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22 de agosto de 1936: El incendio de la cárcel Modelo

22 de agosto de 1936: El incendio de la cárcel Modelo

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Sábado, 22 de agosto de 1936: El incendio de la cárcel Modelo

¿Qué se sabe de la Modelo? —preguntó el dirigente comunista José Díaz.

—Ahora mismo está ardiendo —contestó la Pasionaria—. Se rumorea que lo han provocado elementos de la CNT como excusa para entrar en la cárcel y acabar con los fascistas. Se teme que los presos aprovechen para abrirse paso al exterior. Los milicianos quieren aprovechar la llegada de los bomberos para asaltar la cárcel. Hay muchos con fusiles parando automóviles, autobuses, hasta tranvías, y se dirigen todos a Moncloa.

Eran la seis de la tarde. Los dirigentes comunistas se habían reunido urgentemente en su sede, donde en su tiempo estuvo el Consejo Nacional de la CEDA de Gil Robles, en pleno Serrano. El edificio seguía igual. Alguna silla en el rellano de la escalera de mármol, donde montaba guardia un miliciano, aún tenía la funda puesta. Sentado a la mesa de despacho de Gil-Robles se encontraba José Díaz, con su rostro largo y moreno pensativo. Tenía aspecto enfermizo y parecía mayor de lo que era. Allí trabajaba incesantemente y se asomaba a los balcones cada vez que se acercaba una columna a saludar antes de partir al frente.

"José Díaz cavilaba. Había que ponerse en contacto con socialistas, anarquistas y republicanos para tranquilizar a la gente. «Les prometeremos que un tribunal extraordinario se ocupará de inmediato de los responsables del motín fascista»"

Hoy lo acompañaban Pasionaria y Vicente Uribe. Los tres querían pasar revista a la situación. Cada vez era más frecuente que las reuniones duraran hasta bien entrada la noche, cuando pasaban por turnos al salón de juntas de Gil-Robles, donde en unas camas de campaña echaban cada cual un sueñecito de un par de horas.

Uribe, el director de Mundo Obrero, era un vasco de escasa estatura, muy leído y lacónico. El paisanaje y haber dirigido a Dolores en el periódico hacían que, con muy poco, se comprendieran. Uribe se encargaba de mantener el enlace con el Ministerio de la Guerra, y últimamente tenía bastantes roces con José Díaz. Pero la Pasionaria lograba quitar hierro a las diferencias, suavizando las tiranteces entre ambos hombres.

A los tres se les sentía tensos, extenuados. Si durante las reuniones era habitual que Dolores se dejara caer sobre una silla junto a la puerta, hoy permanecían ella y Uribe de pie. Solo José Díaz seguía sentado. Díaz, que hablaba poco para ser andaluz, solía dejar el peso de las intervenciones largas a Dolores. Pero cuando hablaba, todos prestaban atención e intervenía taxativamente, zanjando cualquier asunto. Pese a su cortesía, bastaba un reproche suyo, por suave que fuera, para que los demás se encogieran. Era una personalidad atípica entre los políticos españoles, dados al griterío, y ahora escuchaba a la Pasionaria clamar contra la provocación, mientras reflexionaba.

—Resulta claro que ha habido una quema colectiva e intencionada de colchonetas —dijo—. Pero ¿quiénes lo han iniciado y qué buscan con ello?

—En mi opinión —intervino Uribe—, si son los fascistas, lo que pretenden es crear alarma, provocar choques en las calles y mostrar en el extranjero que el Gobierno no es dueño de la capital. Y si son los anarquistas, liquidar prisioneros, lo que tampoco nos conviene. De momento, al menos.

—Quienes llegan de Moncloa dicen que hay humo saliendo por las ventanas y mucho airado queriendo asaltar la cárcel y ejecutar a los fascistas. Los funcionarios de prisiones no dominan la situación. Hay que hacer algo, y pronto —insistió Pasionaria.

Fuera seguía llegando gente que esperaba su consigna. José Díaz cavilaba. Por fin, con voz tranquila, dijo que había que ponerse en contacto con socialistas, anarquistas, republicanos, y enviar representantes de cada partido a tranquilizar a la gente. «Les prometeremos que un tribunal extraordinario se ocupará de inmediato de los responsables del motín fascista». Se puso en pie y los tres salieron para notificar a los militantes la línea de acción consensuada.

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Aguijón
Aguijón
6 horas hace

Si no son los fascistas siempre habrá un anarquista a quien echarle la culpa…
Luego veremos cómo actúan ellos y cómo Melchor Rodríguez…
Por cierto, en la plaza de Zocodover en Toledo, muy cercana la Alcázar, cayó una bomba… nadie piensa que fue por error al tratar de bombardear el Alcázar desde el aire… no, qué va, era un avión faccioso que ayudaba a los fascistas sitiados y bombardeó a quienes defendiendo a la república y a la democracia luchaban por acabar con la resistencia…
Así que asaltamos la cárcel y matamos unos cuantos fascistas encerrados…
Seguro que la mentira también fue culpa de un anarquista…
Y ya si eso hablamos del Potez derribado en Pastrana…
Los comunistas siempre dicen SU VERDAD
LA MENTIRA ES UN ARMA REVOLUCIONARIA
No hace falta estar dentro de esas reuniones para saber sus intenciones y de dónde recibían ordenes.