Unas aventuras de Tintín completas, en primeras y segundas ediciones con lomo de tela. Un busto del santo Malverde, patrón de los narcos de Sinaloa. Un trozo de estuco chamuscado de la biblioteca de Sarajevo. Una carta manuscrita de Patrick O’Brian, autor de la serie de novelas de Jack Aubrey y el doctor Maturin. Una navaja Aitor Commando con muchas historias que contar. Un busto de Homero. Un desnudo de mujer dibujado por un pintor sevillano. Una butaca de la rotonda del hotel Palace. Un revólver Webley colonial británico del siglo XIX. Un catalejo de barco ballenero forrado en piel de cetáceo, regalado por Javier Marías. El rinoceronte de peluche Murphy, mascota del equipo de TVE en la primera guerra del Golfo. Una jarra de metal azul para vino retsina griego. Un fragmento de metralla de la guerra del Líbano. Sables de caballería de los siglos XVIII y XIX. Un busto de bronce tamaño natural de Napoleón Bonaparte. Un posavasos del casino de Montecarlo. Un trozo de piedra de la torre de Montaigne. Un portarretratos con una rama de olivo de la cárcel donde murió Sócrates. Un exvoto pintado sobre hojalata agradeciendo a la Virgen de Guadalupe que mi hija se compuso del vicio muy feo al que se dedicaba. Un compás náutico antiguo. Un cartel de cuando la Marcha Verde en el Sáhara con las palabras Peligro minas en español y en árabe. Un Kalashnikov AK-47. Un trozo de capitel de una columna romana de Tiro. Una maqueta del navío de línea San Juan Nepomuceno y otra del Santísima Trinidad. Un cenicero triangular de Cinzano. El casco del piloto del helicóptero de Aduanas Javier Collado. Un barco en una botella. La medalla de Santa Elena concedida al exgranadero de Waterloo Jean Gal y un portarretratos con flores secas recogidas en el campo de batalla. Una escafandra de buzo. Una maqueta de la Bounty. Una piedra de la muralla de Adriano. La pistola Browning FN, la pluma Sheaffer y el encendedor de plata Parker Roller Beacon de Lorenzo Falcó. El timón del barco de Paco el Piloto. Una taza del restaurante Munich Recoleta de Buenos Aires. El guante de esgrima de un niño. Una vieja cajetilla de cigarrillos Player’s. Una carta náutica del Mediterráneo del siglo XVIII. Un casco de legionario romano. Una lata de tabaco de pipa Balkan. Un cenicero del hotel Negresco de Niza. Un tricornio de la Guardia Civil. Clavos del navío francés Neptune, hundido en Trafalgar. Un librillo de papel Bambú. Una navaja de afeitar con hoja de Solingen. Una botella de whisky Loch Lomond. Una tabla con el retrato del cardenal Richelieu. Un frasco con arena de la playa donde Odiseo conoció a Nausicaa. Un cenicero del hotel Vesuvio de Nápoles. La espada utilizada por Viggo Mortensen en la película Alatriste. Un plato de cobre pintado con la lucha entre Menelao y Héctor. Un busto de Voltaire. Un retrato enmarcado de Joseph Conrad. Un casquillo de ametralladora de un avión, que además de ametrallar lanzó napalm. Un cenicero de cristal de la Compañía Trasmediterránea. Un Tintín de tamaño casi natural con Milú y un casco de periodista de la guerra de los Balcanes. Una lata de puritos Panther. La insignia de un oficial marroquí muerto en Mahbes. Una antigua máquina de escribir Underwood y una portátil Olivetti Lettera 32. Un clinómetro náutico de metal. Un pequeño armario con 132 plumas estilográficas. Un telégrafo de órdenes del puente de un barco mercante. Un caballo de tiovivo. Una virgen de Fátima comprada en un anticuario de Lisboa. Una polvera de Maderas de Oriente. Un botijo de barro. Dos maiale de plomo. Un autógrafo de Alejandro Dumas. Un mechón de cabello de mujer. Un tablero y un ajedrez con los que jugaron, sucesivamente, Karpov y Kasparov. Una caja de latón del hotel Danieli de Venecia. Una botella de vino Vranac. Una placa de mármol con la inscripción Civis romanus sum. Una taza del café Gijón. Una mascarilla mortuoria de Napoleón. Tres cuellos de ánfora romana sacados del mar hace sesenta años. Dos pequeños ídolos de barro nicaragüenses. El casco de un soldado serbio muerto en Vukovar. Un pisapapeles familiar del siglo XIX. Una vitrina con cuchillos árabes y africanos. Una moneda del banco de Etiopía. Una maqueta del Graf Spee, una cinta de gorra con el nombre de ese barco y un tornillo de su torre Bruno. Un chapiri del Tercio. Una pistola de duelo del siglo XVIII. El bastón estoque usado por Omero Antonutti en la película El maestro de esgrima. Un halcón maltés de porcelana negra. El submarino del profesor Tornasol. Una figura de Sherlock Holmes meditando en una butaca. Un sable de abordaje inglés de 1805. Una máscara de mosaico azteca. Un servilletero de plata con la inscripción A.P-R. 28-5-60. Un maniquí de tamaño natural con uniforme del 4º de Húsares. Una pequeña urna de madera de olivo con una piedra de Ítaca en su interior. Un brazalete de hospital con el nombre de una niña recién nacida…
____________
Publicado el 5 de junio de 2026 en XL Semanal.


A veces pienso que usted es conservador de izquierdas, valga la contradicción. En todo caso, todos vamos acumulando objetos que nos recuerdan quienes somos, quienes fuimos y a veces esos trastos parecen vaticinar hacia dónde iremos. Conservar el brazalete de una niña recién nacida es lo más tierno de todo, sin duda. A mí me ocurrió que cuando nací mi padre no estaba. Pero él guarda cosas mías y yo pocas cosas suyas.
LA MEJOR DESCRIPCION DE DON ARTURO.Realmente es un conservador de izquierda
Y tropecientas toallas de hotel de cada rincón del planeta.
No se preocupe, estimado P.-R., eso le ocurre incluso al más pintao. No le juzgamos, cada cual carga con su diógenes particular.
La pena es@ chic@ de la limpiez@;eso sí, trabajo no le va a faltar.
Ante este panorama desolador (emotivo-sentimental sí, pero desolador a fin de cuentas), tan de cueva de Alibabá o de cámara del tío Gilito, cabe solución, no se desesperen. Helas a continuación, mis dos propuestas al conflicto:
A) Montarse un museo (¿alguien dijo casa-museo?) donde apresurados y sudorosos turistas en gallumbos inmortalizasen su instante para colgarlo ipso facto en su estado de guásap, y a otra cosa, mariposa.
B) Anunciarse en un gualapop, donde las fotos cuidadas, las descripciones al detalle, los lotes coherentes, atraerán una multitud de mensajes interesándose por la mercancía, y aún más por una rebaja a la mitad del precio.
¿Cuál es su opción?
Gracias.
“El bastón estoque usado por Omero Antonutti en la película El maestro de esgrima”… ¡y yo dando el coñazo a Cornejo! y mira quién lo tiene. No olvide en la maleta el ex-libris de nuestra adorada Ava.
Y qué vida….
Me perdería en los relatos que acompañen a esos objetos.
De toda una vida
Hoy, a modo de inventario
Y sin que sirva de huida,
Cual hojas de un calendario
Va desgranando su vida.
Recuerdos que se acumulan
En la caterva de objetos,
Con huellas que disimulan
El transcurrir de los tiempos.
Sabed que Teatro Pobre
Ha cumplido medio siglo
Y aunque jamás tocó un sobre
Nunca le faltó su hatillo.
Picado por la curiosidad de sus siempre interesantes sugerencias, he puesto en el buscador “Teatro Pobre” y me ha salido una compañía de actores que no viven del teatro, radicada en Logroño, pero que no me atrevería a llamar aficionados. Aquí me ha tocado usted uno de mis agudos, porque admiro a esas asociaciones, más que compañias, de personas que siguen adelante con su pasión artística con una pureza que ya quisieran algunos que cobran por su trabajo. De niño me llevaban a ver las representaciones de una de ésas y, además de disfrutar como un enano, me maravillaba ver como el padre de uno de mis amigos se había transformado en el personaje de una historia. Voy mucho a Logroño, tal vez nos veamos allí un día de estos.
La buena gente siempre es bienvenida en La Rioja.
Teatro Pobre nació en La Laboral de Lardero y allí gozó de sus primeras vivencias escénicas don Javier Cámara, adaptó sus primeros textos don Bernardo Sánchez y una pléyade de desconocidos disfrutaron plenamente del teatro bajo la dirección de don Fernando Gil Torner, mi profesor de Historia.
Saludos amigo.
Lo que hace aún más valioso ese tesoro es que también lo es para muchas otras personas. El alma racional puede evocar y trascender, que no transformar, el tiempo y el espacio. Esa es nuestra cultura y además es la pura verdad.
Mataría por la carta manuscrita de Patrick O’Brian!!
Y los “maiales”!! Aun recuerdo un artículo que escribió usted explicando el lio que le montaron porvlos “maiales” en una aduana o aeropuerto!
Y miles de historias, supongo, por cada uno de esos objetos.
Seguro que te dejas un montón de objetos, como las insígnias como Cónsul de Syldavia en Cartagenie, pero como Cónsul de Syldavia en Barcelona me siento honorado con las varias pinceladas tintinescas que has insertado en tu escrito.
Felicidades por la ilusión que provocan estos recuerdos y muchas gracias por compartirlos.
De Cónsul a Cónsul: una estela de Cónsul de Syldavia en Cartagena y el periódico francés “Liberation” del dia de la muerte de Hergé.
Un fuerte abrazo y enhorabuena por todos esos magníficos tesoros.
El bastón estoque se lleva la palma de ese gabinete de curiosidades que se ha pertrechado usted en ese castillo que ès su biblioteca, bravo señor Reverte.
Qué colección tan valiosa! Me gustaría oír la historia de cada una de ellas, o leerla. Gracias Sr. Reverte.
Y dice mi mujer que tengo demasiados trastos en casa.
La semana que viene publicará la lista de la compra, y también se la aplaudiremos, al tiempo.
que envidia
Maestro, usted puede decir, Confieso que he vivido.
Nos abandona? Es la herencia dejada ycontada por el escribano de señor notario del km 0?
Soy testigo, he leído junto a muchos otros testigos antes que yo y seguro que muchos también después de mi.
.
Espero que no nos abandone aun y siga acumulando sourvenir para su segundo relato. Lo del mechón de pelo de una mujer me deja un poco raro por eso de uisss se ha movido esa taza del café Girón o estoy soñando?
Una magnífica colección para diferenciar valor y precio.
Entre el síndrome de Diógenes y la cleptomanía…
Yo no guardo nada. Ni fotos. Aunque eso sí, no he vivido ni viajado ni la milésima parte que el señor Reverte.
Me gustaría hacerle llegar a APR un breve cuento aparecido esta semana en la revista Bookish & Co., dedicado a él, con alusión a “Cazar las velas para navegar” ¿Cazar con zeta? Se titula: “Spoiler”, revelar expectativas…
Sí, las velas se “cazan”, no se las empareja con el mástil, por muy viril que éste parezca.
Tenía dudas con algunos artículos, pero “Un plato de cobre pintado con la lucha entre Menelao y Héctor” está definitivamente fuera de lugar, especialmente para alguien conocedor como don Arturo.
(Nunca se enfrentaron, salvo en ese bodrio de película de 2004).
La mayoría de esos objetos sólo tienen valor para su dueño, por la historia personal que los enlaza. Una vez pasado el tiempo, y desaparecido el valedor de los mismos, se desperdigarán y desaparecen en el olvido, unos objetos que tuvieron una historia y un sentimiento para alguien.
Algunos objetos familiares, de más de unas vidas, de un izquierdista conservador:
Un trozo auténtico de piedra de mediano tamaño del Reichstag de Berlín de 1945. Los planos originales, hechos a mano, de la red de comunicaciones de la División Azul en la batalla de Krasny Bor. Una postal británica enviada tras el bombardeo de Coventry en la segunda guerra mundial. Maquetas de los acorazados Bismark, Tirpitz, Schanhorst, Gneisenau, Graff Spee, Deutchland y Schleswig-Holstein. Una maqueta detallada del transbordador espacial de la Nasa, escala 1/72, junto con una postal autografiada por los primeros astronautas de la nave Atlantis. Un llavero de una pequeña cajita de música que mis padres me colgaban en mi cuna para dormirme en Caracas. Un reloj de chaleco y una capa con más de un siglo y medio de mi abuelo. Unas cartas de la única mujer con la que hubiera querido tener hijos. Una réplica del bajo de Paul McCartney. Un aparato de radio de válvulas alemán de 1950. Un misal de la primera comunión, en nácar, de varias generaciones de la familia. Una maquina de coser Singer de 1950 de mi madre. Un cepillo de carpintero de mi padre.
Me ha hecho gracia que también guardo algunos de los mismos objetos, los personales y los de Tamiya… Y por supuesto, las cartas. En quienes atesoran esas cosas hay algo común. Creo que todos fuimos niños soñadores, llevamos dentro al caballero andante, pero también al pícaro y al burlador. Nostalgia y lo que nos queda. Vamos apañados los sentimentales.
Sí, mala época para la lírica Jhon. Sufriremos nuestro sino o nuestro don con paciencia.
De Tamiya sólo hay una entre las nombradas. Otro día hablaremos de Yamatos, Fusos, Nagatos e Ises… que de esas…
Un fuerte abrazo modelista.
Los planos originales, a mano, de la División Azul en Krasny Bor son una auténtica joya.
Allí falleció el Teniente Coronel Santos Ascarza, logroñés, y el caído de la División Azul con mayor graduación.
En Logroño los miserables rencorosos le quitaron su calle para disgusto incluso de los familiares de José Francés, exalcalde republicano represaliado, que “heredó” la antigua calle Santos Ascarza.
En fin, historias de la historia, yo envidio su posesión, disfrutela amigo “izquierdista conservador”.
Por cierto, yo soy del Madrid de Titín y de “derechas”, como diría mi admirado Martínez Soria…
Un saludo.
Gracias por sus palabras estimado sr. Aguijón.
Recuerdo a un Ascarza de los libros de Fernando Vadillo (otro olvidado hasta para los amantes del boxeo), hoy desgraciadamente inencontrables. Es un apellido que no se olvida.
Saludos a los dos, y a los ausentes Ricarrob y Amanda.
John, ¡qué ilusión me ha hecho leer tus saludos a servidora! Un gesto que agradezco de verdad.
No he comentado en este artículo de don Arturo porque estos días he estado inmersa en un final de curso que, como cada año, se vuelve un remolino de exámenes, trabajos, evaluaciones, largos claustros…
Y ya ves tú, al final me he sorprendido recurriendo a una máxima muy manida por mis alumnos, la de «no me da la vida», y que emplean cuando no llegan a tiempo con las entregas o las presentan a medias, que siempre intento evitar. Por eso no he comentado, si bien me lo he leído con atención. Además, sentí que ya estaba todo dicho tanto por parte de don A., como por vuestra parte. Este inventario de objetos me ha dejado pensando en algo esencial que a veces se me escapa, y es que no hace falta tanto en esta vida, que las cosas importantes casi nunca son cosas, y que acumular vida es un gesto bastante distinto a acumular objetos, o eso creo. 🙂
Vayan, pues, mis saludos de vuelta, inmensamente agradecidos.
Tú lo has dicho estimada Vera, las cosas importantes de la vida no son cosas. Pueden ser sentimientos, experiencias y recuerdos. Y ahí es donde las cosas materiales encuentran su sentido como memoria vital. Igual que los aromas, la música y la literatura, aunque con menor intensidad. Son capaces de hacerte rememorar en un instante un acontecimiento, un sentimiento, una persona o un momento importante de tu existencia; y cuando las miras, las tocas, las hueles, te devuelven a esa experiencia. No tienen más valor, y la mayoría de las veces ese valor lo pierden cuando deja de existir, o pierde la facultad de recordar, esa persona que las posee en este breve y fugaz intervalo que es la vida. Las cosas, si quieres, llámalas archivos. Arqueología vital en mi opinión.
Un abrazo.
Buenos días, Ángel:
Ángel, ¡qué bonito esto que dices! Eso de que las cosas son archivos y que su valor se pierde cuando quien las posee deja de recordar me ha parecido de una sensibilidad extraordinaria. Arqueología vital, dices, pues sí, eso es. ¡Ah! Y gracias también por recordarme lo de los aromas, la música, la literatura, gran verdad esa de que a veces un olor o una canción nos devuelven a un instante con más fuerza que cualquier objeto. Hay una máxima de Stefan Zweig que no solo me encanta, sino que, además, viene muy a cuento: «el recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados».
Gracias por iluminarme la mañana de este caluroso miércoles de junio. Me ha hecho mucha ilusión tu respuesta.
Un abrazo enorme.
Ahí te dejo otras dos del maestro Zweig que he encontrado y también pueden venir al caso:
“El que no tiene patria posee el mundo, el que se ha desprendido de todo posee la vida entera y el que no tiene culpa goza de paz.”
“¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?”
¡Oh! gracias por compartirnos estas dos nuevas perlas de Zweig. La primera es impresionante. La segunda, es de una melancolía que me ha dejado traspuesta. «¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?» Esa, con tu permiso, me la guardo. ¡Es genial!
Me alegro de leerte por aquí otra vez y de que ya estés muy cerca del merecido descanso. Pasé por ahí hace unos años… Y puede que vuelva.
Tienes mucha razón: las cosas realmente importantes no se compran con dinero. Nunca creí que fuéramos expulsados del todo del Paraíso, aunque hay momentos en que podemos sentirlo así.
John, gracias por tus buenos deseos A mí también me alegra leerte por aquí.
Y respecto a que tú también has pasado por la docencia y que puede que vuelvas me ha dejado pensativa. No sé si es una intuición mía o una posibilidad real, pero si algún día decides volver a las aulas, qué afortunadísimos serán quienes se sienten a escucharte.
Eso pienso también yo Jhon. Y si das el paso avisa si admites oyentes…
Sois muy amables los dos, Amanda y Basurillas. Cambié de carrera profesional por la única razón por la que vosotros y yo lo haríamos. Ahora que he vuelto al punto de partida, estoy pensando en recorrer el camino trazado en un principio, aunque unos años más mayor. Tengo mucho que aprender y eso no ha dejado nunca de estimularme. En ese sentido, y en muchos otros, el niño que fui sigue vivito y coleando. Estoy seguro de que también es vuestro caso.
Amanda, si me permites la indiscreción, conociéndote un poco, lo tuyo debe de ser vocacional sin ninguna duda. Me pregunto cómo haces para sobrevivir en un oficio en el que implicarse a fondo te da buenos, pero también muy malos momentos.
John, comme d’habitude, me ha encantado leerte. Y sí, lo mío es totalmente vocacional. Vivo mi profesión de profe con pasión. Y es que con pasión las cosas salen mejor, o al menos salen con más sentido. Aprovechando ahora que «nadie» nos lee, te confieso que a mí se me pasó el arroz (y precisamente por haber estado tan inmersa en estudios y luego en la docencia), que no he tenido hijos, con lo cual trabajar con los jóvenes es un poco como si fueran mis propios hijos, y supongo que es por eso que me implico tanto.
Sí, tienes razón en que este oficio da momentos muy buenos y también muy malos. No creas, alguna vez, las menos, me he sentido tentada de pedir una baja, como tantos homólogos hacen, pero no, no podía ni puedo fallarles a mis alumnos.
Lo que peor llevo es la burocracia (y cada vez es más y más) y la apatía inicial de muchos alumnos. Pero, afortunadamente, esa apatía procuro que les desaparezca al mes del inicio de curso o incluso antes. Y entonces todo cambia. Porque la enseñanza, cuando conectas de verdad, es un espacio donde se puede construir futuro, donde como teacher también aprendes cada día, donde creas vínculos que van más allá del aula. Y no hay cosa más bonita que te vengan antiguas alumnas y alumnos a decirte que si en la vida son esto o aquello y se sienten útiles en la sociedad, lo son gracias a servidora.
Y luego también, en mi caso, está todo lo demás, que también suma. Por ejemplo, practico el ciclismo en ruta, que me desestresa un montón. La natación me despeja y me desentumece las cervicales y los músculos. Las largas caminatas por el espectacular pre-Pirineo y Pirineo oscense, con mi marido y mis dos perretes. Y viajar, siempre que puedo, porque cada viaje me abre la mente y me recuerda lo pequeños que somos y lo precioso que es el mundo. Además, leo mucho y escribo, pero esta última tarea te lo digo muy bajito, casi como confesándote un vicio secreto.
Ya sé que todo esto es mucho, pero todo es cuestión de organizarse el tiempo con eficacia. Si algo me importa, le busco un hueco y si no lo hay, lo invento y me reinvento, también.
Así que, estimado John, si decides volver a las aulas, no dudes que los niños que fuimos siguen ahí, vivitos y coleando. Y si al final te animas, estoy completamente segura de que tus futuros alumnos tendrán una suerte inmensa de tenerte de profe.
Me has respondido con un nivel de profundidad (y confianza) que me admira, aunque ya no me sorprende, porque te voy conociendo. Tus padres no pudieron elegir mejor tu nombre real. Mientras te leía, al ver que eres aragonesa, me sonreía al pensar que debí imaginarlo y venirme a la mente esa jotica que dice algo así como ‘un cuarto de franqueza, un cuarto de desinterés, una mitad de nobleza, eso es un aragones’. Yo estoy prácticamente en la casa de al lado, Ebro arriba
Lo mío, creo que también es vocacional, aunque mucho menos marcado que tú. Siento una inevitable simpatía por los alumnos y enseguida les tomó cariño… Como si fueran hijos, dices. Aunque hubieras tenido hijos, pongo la mano en el fuego que tu implicación sería la misma. Eso va con la capacidad del corazón. Quien tiene corazón con los demás, lo tiene para todos. Estoy seguro de que te pasa igual que a mí, los que más te duelen si no les ves avanzar en su vida y los que más te satisfacen si lo hacen, son ésos que más dificultades te crearon. A mí también me parece el mejor de los premios, que compensa todo, el verles salir de sus baches, o encontrártelos por la calle y que te hablen con la confianza de siempre, como si no hubieran pasado los años.
Comparto tu visión de esa apatía inicial. A mí me parece un lamentable despilfarro de vida ver jóvenes que parecen haber perdido la curiosidad y la iniciativa de la infancia. Yo procuraba estimular mucho esa parte, sacrificando muchas veces tiempo de los contenidos, porque creo que un joven sin interés, sin algún objetivo, sin motivación y curiosidad, es un joven en la UCI. ¿Te puedo preguntar cómo lo haces tú para vencer la apatía?
En el pasado ocupé un par de vacantes mientras intentaba sacar una plaza, pero me fui tras una chica y lo dejé. Ahora tengo la oportunidad de intentarlo de nuevo. Me planteo volver, aunque tengo claro que es salir, una vez más, de eso que llaman ‘zona de confort’.
Disfruta mucho de tus vacaciones y gracias por tu confianza.
John, me ha emocionado muchísimo tu respuesta, en serio. Y lo de la jotica me ha llegado al alma, no la conocía, y me la guardo desde ya. «Un cuarto de franqueza, un cuarto de desinterés, una mitad de nobleza». ¡Qué bonito, por favorrrrrr!
Y sí, soy aragonesa, de corazón y de sentimiento, aunque no de nacimiento. Nací en Barcelona, si bien mi padre es altoaragonés y mis abuelos también lo fueron. Llevo catorce años viviendo en Huesca, una ciudad que me fascina, y antes de eso estuve muchos años en Estados Unidos. Me crié y me eduqué en Boston y Cambridge (Massachusetts) desde los dieciséis años, mi alma mater es Harvard, y en esa ciudad y también en Nueva York fui profesora universitaria, allí daba español y literatura a los americanos, aquí doy inglés a los españoles. Pero un día decidí volver a mi añorada España y al poco tiempo conocí a mi marido en una representación de «Bodas de Sangre». Él ponía la música en vivo con su guitarra española y además tenía un papel. Yo estaba de espectadora; en un teatro empezó todo. Mi marido es oscense, guitarrista profesional, actor de teatro y economista (aunque ya no ejerce, la música le da y nos da para vivir). Es tan noble y tan buen chico que de él he aprendido y aprendo mucho.
Así que ya ves, John, vivir en Huesca tiene todo el sentido del mundo. Y tú, Ebro arriba, cerca de casa. Es chulo saberte tan cerca.
Respecto a lo de la apatía, me preguntas cómo la venzo. Pues mira, no tengo una fórmula mágica. Principalmente, me armo de mucha, pero que mucha paciencia e intento conocerlos, escucharlos, tratarlos como adultos aunque no lo sean. Intento darles sus momentos y protagonismo. También les hablo de la vida que hay fuera de las aulas, de lo que les espera, de lo que pueden llegar a ser si se lo proponen. A veces funciona y a veces no, si bien las más veces funciona y cuando funciona, es sencillamente maravilloso. Y como bien dices, los que más te duelen son los que más dificultades te crean. Y los que más te satisfacen cuando salen adelante. ¡Qué gran verdad! Eso es la docencia en estado puro. Un oficio que te rompe y te reconstruye a partes iguales.
Y tú, John, si decides volver, lo harás con la ventaja de ya haberlo vivido y sabes bien lo que importa. Te animo a que salgas de la zona de confort, no tengas miedo, pues muchas veces, ahí fuera, es donde mejor se está.
Que tengas un estupendo finde.
Qué casualidad, estuve en tu ciudad con mi familia hace poco. También tengo raíces aragonesas, ¡es mi mejor parte!
Me alegra mucho lo que me cuentas. Es curioso que las buenas personas suelen ser felices, haga sol o llueva. Sin conoceros, veo ahí una buena pareja. Tu marido, siendo aragonés, guitarrista y casado contigo, tiene que ser alguien muy especial.
Tienes toda la razón sobre que, donde mejor se está, es fuera de la zona de confort. Siempre me ha gustado complicarme la vida. ¡Los niños grandotes necesitamos aventuras!
Buen fin de semana.
John, gracias por tus palabras. ¡Qué guay que estuvieras en Huesca con tu familia hace poco y que también tengas raíces aragonesas! ¡Si es que la mejor parte tira! Por cierto, la próxima vez ya avisarás antes de venir, que te recuerdo que tenemos un café (o un té) pendiente, y una buena tertulia. Soy tremendamente afortunada por tener un marido tan noble y buena persona. Oye, qué bonito lo que dijiste de que las buenas personas suelen ser felices haga sol o llueva.
Disfruta del fin de semana, tú también, niño grandote. 😀
Un abrazo.
Jajaja! Pues sí, hicimos parada, pero con prisa, porque veníamos de pasar el día en otro sitio. Hicimos un alto en la ermita de San Jorge de Alcoraz, porque no conociamos el lugar. Luego nos metimos en el casco antiguo y nos quedamos en las puertas de la catedral, porque se nos hacía tarde y quedaba un rato hasta el reino hermano, donde vivimos. Pues mira, ya tenemos otra razón más para volver.
Otro para ti!
Bueno. Hasta hoy he estado fervorosamente callado. Es maravilloso haber podido asistir, en linea, a lo que en lenguaje casablanquero se podría denominar “el nacimiento de una hermosa amistad”.
Ahora que sabéis que “alguien” ha escuchado vuestra conversación, y que probablente ya “nadie” más los escuche, osaré hacer un par de comentarios:
-A Vera. He de decirte que lo mejor de las paellas, para bastante gente, es el arroz pasado. El “agarrao” casi a punto de quemarse es la sustancia predilecta para disfrutar del sabor del arroz ya sin aditamentos. Una ambrosía vamos, parecida a la llamada “ropa vieja” del cocido madrileño al día siguiente.
Luego esa expresión utilizada parece decir una cosa…pero puede decir muchas otras, y no precisamente de pérdida o de infelicidad, como la interpretaría la mayoría de la gente. Mejor de mayor conocimiento personal y de la pareja y de verdadero disfrute del tiempo en compañía sin otras ataduras que, bastantes veces, son como un paréntesis en lo anterior. Y más con una guitarra pariendo acordes fantásticos en la cercanía . Es una opinión mía muy discutible, claro.
-A John, y por sintonía, he de expresarte que eso de dejar todo o casi todo por una chica, por amor, como un trabajo u opción al mismo es algo maravilloso, de una locura inquietante y valiente que dice mucho de ti. Lo se por experiencia. Yo también lo hice pero al contrario. Mi primera esposa, Q.E.P.D., se empeñó en que, con mi experiencia y titulación, dejase trabajos eventuales, hasta ese momento, en la ciudad donde vivía ella, a la que me trasladé, y preparase una oposición. La saqué casi al año. Luego vinieron otras oposiciones también aprobadas y de mayor enjundia…pero eso son ya otras historias.
Un abrazo para ambos, queridos amigos virtuales.
Hola Ángel. Siento mucho que no esté tu mujer contigo.
Eres muy amable. Cómo dices, fue una locura. Es un problema haber leído y haber visto cine desde pequeño. Crees que el mundo es diferente de cómo es, y cuando te das cuenta, lo único que te queda es ser fiel a ti mismo. Eso trae muchos problemas. Las he pasado putas por creer en cosas que no están de moda y, en efecto, he cometido muchas locuras. De lo único que me arrepiento es de no haber cometido más!
Un saludo.
Hermoso, Whitman y Borges presentes.
Este artículo me parece una carta de amor camuflada a la dueña del cabello que todavía conserva, mantiene y rescata entre tantos tesoros.
Está usted haciendo inventario?
Objetos, objetos y más objetos que acumulamos durante la vida. Amarres en los que la memoria atraca de vez en cuando para revivir otras épocas, lugares y personas. Nunca hemos querido que el tiempo pase y cuantos más años tenemos, menos queremos. Queda tanto por leer.
Salvo uno o dos (hablo por mí) ninguno tiene el más mínimo valor económico, así que a aquellos que les toque recoger cuando ya no esté sólo los verán como un incordio: “A ver cuándo vamos a casa de Papá a hacer limpieza”.
Usted es una persona reconocida, así que a lo mejor con todas sus cosas le hacen una casa museo, o algo así; aunque no crea, ya sabe cómo tratamos a los escritores en España. Tal vez si hubiera sido futbolista…