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No, Marcel Duchamp; no

No, Marcel Duchamp; no

Anoto una pregunta y su respuesta de la conversación que mantiene Pierre Cabanne con Marcel Duchamp publicada por This Side Up con traducción de María Teresa Gallego Urrutia (las cursivas son mías):

Cabanne: Dijo usted también que el artista no tiene conciencia del significado real de su obra y que el espectador debe participar siempre en una creación suplementaria al interpretar esa obra.

Duchamp: Exactamente. Porque considero, en efecto, que si un señor, un genio cualquiera, viviera en el centro de África e hiciera a diario unos cuadros fantásticos sin que los viera nadie, ese señor no existiría (corrijo: no lo conoceríamos; existir, por supuesto que existiría. Comparto lo que quiere decir, no lo que dice. Igual cuando decimos: «Como no puede ser de otra manera». Claro que puede ser de otra manera, nada hay que no pueda ser de otra manera; quisimos decir que «no debe ser de otra manera». Otro asunto es que en una lectura entendamos bien algo distinto de lo que literalmente se nos dice). Dicho de otro modo, el artista solo existe si lo conocen (no, rotundamente NO). Por lo tanto, puede concebirse que existan cien mil genios que se suiciden, que se maten, que desaparezcan porque no supieron hacer lo necesario para darse a conocer, para imponerse y alcanzar la fama (no supieron, no quisieron intentarlo, o no les interesó).

Tengo mucha fe en la faceta de «médium» del artista. El artista hace algo un día y llega al reconocimiento mediante la intervención del público, la intervención del espectador; y sí es como llega más adelante a la posteridad (de acuerdo: sin espectador no hay posteridad). Eso no es posible suprimirlo porque, en fin de cuentas, es un producto con dos polos; está el polo del que hace una obra y el polo del que la mira. Yo le doy a quien la mira tanta importancia como a quien la hace (yo no. Sus esfuerzos no son comparables, no es comparable crear con disfrutar. Reconozco que espectador no es sinónimo de pasivo; pero lo dicho: no es comparable).

Por supuesto que no hay ningún artista que acepte esta interpretación (totalmente de acuerdo). Pero, en última instancia, ¿qué es un artista? Es tanto un fabricante de muebles como Boulle cuanto el señor que tiene un «Boulle» (¡ni de coña!). El Boulle también consiste en la admiración que despierta (del lado del que lo mira, no del diseñador o el ebanista).

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Las cucharas de madera africanas no eran nada cuando las hicieron, solo eran funcionales; más adelante, se convirtieron en cosas hermosas, en «obras de arte». ¿A usted no le parece que el papel del espectador es importante? (lector, por favor, llena este paréntesis. ¿Es nuestra mirada la que convierte un objeto en obra de arte? ¿La necesita? Según la segunda acepción de arte de la RAE, sí, pues dice: «actividad consistente en crear obras que, mediante recursos principalmente plásticos, visuales, sonoros o literarios, produzcan estimulación estética o intelectual». Sin estimulación no hay arte. ¿Estás de acuerdo?)

André Breton dijo que Marcel Duchamp era la persona más inteligente que había conocido. Inteligente también, en realidad inteligentísimo según muchos (yo incluido), fue el dramaturgo Tennessee Williams, quien, por desgracia, murió al atragantarse con un tapón de plástico.

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