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María Dabán: “Si tú tienes mucho poder, siempre va a haber alguien que vaya contra ti”

María Dabán: “Si tú tienes mucho poder, siempre va a haber alguien que vaya contra ti”

Lope de Antillón defendió al papa Clemente VII durante el asedio de Roma, y como recompensa le dieron una bula papal en 1530. Sus descendientes la siguen teniendo en casa. María Dabán es una de las herederas de la “Bula de Antillón”, que entre otras cosas le permite, si le viene en gana, dar una trompada a un eclesiástico, siempre y cuando no sea un obispo. Esta historia la contó en el programa de televisión de El hormiguero, del cual es colaboradora, y al sacerdote de su pueblo se le atragantó la cena. Cuando el cura vio a María, le preguntó: “¿Es verdad que me puedes pegar?”, y la periodista le respondió: “De momento, no tengo intención”. Esta es una de las muchas curiosidades que podemos leer en Cada loco con su historia, un entretenido y divertido libro que María Dabán ha publicado en Ediciones B.

Hablamos con María Dabán del Ozempic medieval que acabó con la obesidad mórbida de un rey de León, sobre el papa al que sacaron de la tumba para juzgarlo después de muerto y acerca del envenenamiento a lo Putin del asesino de Trotski .

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—Por lo que veo, compartimos afición: saber quién es el señor o la señora a la que han dedicado una estatua en cualquier pueblo o ciudad que visitamos. 

—Sí. (Risas) Cuento en el libro que me llamó mucho la atención la estatua de Boudica, que está cerca del Palacio de Westminster. Le hacen una escultura a una señora que arrasó Londres. Todas esas cosas me llaman siempre la atención. También, por ejemplo, cuando descubrí en una tienda de souvenirs de Córdoba la historia de Sancho I de León, el Craso, y Hasday. Vi una placa que hablaba de ese médico judío, y al investigar me enteré de que había conseguido que el rey leonés, que pesaba 220 kilos, adelgazase a la mitad. Cuando surgió la oportunidad de escribir el libro, empecé a recordar esas anécdotas que había apuntado en mis viajes.

—La teoría de que todos tenemos un doble, Doppelgänger en alemán, sabemos que es cierta por Esporo. Nerón afirmaba que este esclavo, al que mandó castrar para poder casarse con él, era el doble de su difunta esposa.

"Desde que Nerón se fijó en él, Esporo no tuvo un día bueno"

—Esposa a la que el propio Nerón había matado, supuestamente, de una patada cuando estaba embarazada después de una discusión familiar. Este joven tuvo una vida muy desgraciada. Hay vidas sin un solo momento de felicidad. Desde que Nerón se fijó en él, Esporo no tuvo un día bueno. Es cierto que vivía como una emperatriz, pero su vida fue muy dura. Su infortunio no terminó con la muerte de Nerón, sino que prosiguió a lo largo del año de los cuatro emperadores (69 d. C.) hasta que se suicidó. Esta es una historia terrible que me llegó con Pax, el libro de Tom Holland. De este esclavo no conocemos ni siquiera su nombre; Esporo significa “esperma”, algo bastante irónico. Pobre.

—Háblenos del Concilio Cadavérico. 

—Esta es una historia sorprendente, y mira que ha habido papas libertinos. La historia del papa Formoso yo creo que es una de las más tremendas. Este papa apoyó que los territorios italianos los dominara un candidato alemán, porque no le gustaba el que había tomado el poder, de la familia de los Spoleto. Ese príncipe alemán, después de conquistar diversos territorios a lo largo de Italia, tuvo que retirarse después de sufrir una especie de parálisis. Los Spoleto recuperaron esos territorios y juraron venganza contra Formoso. Lo curioso es que este papa murió antes de que pudieran vengarse; dicen que pudo ser envenenado. A los Spoleto no les bastó con su muerte y presionaron para que Formoso fuera juzgado. Lo desenterraron y le pusieron las vestiduras papales. El cuerpo lleva casi un año bajo tierra y por las cuencas de los ojos le salían gusanos. Hasta le pusieron un abogado defensor para el proceso. Formoso, como ya se intuía, perdió el juicio y le cortaron los tres dedos de la mano con los que impartía la bendición y lo tiraron al río Tíber. Una historia parecida es la de Inés Castro: fue asesinada por unos esbirros de Alfonso IV de Portugal, y en venganza su padre, cuando los derrotó, la desenterró y obligó a todos los nobles portugueses a rendirle pleitesía al cadáver.

—Me ha encantado la frase que cita de Paloma Gómez Borrero sobre un concilio vaticano. Un cardenal le confesó que había visto “la mano del Espíritu Santo, la mano del hombre y la mano del diablo”.

—Toda la liturgia que hay detrás de un concilio, toda esa escenografía, es muy curiosa. Yo cubrí como periodista el cónclave de Benedicto XVI, tras la muerte de Juan Pablo II. Es un proceso muy atractivo para contar; todo es muy llamativo, sobre todo la fumata blanca. En el caso de Benedicto XVI, fue la primera ocasión en la que se tocaron también las campanas para anunciar al nuevo papa. Casi se ahogan los cardenales en aquella ocasión y tuvieron que abrir las puertas de la Capilla Sixtina antes de tiempo. Comenzó a salir un humo gris y no se sabía muy bien de qué color era la fumata. Al final, salió el humo blanco.

—Balduino IV es famoso por haber derrotado a Saladino y por su apodo, el rey leproso. ¿Es cierto que llevaba una máscara para ocultar su rostro? 

"Lo de la máscara no está muy claro, pero sí que debía de llevar unas vendas. La de Balduino IV fue una historia de un valor asombroso"

—Eso es algo que nos ha llegado a través de Hollywood, de la película El Reino de los Cielos (2005), de Ridley Scott. Lo de la máscara no está muy claro, pero sí que debía de llevar unas vendas. La suya fue una historia de un valor asombroso. Fue rey con trece años y tuvo que enfrentarse a Saladino siendo muy joven y con todas las limitaciones físicas que tenía por la lepra. Al ser un rey débil físicamente, sus súbditos se lo pusieron muy difícil; había mucho interés por sucederle cuanto antes. Pero Balduino tuvo un coraje que no tuvieron los demás y consiguió derrotar a Saladino.

—En ese capítulo descubrimos una curiosidad: Felipe VI es el rey de Jerusalén. 

—Sí. (Risas) Lo es por vía de Fernando el Católico, que conquistó el reino de Sicilia, y esta casa ostentaba el título de reyes de Jerusalén. Conocí esta historia por una anécdota que contó un catedrático del Constitucional. Por lo visto, cuando el rey Juan Carlos I fue al funeral de Shimon Peres, le pusieron en un lugar de honor. El emérito preguntó por qué lo habían sentado en aquel lugar, y le contestaron que Su Majestad era el rey de Jerusalén.

—Le dedica un capítulo entero a uno de los personajes más novelescos que ha dado la historia, Jacobo de Molay. 

—A mí este personaje me encanta. Su historia la conocí por los libros de la serie Los reyes malditos, de Maurice Druon, que narran el final de la dinastía capeta. Dicen que cuando iba a ser quemado en la hoguera, Jacobo de Molay pronunció su maldición. Si me están quemando en la hoguera, no creo que pudiera decir gran cosa… Sí es cierto que tres personas responsables de su ejecución —el papa Clemente V, Beltrán de Goth y el rey de Francia, Felipe IV— murieron en el plazo de un año. También fallecieron varios hijos del rey en un periodo corto de tiempo. La captura de los templarios fue cruenta. Pienso que se produjo una enorme injusticia con ello. Jacobo de Molay fue muy valiente: después de confesar su herejía, con torturas, en el último momento dijo que todo lo que había dicho era falso y reclamó su inocencia. Esto fue lo que provocó que le quemaran en la hoguera. El problema era que en ese momento la orden del Temple era muy poderosa. Si tú tienes mucho poder, siempre va a haber alguien que vaya contra ti. Esto también pasa ahora. Y esa es una de las enseñanzas del libro, no en un sentido estricto, pero es algo que subyace.

—También tiene su momento la reina serpiente, Catalina de Médicis. 

"Lo curioso de esta historia es que reprodujeron la herida en cuatro condenados a muerte para ver si podían encontrar alguna forma de curar al rey"

—Su hija Isabel fue la tercera esposa de Felipe II. Fue una de las grandes bullidoras de la época. Un personaje muy interesante. En el libro cuento la historia de su marido, Enrique II, que murió en una justa medieval para celebrar esa boda entre su hija Isabel y Felipe II. En una boda se pueden hacer muchas cosas, pero una justa no. (Risas) Al rey francés le clavaron una lanza en el ojo. Lo curioso de esta historia es que reprodujeron la herida en cuatro condenados a muerte para ver si podían encontrar alguna forma de curar al monarca. Los cuatro delincuentes murieron, y el rey también. Con sus sucesores comenzaron las guerras de religión en Francia. A lo mejor, si Enrique II no hubiera participado en ese torneo, las cosas hubieran sido de diferente manera.

—La historia de François Vatel es una de mis preferidas, quizás la más literaria. 

—Me parece asombrosa la capacidad de trabajo que tenía François Vatel. No era un simple cocinero, era un maestro de ceremonias: organizaba los espectáculos, los banquetes, cuidaba de la disposición de las mesas… Vatel era un verdadero maestro. Su señor, el príncipe de Condé, había participado en la conspiración de la Fronda contra Luis XIV. Para intentar reconciliarse con el monarca, lo invitó a una gran fiesta con toda su corte de Versalles. La presión que soportó Vatel fue muy grande; iba a ir la familia real al completo. Al banquete fueron más personas de las previstas, y el primer día faltó asado para veinticinco personas; Vatel se deprimió mucho con ese contratiempo, pensaba que había perdido el honor. Pero lo peor vino al día siguiente, cuando el pescado no llegaba. Vatel no pudo aguantar el fracaso y se suicidó. Lo más curioso es que al poco de morir, sus ayudantes entraron en la habitación para decirle que el pescado acababa de llegar.

—Hacia el final del libro cruza el charco y nos lleva a los Estados Unidos para hablar de su independencia y también del puente de Brooklyn. 

"La inteligencia de esa mujer tuvo que ser portentosa. Y después del puente, se dedicó a defender la causa de la mujer y a pedir el sufragio femenino"

—Me gusta mucho la historia de Emily Warren Roebling, una mujer que no era ingeniera, que consiguió sus conocimientos de forma autodidacta, y realizó esa hazaña: acabar ese gran proyecto que habían puesto en marcha su suegro primero y luego su marido. Ella fue aprendiendo sobre la marcha a resolver los problemas de la construcción. Yo siempre digo que conmigo no se habría hecho el puente. (Risas) La inteligencia de esa mujer tuvo que ser portentosa. Y después del puente se dedicó a defender la causa de la mujer y a pedir el sufragio femenino. Fue una mujer muy activa. Curiosamente, su marido, que estuvo siempre muy enfermo —postrado en cama—, vivió mucho más que ella. Emily falleció de un cáncer de estómago a los cincuenta y nueve años, y él duró hasta los ochenta y pico.

—De la Segunda Guerra Mundial incluyes dos historias. Una de ellas la de los norteamericanos de ascendencia japonesa que acabaron en campos de internamiento. 

—Conocí esta historia por un libro que se llama Las propiedades de la sed (Libros del Asteroide, 2024), de Marianne Wiggins. La historia va de unos personajes que tienen que ir a construir uno de esos campos de concentración. Me puse a averiguar lo que ocurrió y me pareció muy injusto porque a los alemanes de los Estados Unidos no se les trató de la misma manera que a los japoneses. Es algo que sufrieron especialmente los japoneses de la parte oeste del país. En mi libro cuento una historia que sucedió en California. Lo curioso de todo esto es que esos ciudadanos nunca se plantearon ser desleales, porque ellos se consideraban norteamericanos. Para ellos, que su país de origen, Japón, bombardeara los Estados Unidos fue un deshonor; algunos llegaron a suicidarse. Es un episodio muy desconocido de la historia y muy duro. Creo que Roosevelt fue siempre un político admirable, pero en este caso no se portó nada bien; los mantuvo hasta el final de la guerra para no tener problemas en las elecciones.

—Lo de Ramón Mercader y el reloj radiactivo da para una película. 

"Según su versión, el cáncer se lo produjo a Ramón Mercader un reloj radioactivo que le regaló la KGB como homenaje"

Lo del reloj es una teoría de su hermano, que fue profesor de telecomunicaciones de la Universidad Pública de Navarra. Luis Mercader escribió un libro en el que contó la historia de su familia, y ahí fue donde descubrí esa teoría sobre el cáncer de huesos que afectó a su hermano Ramón. Según su versión, el cáncer se lo produjo a Ramón Mercader un reloj radioactivo que le regaló la KGB como homenaje, como agradecimiento a sus servicios por haber matado a Trotsky. Mercader era un personaje incómodo para la Unión Soviética. Su mujer no se adaptaba a vivir en Rusia y él quería irse a Cuba. Había intención de quitárselo de en medio, y lo que cuenta su hermano Luis sobre el reloj cuadra bastante, sobre todo si lo traemos al presente con todo lo que les ha pasado a los enemigos de Putin.

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