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Biografía de un gramo, de Nahuel Gallotta

Biografía de un gramo, de Nahuel Gallotta

El subtítulo de este libro explica a la perfección su contenido: De la selva peruana a tu nariz. Sí, esta es la crónica del viaje que hace la cocaína desde que un campesino decide —o es obligado a— plantarla hasta que un ciudadano europeo la alinea sobre la tapa de un váter.

En Zenda reproducimos las primeras páginas de Biografía de un gramo (Libros del K.O.), de Nahuel Gallotta.

***

—Amiga, ¿dónde hay amoniaco?

Thiago, madrileño, trece años, cumple con el mandado de su papá: ir al chino a comprar un amoniaco industrial Casa blanca. Como no lo encuentra en ninguna góndola, le grita la pregunta a la china de la caja.

—Atrás, atrás… —dice la mujer, y señala en diagonal hacia una de las esquinas.

—No lo veo, amiga —insiste Thiago segundos después de seguir la indicación.

La chica reniega mientras le cobra dos frapuchinos Starbucks a un gitano que paga con un billete de 50 euros. Desde la calle se escucha la música del auto que lo espera.

Al ratito, Thiago aparece en el mostrador, entrega una moneda de un euro, sale, cruza la calle e ingresa a San Cristóbal de los Ángeles, el complejo de bloques del sur de Madrid en el que viven 17 000 vecinos (la mitad son extranjeros) y que, según el INE, es el cuarto barrio más pobre de España. Ca mina con remera y botitas Jordan, una bermuda de jeans y el amoniaco en la mano, como si llevase una pelota. Es una tarde soleada de sábado post Halloween de 2025 y cuenta que anoche salió con su colombiana «casi algo» —también es su exnovia— a pedir dulces por las casas y chinos de Villaverde.

—Voy a ver si más tarde invito a un amigo a un dos pa dos —dice, haciendo zigzag hasta la torre en la que lo espera su papá.

En el trayecto se cruza con gitanos sentados en reposeras pasando el tiempo al aire libre, con adictos en busca de dinero para la próxima dosis, con pisos de dominicanos desde los que suena bachata y cuelga ropa, y amiguitos que juegan al fútbol en un espacio con un cartel que anuncia la prohibición de hacerlo. Los chicos le dicen que se quede a jugar. Pero Thiago explica que su papá le pidió un mandado y lo necesita en la casa.

El niño sube las escaleras, camina por los pasillos de pare des blancas con humedad, abre la puerta y la cierra con llave. Automáticamente, pone a cargar el celular que hace de cámara de seguridad, sujetado a la altura de la mirilla. El cable cuelga en diagonal hasta el enchufe diseñado exclusivamente para el imprevisto. De este lado, sobre un estante, y a la derecha de la puerta, se ve una biblia abierta. El primero en recibirlo en el pasillo es el perro callejero que la familia de Thiago adoptó gracias a un anuncio de La Suegra, la FM colombiana de la ciudad, a los pocos años de llegar a Madrid.

Juanito, su papá, espera sentado de piernas cruzadas en el sillón, de frente a un monitor que cumple tareas de televisor en el que pasan Security, película protagonizada por Antonio Banderas. Casi no la mira; está enfadado. Le habla al para guayo que la semana pasada alquiló una de las habitaciones de este piso, en el que vive el hijo mayor de Juanito, Pablo, de veinticuatro años. Juanito y Thiago viven en otra casa, con la mujer del primero, pero los dos pasan buena parte del día aquí. El paraguayo lo escucha desde el otro sillón:

—Yo no soy nadie para decirle algo; usted ya tiene una edad. ¿Vale? Pero cuando se toma, se toma bien. ¡Yo si tomo, tomo aquí sentado! Tranquilito, escuchando unas salsas.

—See… —responde el paraguayo, todavía con resaca. Se gana la vida instalando muebles. Lleva poco tiempo en la ciudad.

—Hermano, hubo gente en la casa hasta las once de la mañana. La casa es sagrada, es el reino de uno. No se puede hacer entrar a cualquiera porque vos no sabés qué vibra tiene la gente. Y aquí no es un culeadero, hermano. En esta casa no se admiten estas cosas. ¿Y de quién era la sangre que encontré en el piso?

—No sé. Yo me fui a dormir…

La única mesa del comedor es ratona. El diseño es una foto grafía en blanco y negro de un rascacielos que pareciera ser de una ciudad americana. Y, sobre ella, la protección: un vidrio, y sobre ese vidrio se apoyan un cenicero, un paquete de puritos, un encendedor, un cuchillo, una balanza digital —gramera— y un tupper cerrado con bolsitas ziploc de dos medidas, una tijera y un metro de alambre rojo plastificado.

Además de todo eso, casi a la altura de la pierna derecha de Juanito, hay otra pantalla que sí tiene su atención. Es raro que le pierda la vista. Es la del móvil que le muestra la imagen tomada por el móvil de la puerta. Hace tres años que Juanito convive con la preocupación de quién merodea los pasillos del piso. Ya se sabe todos los movimientos del día a día: quién lle ga y quién sale a cada hora, quién es vecino, quién es allegado de los vecinos. Está prófugo desde que le dieron un permiso de 72 horas para salir de la cárcel y decidió no reintegrarse.

Ahora a Juanito le suena otro móvil, el personal. Es un número desconocido. Thiago juega con un Game Boy viejo en la otra punta del sillón.

—Hazme otro medio —piden del otro lado de la línea.

Juanito se pone como loco al reconocer la voz. Comienza su monólogo.

—Escucha, escucha, escucha —señalando al aire con el dedo índice como si lo tuviese en frente—. Es que tengo que hablar contigo. A la mañana te fie quince euros y ahora no vas a salir con cuentos. ¿Te acordás? Porque la gente cuando está en eso no se acuerda lo que debe. Y tengo que hablar otra cosa contigo. Yo soy muy serio, y si usted es de verdad respetuoso, ¿por qué subió a mi casa así se lo haya dicho Pablo? Yo te había dicho que no quería que entraras a mi casa. Una persona respetuosa no sube si te pedí que no lo hicieras; entonces me estás faltando el respeto. Inclusive estuviste bregando con él. Y a mi casa no vas a subir a bregar con nadie de mi familia. Tengo tres cámaras; salís vos discutiendo con mi hijo. No admito eso. Es para que tú entiendas: te llego a ver otra vez aquí dentro y vas a tener un problema bien hijueputa conmigo. Te arruino. ¿Me entendiste?

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Autor: Nahuel Gallotta. Título: Biografía de un gramo: De la selva peruana a tu nariz. Editorial: Libros del K.O. Venta: Todostuslibros.

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