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Lo que nunca conté (shhhhhh), de Anna R. Alós

Lo que nunca conté (shhhhhh), de Anna R. Alós

Este libro es una crónica de crónicas: una radiografía social de Barcelona escrita por las periodistas más callejeras de la capital catalana. Narrada con mordacidad, ingenio y agilidad, recorre más de tres décadas, desde 1992 hasta 2026.

En Zenda ofrecemos un capítulo de Lo que nunca conté (shhhhhh), de Anna R. Alós.

***

EMPIEZA LA FIESTA

Día H y casi la hora D: las 19:00, y me he colgado de la higuera leyendo la biografía de Fouché, de Stefan Zweig. ¡Hipócrita el tipo! Algunos lo llaman el rey de la diplomacia, pero no: a chaquetero no lo gana nadie. Fouché, no Zweig, que es un crack literario.

Pipí rápido, colorete veloz sobre la hidratante de color ya puesta desde hace horas, máscara negra (socorro, la mitad de las veces se corre por las prisas), algo de color en los labios que siempre da el pego… y me subo a los tacones. De ahí, a la moto.

Voy de negro, uniforme; no me da tiempo a cambiarme, eso es para las damas que aparecen en mi página.

La Scoopy 50 es mi mejor aliada: sin ella no hay festival, porque no llego a tiempo a ningún lado. ¿O acaso se puede vivir en Barcelona con prisas laborales y sin moto? Miro a Paca, mi perra bodeguera, que levanta la cabeza en cuanto oye el tintineo de las llaves.

—Lo siento, amiga. Te dejo el patio abierto por si no puedes aguan tar; en un par de horas estoy de vuelta.

¿Quién dice que los perros no entienden? Vuelve a recostar la cabeza y suelta un bufido de resignación.

Ya en la moto sigo pensando en Fouché, el hipócrita francés, hijo de marinero; si convenía, girondino; si convenía, jacobino; si hacía falta, monárquico… Fue seminarista y ministro de la Policía: un mundo entre ambos puestos. Un perla, vaya.

La batalla me espera. La mía. Fouché y la Revolución Francesa tendrán que esperar.

Llego al evento y busco a mi fotógrafo.

Para empezar, nos quedamos en la puerta. Ahí comienza la crónica y ahí se obtiene más información, incluso la que no se quiere dar. Si hay un famoso, sus gestos incontrolados están ahí mientras camina hacia la entrada.

Los fotógrafos saben que busco la imagen de la llegada: cuando el famoso contratado para dar lustre (o sea, para aparecer en las noticias) baja del coche de cristales ahumados, cuando se quita los mocos en la esquina, cuando envía un mensaje por teléfono.

No, el photocall no es lo mío. Ahí todo es control, y eso a mí no me interesa. Por eso nos quedamos en la puerta: inicio de la fiesta, punto cero. Entraba después y lo que obtenía era propina…

Aunque siempre intentaba que hubiera una imagen oficial, más que nada porque ahí, impreso sobre la falsa pared que duraba solo unas horas, aparecía el nombre del que paga la fiesta.

La hidratante de color que usaba antes era Natura Bissé. Me la envió la marca por algo que debí escribir y se agradece: dura horas como recién puesta y cuesta cerca de doscientos euros, impensable con un sueldo de periodista. Soy de las que no se queja. Y si lo fuera, recurriría a aquel consejo de mi padre que me ha funcionado de perlas:

—Puedes ser eficaz o no en tu trabajo, puntual o no, rápida o lenta, podrás ir rectificando, pero lo que nunca te perdonarán es que seas conflictiva. Si lo eres, te sustituirán antes o después.

Sí que es cierto que a veces hay que plantarse, sobre todo frente al abuso. Eso no hay que consentirlo. Pero hasta hoy a nadie se le ha pasado por la cabeza abusar de mí en ningún sentido.

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Autora: Anna R. Alós. Título: Lo que nunca conté (shhhhhh). Editorial: Amazon. Venta: Amazon.

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