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Pablo Álvarez: «He sanado muchas cosas con esta novela»

Pablo Álvarez: «He sanado muchas cosas con esta novela»

La novela que nos convoca es la historia de un primer amor, es también una historia de redención y segundas oportunidades. La novela que nos reúne con Pablo Álvarez es una historia que se desarrolla en un tiempo en que España aún se sacude de naftalina. Una obra en la que la electrizante Roma y el mundo del arte jalonan los pasos de los protagonistas.

La necesidad de amar (Planeta) ganó la última edición del Premio Azorín. Su autor es agente editorial, trabajó como editor y ha publicado varias obras teatrales. Comprometido con la literatura, ha dado ahora un paso más enfrentándose al teclado. La escritura de esta novela le ha servido para purgar fantasmas.

La novela nos sitúa en un momento de efervescencia cultural. A finales de los 80 Europa caminaba a pasos agigantados hacia la modernidad. Un grupo de jóvenes, becados por la Academia de Roma, se entregan a la ciudad, a sus espejismos, sus fiestas, sus personajes históricos y sus leyendas con la intención de dar sus primeros pasos en la literatura. Entre ellos, Martí, quien pese a la firme oposición de su padre, encontrará en la capital romana el amor, descubrirá entre las ruinas de sus edificios a Beatrice Cenci, un personaje histórico que le cambiará la vida y forjará amistades que atravesarán las tempestades que el destino le ha reservado.

Hablamos con Álvarez del sector editorial, de escritura y de su proceso creativo. Zenda se reúne con el autor para desentrañar qué se esconde en esta primera novela, en la que el arte, la bohemia y la historia sostienen una historia de amor poco convencional.

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—¿Podríamos decir que le debe esta novela a su tía (o a la tía Clara de la novela)?

—Totalmente. ¡Qué bien visto! Tengo una tía que fue la que, cuando tenía 11 años y había escrito una redacción sobre mi abuelo, tras leerla, decidió que yo tenía que ser artista o, al menos, me dio alas para ello. Ahora está recorriendo en Barcelona la FNAC, la Casa del Libro… para hacer fotos a la novela. Está emocionadísima.

—Dicen que los padres depositan en los hijos los sueños que no pudieron acometer. ¿Ha depositado usted sus sueños en el protagonista?

"No es una historia que yo haya vivido, pero sí que tiene mi manera de entender el mundo, la vida, el amor, el deseo…"

—El protagonista tiene mucho de mí. No es una historia que yo haya vivido, pero sí que tiene mi manera de entender el mundo, la vida, el amor, el deseo… todos mis miedos e inseguridades. Todo se lo he puesto a este personaje. Siempre he diferenciado, como editor, las novelas que se te quedan dentro de las que no. Quería escribir una novela de las que se te quedan dentro, y que fuera una gran historia de amor distinta a lo que solemos entender como historia de amor.

—Dice en el libro que hay que equivocarse muchas veces para encontrarse a sí mismo. ¿Cuántas veces le dice usted esa frase a sus autores?

—Muchísimas veces. También te tengo que decir que he llegado hasta aquí gracias a ellos. Me han enseñado mucho a lo largo de todos estos años sobre este oficio.

—¿Quién fue Beatrice?

—Fue una aristócrata del Renacimiento italiano, musa de los escritores románticos y símbolo trágico y feminista de la ciudad por méritos propios. Su padre abusaba de ella y ella lo mató. El papa del momento la mandó ajusticiar. Descubrí esta historia yendo a visitar a Eugenia Rico, la autora, a la Academia. Hablamos allí con los becados y becadas, con esas ganas que tienen de cambiar el mundo, con el arte, las ilusiones… En la Iglesia, visitando la Academia, vi que estaba Beatrice Cenci en el altar mayor. Pregunté quién era y pensé que uno de esos becados podía estar escribiendo la historia de esta enigmática mujer y, de alguna forma, me atravesó toda la historia. Soy muy fan de las novelas de formación (leí muy jovencito a Carmen Laforet y Salinger) y me aventuré a escribir la mía a través de Martí.

—¿Por qué ha tardado tantos años en escribir esta novela?

"Pensaba que no iba a ser bien entendido que yo, que llevo desde los 18 años con los libros, escribiera uno"

—Por pudor, por miedo al qué dirán, por sentirme un intruso en el mundo editorial, el síndrome del impostor… Pensaba que no iba a ser bien entendido que yo, que llevo desde los 18 años con los libros, escribiera uno. Es algo que he querido hacer siempre. Después he madurado y me he preguntado: “¿Te vas a quedar con las ganas?”. Empecé a escribirla pensando en autopublicarme, para que nadie dijera nada de mí. Pero luego me ganó la novela, me fue gustando y me dije: “¿Por qué no la presento a editores?”. Decidí, con pseudónimo, presentarla a este premio. Y aquí estamos.

—También para usted, como para Martí, ¿escribir es redimirse?

—Sí, totalmente. He sanado muchas cosas con esta novela. Me ha ayudado a conocerme mejor. No pensaba que tuviera una personalidad tan reivindicativa dentro. Ha habido unos temas que me han sorprendido: el maltrato a la mujer, el SIDA, el poder amarse cada uno como quiera… Esto lo estoy viendo a través de vosotros, de vuestra mirada.

—Cuéntenos el porqué de esa estructura tan teatral que ha usado en la novela.

—Quería escribir una novela épica, quería escribir una gran historia de amor y, de alguna manera, una tragedia griega. Eso me llevó también a la idea de una gran ópera. Como la novela además trata el arte, la música, la literatura, la pintura… pensé que era bonito hacerlo así.

—¿Cómo ha sido recibir el Premio Azorín?

"Lo que quiero es devolveros a todos el apoyo que me estáis brindando y seguir con una carrera"

—Muy emocionante. No sé si has visto el vídeo de cuando lo recojo. Es que no puedo ni hablar. Estoy muy agradecido, llevo muchos años… Esto es un sueño que se  ha hecho realidad. Me ha costado mucho hacerlo por pudor. Soy así, lo siento así y finalmente me ganó la novela. Ahora lo que quiero es devolveros a todos el apoyo que me estáis brindando y seguir con una carrera.

—El haberlo recibido, ¿le impone a la hora de seguir escribiendo?

—Me impone mucho tanto el haberlo recibido como la novela que he escrito, ya que toca muchos temas. Me impone ahora hacer algo al nivel de esta.

—¿Cómo ha sido el proceso de documentarse para la novela (la ciudad, los personajes…)?

—Para la ciudad he viajado mucho a Roma, he estado en la Academia. Para los personajes, en ese primer viaje que hice conocí a algunos de ellos (aparecen con otros nombres). Me inspiran mucho las personas que tengo alrededor: tía Clara, hay una autora de mi agencia (Alice Kellen) que está camuflada en el personaje de Silvia, Irene Visedo me inspiró el personaje de Irene porque ella es así de dulce y de bonita. Me ha salvado muchas veces como amiga y, a la hora de salvar a Martí, pensé que sólo le podía salvar una chica como Irene. Tiro mucho de personas de mi entorno.

—¿Quiénes han sido sus referentes literarios a la hora de escribir este libro?

—Bernard Schlink, con El lector. También me gusta mucho el autor de La soledad de los números primos y la autora de Tan poca vida. He tenido estos tres libros muy cerca durante el proceso.

—Esta es una novela llena de ficciones: tiene la novela de Martí, la de César… ¿Por qué estos elementos? ¿Por qué incluirlos en la novela?

"Shelley"

—La novela de Martí porque no hay nada sobre Cenci. Si hay algo que ha traspasado los siglos es que cada 11 de septiembre se celebra su efeméride y en Roma se visten de la época renacentista y festejan con bailes. Pero cuando he buscado documentación hay muy poco. Y lo poco que hay se basa sobre todo en el juicio. Por ejemplo, Shelley hizo una obra de teatro, pero trata solo el juicio. No había nada, en cambio, de Beatrice, de sus sueños, de qué se truncó con todo eso. El motivo por el que quise hablar sobre Beatrice es que no hay nada. De lo poco que hay mucho es leyenda y todo muy contradictorio. Recogí todo y creé mi propia historia. Decidí que tuviera una hija, para que su energía continuara a través de Lucia.

—¿Tenía a alguna persona en mente cuando construyó los personajes de Viola (muy extrovertida) o de Thomas (más taciturno)?

—No. Viola y Thomas son un poco consecuencia de Martí. Quería construir una historia de amor que funcionase desde el amor y no desde el morbo. Me basé en mitos como el del efebo, el del maestro… Quería que la valentía de Viola y la sabiduría de Thomas llamaran la atención de Martí, y que ese momento vital de Martí, a punto de descubrir el mundo, también llamara la atención de ellos.

—Me gustaría comentar también esos cruces que hay entre César y Martí. ¿Se ha inspirado en alguna anécdota o rencilla del mundo literario real?

—(Risas) He visto de todo en estos años. Empecé hace muchos años en el sector con Terenci Moix y con Antonio Gala, hasta hoy día, que trabajo con autores muy jóvenes. Esas rivalidades, esos egos… quizá ahora existen menos. Ahora se apoyan más entre ellos, antes los egos eran más fuertes.

—¿Cómo ha conseguido crear esa tensión afectiva, sexual, tan creciente en el libro?

"La novela tiene mucho ensueño pero también mucha realidad en cómo está encajado todo"

—Al principio, en una primera versión, iba más rápido. Pero me parecía que se quedaba mucho en lo físico. Si cocía la historia a fuego lento conseguía dejar más espacio para el amor. Se entendía más y mejor la novela desde el amor. La novela tiene mucho ensueño, pero también mucha realidad en cómo está encajado todo, incluso su final.

—¿Siempre soñó con ser escritor?

—Siempre. Siempre. Siempre. He tenido la suerte de vivir entre escritores, pero incluso en los grupos editoriales esta cosa mía de escribir teatro y otras cosas no ha estado muchas veces bien vista. El sueño de escribir lo he tenido siempre.

—Todos los caminos que ha emprendido (teatro, edición…) ¿le han llevado a este título?

—Sí, porque a través de esas experiencias aprendes mucho. Aprendes de ti como creador, de cuáles son las cosas que te mueven, de qué quieres hablar…

—¿Qué imagen o qué poso quiere que se quede en los lectores después de leer el libro?

—Quiero que sea una novela de las que se quedan dentro.

—Si tuviera delante al Pablo de 15 años, ¿qué le diría?

—Joder. Me vas a emocionar. Le diría: “No cambies, persigue lo que quieres”.

—¿Qué libro o qué proyecto tiene ahora entre manos?

—Tengo varias ideas, pero estoy viendo cuál elijo. Quiero hablar con los editores, quiero ver “qué me decís de esta novela”. Soy visceral, acabaré haciendo lo que sienta en el estómago. Como he trabajado con tantos autores, creo que me puedo enfrentar a muchos tipos de texto y, a la vez, siento que el tema del amor, que en esta novela he tratado de manera tan brutal, no sé si voy a poder con otra historia de amor. Esas son mis dudas, mis miedos. Pero las ideas que tengo tienen que ver con universos que están en esta novela.

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