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Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo

Este libro es un vívido relato en primera persona, de prosa ágil y sostenido por una poderosa voz narrativa, de la expedición colonial de Hernán Cortés en 1519 en el México actual. Editada y traducida al español actual por Lorenzo Martín de Burgo.

En Zenda reproducimos el arranque del primer capítulo de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (Libros del Asteroide).

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CAPÍTULO I

COMIENZA LA NARRACIÓN DE LA HISTORIA

Yo, Bernal Díaz del Castillo, vecino y regidor de la muy noble ciudad de Santiago de Guatemala, y autor de esta muy verdadera e ilustre historia, fui uno de los primeros descubridores y conquistadores de la Nueva España y sus provincias, y del cabo de Honduras e Higüeras. Soy natural de la muy noble e insigne villa de Medina del Campo, hijo de Francisco Díaz del Castillo, que fue regidor de ella y al que por otro nombre llamaban el Galán, y de María Díez Rejón, su legítima mujer, que hayan santa gloria, igual que todos los verdaderos conquistadores, mis compañeros, que hemos servido a Su Majestad en descubrir, conquistar, pacificar y fundar la mayoría de las provincias de la Nueva España, que es una de las buenas partes descubiertas del Nuevo Mundo, la cual descubrimos por nuestra cuenta, sin ser sabedor de ello Su Majestad.

Hablo aquí en respuesta a lo que han dicho y escrito personas que no llegaron a saber ni vieron ni tuvieron noticia verdadera de lo que contaron sobre esta historia, salvo para hablar a su gusto con el fin de ensombrecer, si es que pudiesen, nuestros muchos y notables servicios, porque no han logrado fama de ellos ni han sido tenidos en tanta estima como piensan ser dignos de merecer. Porque, como la malicia humana es de tal naturaleza, no querrían los malos retratadores que fuésemos antepuestos y recompensados como Su Majestad lo ha mandado a sus virreyes, presidentes y gobernadores.

Dejando estas razones aparte, escribo para que cosas tan heroicas como más adelante diré no se olviden ni las borren, para que claramente se conozcan como verdaderas, y para que se reprueben y se consideren de ningún valor los libros que sobre este asunto se han escrito, porque son muy defectuosos y ajenos a la verdad, y para que haya fama imborrable de nuestras conquistas.

Es justo que la historia de nuestras heroicas hazañas se ponga entre las más ilustres que han sucedido en el mundo, pues pusimos en peligro y aventuramos nuestras vidas a tan extremos riesgos de muerte, heridas e innumerables miserias, así por mar, descubriendo tierras de las que jamás se había tenido noticia, como de día y de noche, batallando con multitud de belicosos guerreros. Y estando tan lejos de Castilla; sin tener socorro ni ayuda ninguna, salvo la gran misericordia de Dios Nuestro Señor, que es el socorro ver dadero, que quiso que ganásemos la Nueva España y la muy famosa y gran ciudad de Tenuztitlán-México, que así se llama, y otras muchas ciudades y provincias, que, por ser tantas, aquí no declaro sus nombres. Y después de que las tuvimos pacificadas y pobladas de españoles, como muy buenos y leales vasallos servidores de Su Majestad, obligados a nuestro rey y señor natural, con mucha obediencia se las enviamos a dar y entregar con nuestros embajadores a Castilla, y desde allí a Flandes, donde la corte de Su Majestad es taba en aquel momento. Y tantos bienes, como adelante diré, han redundado de ello, así como la conversión de tantos millones de almas que se han salvado y que cada día se salvan, que antes iban perdidas al infierno. Y además de esta santa obra, presten atención a las grandes riquezas que de estos lugares enviamos como presen tes a Su Majestad y han ido y van cotidianamente, así como los impuestos del quinto real y lo que llevan muchas otras personas de todas clases.

Contaré la historia de quién fue el primero descubridor de la provincia de Yucatán y de cómo fuimos descubriendo la Nueva España y quiénes fuimos los capitanes y soldados que la conquistamos y poblamos, y otras muchas cosas que nos pasaron en las tales con quistas, que son dignas de saberse y no quedar en el olvido. Lo cual diré lo más brevemente que pueda y, sobre todo, con muy cierta verdad, como testigo de vista. Pues si hubiese de decir y traer a la memoria parte por parte todos los heroicos hechos que en las con quistas hicimos cada uno de los valerosos capitanes y fuertes sol dados que desde el principio nos hallamos en ellas, sería menester hacer un gran libro para declararlo como conviene y un cronista muy afamado que tuviera una elocuencia y retórica en el decir más claras que estas palabras mías tan mal proferidas, para poder publicar todo tan excelentemente como merece, según adelante verán en lo que está escrito. Pero en lo que yo me hallé y vi, entendí y recuerdo, yo lo escribiré con la ayuda de Dios con recta verdad, aunque no vaya con aquel adorno tan elevado y con el estilo deli cado que se requiere, acercándome al parecer de los sabios varones, que dicen que la buena retórica y pulidez en lo que uno escribe implica decir la verdad, y no sublimar y decir halagos a unos capitanes y denigrar a otros, en especial en una historia como esta, que siempre habrá recuerdo de ella.

Y como yo no conozco el latín ni sé del arte de navegar ni de longitudes y latitudes, no trataré de estas cosas, porque, como digo, no las sé, salvo de las guerras y batallas y pacificaciones, ya que me hallé en ellas. Porque yo soy de los que vinieron primero desde la isla de Cuba, en compañía de un capitán que se llamaba Fran cisco Hernández de Córdoba. Trajimos de aquel viaje ciento diez soldados, descubrimos Yucatán y en la primera tierra en la que saltamos, que se llama punta de Cotoche, y en un pueblo de más adelante, que se llama Champotón, nos mataron a más de la mitad de nuestros compañeros, y el capitán salió con diez flechazos, y todos los demás soldados con dos o tres heridas. Viéndonos de aquel modo, hubimos de volver con mucho trabajo a la isla de Cuba, de donde habíamos salido con la armada. El capitán murió al llegar a tierra, de manera que de los ciento diez soldados que veníamos mu rieron cincuenta y siete. Después de estas guerras, volví por segunda vez desde la misma isla de Cuba con otro capitán que se llamaba Juan de Grijalva, y tuvimos otros grandes combates con los mismos indios del pueblo de Champotón, y en estas segundas batallas nos mataron a muchos soldados. Y desde aquel pueblo fuimos descubriendo por la costa hacia adelante, hasta llegar a la Nueva España, y pasamos hasta la provincia de Pánuco, y otra vez hubimos de volver a la isla de Cuba muy destrozados y agotados por las penalidades, con hambre y sed, y por otras causas que adelante diré en el capítulo que trate de ello.

[…]

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Autor: Bernal Díaz del Castillo. Título: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros.

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