La palabra de Inma Chacón puede iluminar los rizos de las olas oceánicas, esa nieve que todo lo señala, ese rayo de luna plateada que riela en las noches africanas. Como en otra versión de Las mil y una noches, los versos de la autora todo lo abrazan, todo lo denuncian. Son existencia comprometida. Un grito de angustia y de rabia que retumba por doquier, porque no se hace nada para que acabe el tráfico de las pateras y de los cayucos, de los refugiados, de la injusticia que reina en ese Sáhara inmenso: como la palabra poética de Inma Chacón, que tiembla y nos hace temblar.
Zenda comparte cinco poemas de Fronteras, un libro de Inma Chacón publicado por Huerga & Fierro con prólogo de Miguel Munárriz.
***
Proemio de FRONTERAS
Volverán a dibujarse las estelas
en el azul del tiempo.
Volverá la espuma a dividir el horizonte
entre lo que se quedó por vivir
y lo vivido
entre la caricia del sueño
y el abrazo del agua:
el mar
(estrecho
para las manos amigas
y prohibido
para los que no pueden rozarlo con los labios).
Volverá el viento que nos mece
y nos arrastra
la luna
en cuarto menguante y retadora
los dragones alados
el foso navegable
que nos protege de miedos antiguos
la frontera
donde nos golpeó la visión de la miseria
el laberinto
donde nunca nos perdimos
con su olor a especias
y a sherezades
que no vivieron las mil y una noches.
Volverán
yo sé que volverán
la memoria será generosa
como siempre
y guardará el perfume
de todos los frascos derramados.
***
Fútbol a las afueras de la medina
Ha empezado el partido.
El delantero y el defensa
comparten un par de sandalias
para poder patear el balón
-uno con el pie derecho
el otro con el izquierdo-.
Mientras se enredan en su baile impar
sueñan con el número de la camiseta
que podría llevarlos
-sin necesidad de pateras-
a la otra orilla del mundo
allí donde también hay miseria
pero no juega al fútbol a las afueras de la medina
entreteniendo al ayuno sobre campos de arena
desafiando al calor
con un sueño imposible
y un pie descalzo.
***
Campamentos de El Aaiún
Parece polvo
lo que respiran
los refugiados saharauis
de El Aaiún
partículas de arena suspendida
que se cuelan hasta el fondo de sus tiendas
y de sus almas.
Parece polvo
pero si lo fuera
bastaría con sacudirlo de sus techos de lona
para que no se acumulase
en capas sucesivas
de dolor y de vergüenza.
Parece arena dorada
flor del desierto
esa mentira arrastrada década a década
esa promesa incumplida
dormida
como los sueños
de los que nunca más
abrirán los ojos.
Parece polvo de arena
talismán de trashumancia
sí
lo parece
pero si lo fuera
esos ojos seguirían abiertos
expectantes
dispuestos a mirar de frente
a los que sólo guardan para ellos
balas de fuego
y de miedo.
***
Herida
(Para María Gutiérrez Luengo, mi madre,
que murió el 3 de septiembre de 2020,
el mismo mes que mi padre,
después del confinamiento que comenzó en marzo.)
Se cerraron las puertas del mundo de repente
aquel marzo sin flores
ni esperanza de abril
ni velos blancos de mayo
ni verano.
Y nosotros echamos todos los cerrojos
de tu casa
para intentar salvarte.
Debías sobrevivir.
Y lo hiciste.
Resistir no es vivir sin miedo en las espaldas
sino seguir erguido
y acostumbrarse al peso
aunque el centro de la Tierra se empeñe en su trabajo.
El triunfo no está en salir ileso
la herida forma parte del binomio
que marca el principio y el final de la batalla
después
hablarán las cicatrices
memoria del dolor y de la sangre.
Vencer es asomarse al precipicio y construir un puente
ignorar la obstinada invocación a la hondonada
y cruzar mirando al otro lado
mientras continúa viva
y seductora
la posibilidad del salto.
Porque volar no es suspenderse en el vacío
es conseguir que las alas se desplieguen
capaces de impulsarnos
para llegar incluso hasta las nubes
sin levantar los pies del suelo.
Y tú lo hiciste.
Resististe con nosotros
te asomaste a la ventana
y te lanzaste al vuelo de las palmas
repletas de agradecimiento
y venciste.
Saliste del encierro
con alguna que otra cicatriz
pero venciste.
Triunfaste.
Era de justicia que lo hicieras.
Pero te esperaba septiembre
terco, como siempre,
implacable
decidido a no caer en ninguno de los trucos
que inventamos para ti.
***
Tus besos
Me gustan tus besos
saben a café de media tarde
a tortitas con nata
a primera cita
a ternura
y me dan derecho a quererte.
Me gustan tus manos
me acaricias la cara
me retiras el pelo
me rodeas la nuca
y provocas que la tierra se inunde.
Agua.
Sube la marea de todos los mares
los ríos se desbordan
se deshielan los polos
el magma se disputa con el agua
las pendientes del volcán.
Tus manos juegan.
Me gusta tu boca
me sonríes
con cara de niño diablo
y el infierno de Dante
necesita otro círculo
para ser el infierno.
Fuego.
Me gustan tus ojos
me miran
me habitan
me hablan con pocas palabras.
¡Parco!
¡Parco!
¡Parco!
Me gustan tus dedos.
Me gusta tu piel.
Cuando roza la mía
las selvas del mundo
se convierten en praderas verdes
seguras
tranquilas
soleadas
mullidas
dulces praderas
salpicadas de gente feliz
y manteles a cuadros.
Me gustan tus pies.
Tierra.
Tus suspiros vuelan
comparten mi respiración y mi latido
sin miedo a equivocarse
y se cuelan por donde quieren.
Aire.
Me gustan tu voz y tu mente
se acoplan
se entienden
a veces, se muestran
y otras,
se esconden
y esperan,
quizá desconfían
quizá se defienden
quizá se protegen.
Hueles a pan y a merengue
recién salidos del horno.
Me gusta tu manera de andar
y de estar quieto
de apoyarte en un árbol
de esperarme a la salida del metro
de invitarme a cenar
de saborear la cerveza
de pedir la cuenta
de protestar
porque no te mira el camarero.
Me gusta
tu forma
de ponerte
de tu lado bueno.
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Autora: Inma Chacón. Título: Frontera. Editorial: Huerga & Fierro. Venta: Todos tus libros.


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