regresará. Y eso destroza a cualquiera. Un exfutbolista, para el aficionado, es un pedazo de pasado. Un cuerpo que ya no existe. Entonces busca desesperadamente la ovación, la dopamina, el aplauso de antes. Y claro, acaba haciendo cosas bastante miserables.

—Pero tus novelas habitan un territorio peligroso: hombres emocionalmente destruidos que pueden resultar atractivos precisamente por esa ruina.

—No creo que sea fácil admirar a Charly Palmeira. Es un personaje bastante desagradable. Igual que el protagonista de Mirafiori. Son tipos rotos que además rompen lo que tienen alrededor. Yo no escribo héroes. Lo único que intento es querer a mis personajes mientras los escribo. Luego el lector puede hacer lo que quiera con ellos.

—Tus personajes vienen casi siempre de abajo.

—Claro. Son gente intentando reconstruirse desde el desastre. Pero yo no creo que una novela tenga que ofrecer soluciones morales. A veces simplemente observas una familia atravesada por algo oscuro, por un elefante dentro de una habitación que cada vez ocupa más espacio.

—¿Se puede escribir “desde abajo” siendo columnista de El País y teniendo el lugar que ocupas hoy?

"Vivimos obligados a responder ante la realidad. Y de repente descubres el placer de deformarla, de fabular, de construir algo que no existe"

—Sí, si eres capaz de separar las cosas. Una cosa es el periódico y otra la ficción. El periodismo trabaja con hechos; la novela te permite inventar. Y para un periodista eso tiene algo casi morboso. Porque nosotros vivimos obligados a responder ante la realidad. Y de repente descubres el placer de deformarla, de fabular, de construir algo que no existe.

—¿La ficción es un refugio para ti?

—Supongo que es una manera de explicarme a mí mismo. Y seguramente hay más verdad mía en las novelas que en las columnas autobiográficas. Porque en la ficción puedes esconderte detrás de muchos personajes. Cada pequeña miseria de mis protagonistas probablemente es mía. Y cada nostalgia.

—¿La nostalgia es un privilegio de clase?

—No necesariamente. Mi nostalgia viene de una familia humilde. Clase media baja, claramente. Ahora bien: sí, mi situación actual es privilegiada. Y eso te obliga a escribir con cuidado cuando hablas de la realidad de otros.

*

(En algún momento pedimos más vinos y en algún momento nos traen una estupenda tapa de ensaladilla. Al hilo de la mesa y la vida, surge el nombre de Julio Camba, y ahí Jabois cambia ligeramente el tono).

*

—Juio Camba me cambió completamente. Yo venía de una etapa muy barroca, muy de “sonajero de la prosa”, pensando que escribir bien era juntar palabras bonitas. Y de repente descubro a este tipo que parece estar diciendo una frivolidad mientras te mete un pensamiento profundísimo. Ahí entendí muchas cosas.

—¿Tú imitabas estilos?

—Al principio, todo el rato. Hacía columnas imitando a Arturo Pérez-Reverte, a Francisco Umbral, a Javier Marías… Era un escritor buscando una voz. Yo supongo que todos empezamos así.

*

(La comida continúa. Se cae una patata. Jabois intenta recogerla mientras sigue hablando de literatura, madres gallegas y amaneceres).

*

—En tus novelas las mujeres sostienen emocionalmente el relato mientras los hombres, siempre protagonistas, orbitan rotos alrededor.

"Ellos son los protagonistas sencillamente porque a mí me resulta más fácil proyectarme en los personajes masculinos. En las mujeres no"

—Sí, seguramente. Ellos son los protagonistas sencillamente porque a mí me resulta más fácil proyectarme en los personajes masculinos. En las mujeres no. Quizá por eso me salen más puras, menos contaminadas de mí mismo. Y porque he estado rodeado de mujeres muy fuertes toda mi vida: mi madre, mis tías, mis abuelas.

—¿Qué tiene La víspera que no tengan tus otras novelas?

—Creo que más madurez. Y también más incomodidad. No es una novela complaciente. No es una novela hecha para agradar. Y eso me interesa mucho.

—¿El arte no debe agradar?

—Puede hacerlo, claro. Pero, mira, cuando entrevisté a C. Tangana, me dijo algo muy interesante sobre el himno del Celta: “Es la primera vez que hago algo deliberadamente para agradar”. Y añadía que le resultaba raro. A mí me pasa igual: lo que más me interesa suele ser lo incómodo.

—Hay un narcisismo sentimental muy contemporáneo en tus personajes masculinos.

—Puede ser, pero no soy consciente de eso. Estoy empezando ahora a recibir el feedback de los lectores, pues la novela acaba de salir y lo que dices me interesa muchísimo. El término es bueno, “narcisismo sentimental”. Lo usaré.

—No quiero terminar esta conversación sin una pregunta casi de obligado cumplimiento: ¿de dónde sacas el tiempo para escribir novelas?

"Tengo una fascinación extraña con los amaneceres: todos los días hago fotos del amanecer"

—Madrugo muchísimo porque duermo fatal. Me levanto, desayuno y escribo. Luego hago micro-siesta tras micro-siesta. Tengo una fascinación extraña con los amaneceres: todos los días hago fotos del amanecer como un imbécil, aunque sé perfectamente que mañana volverá a salir el sol. O eso espero.

—¿Por qué el título La víspera?

—Por decisión de mi editora. Pero mira, encaja con las vísperas religiosas, el rezo de quienes amanecen muy temprano. Me gusta esa idea.

*

(Jabois se termina la ensaladilla y se va corriendo, a seguir con la ronda de entrevistas. Mientras pago los vinos pienso en sus amaneceres y sus fotos y me digo que quizá ahí esté también una de las claves de sus novelas. Esa sensación de que todo puede derrumbarse en cualquier momento (el amor, el cuerpo, la gloria, la juventud) y aun así seguimos levantándonos temprano para mirar el horizonte, como si todavía esperáramos algo).

2.7/5 (6 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios